Economía

Lecciones del PIB contra el efecto Podemos: las rentas salariales por fin crecen más que las empresariales

Ni el crecimiento español es sólo consumo, ni los empresarios se están enriqueciendo a costa de los trabajadores. Si se estudia al detalle las cifras del PIB, éstas arrojan dos conclusiones que arremeten contra algunas ideas ahora generalizadas: la primera, que las exportaciones siguen siendo uno de los motores de la economía española. Y la segunda, que tras seis años de crisis las rentas del trabajo por fin crecen más que las rentas empresariales.

Vista desde Montjuic del Puerto de Barcelona.
Vista desde Montjuic del Puerto de Barcelona. Foto Davidpc / CC Flickr

Ni el crecimiento español es sólo consumo, ni los empresarios se están enriqueciendo a costa de los trabajadores. Si de verdad se estudia al detalle las cifras del PIB, éstas arrojan dos conclusiones que arremeten contra algunas ideas ahora generalizadas: la primera, que las exportaciones siguen siendo uno de los motores de la economía española. Y la segunda, que tras seis años de crisis por fin las rentas del trabajo crecen más que las rentas empresariales.

En primer lugar y pese a lo que se repite una y otra vez, las exportaciones están tirando de la economía española tanto como el consumo de los hogares y bastante más que las inversiones. Sin embargo, demasiado a menudo se pone el énfasis en el capítulo del consumo, un argumento que en ocasiones también sirve para restar importancia a la competitividad. Ahora bien, ¿cuál ha sido el aporte de cada una de estas rúbricas al crecimiento de 2014? Pues si hacen los números teniendo en cuenta su peso en el PIB, las inversiones han contribuido al crecimiento en 0,6 puntos. El consumo de los hogares ha aportado 1,3 puntos. ¿Y las exportaciones? Pues 1,3 puntos, exactamente lo mismo que el consumo de las familias según los datos extraídos de la base del INE. Incluso si las ventas al exterior se han estancado en el último trimestre de 2014, éstas deberían retornar a tasas muy robustas impulsadas por la recuperación europea, máxime cuando este año podría ser el primero de los últimos ocho en el que las 28 economías de la UE crecen todas a la par. Las bajas cotizaciones del petróleo, los estímulos del BCE y la depreciación del euro pueden dar un vigoroso empujón a la actividad en el continente y, en consecuencia, a las exportaciones españolas.

Las exportaciones versus el consumo

El comportamiento de las exportaciones rivaliza con el brío de un consumo que se dispara incluso por encima de lo que progresan las rentas. Desde que los depósitos se dejaron de remunerar y desapareció el miedo a perder el trabajo, muchos españoles tiraron del ahorro preventivo para comprar todo lo que no habían adquirido durante los últimos seis años. Ese tirón del consumo se antoja por lo tanto algo artificial, y de ahí la primera moraleja de esta historia: la competitividad hay que mantenerla. Mucho cuidado con los cantos de sirena que nos encomiendan exclusivamente al consumo desatendiendo el sector exterior y, por ende, la competitividad. Dentro del euro hay que seguir el ritmo de escalada del gigante alemán, sobre todo porque habrá que continuar ganando mercado fuera para reducir nuestra deuda con el exterior.

A pesar del buen comportamiento de las exportaciones, la teoría de que sustituiríamos los productos foráneos por unos nacionales más competitivos no termina de funcionar

Es más, la aportación negativa de la demanda externa se debe a que la demanda interna está tirando de las importaciones, las cuales a su vez restan hasta 2,2 puntos al crecimiento del PIB, una cantidad a todas luces excesiva. Y eso sí que representa un obstáculo muy serio a la hora de conseguir un crecimiento más sano de la economía española. Tan pronto nos ponemos a consumir, enseguida tiramos de fuera. La teoría de que sustituiríamos los productos foráneos por unos nacionales más competitivos no acaba de funcionar, si bien es cierto que buena parte de ese incremento de las importaciones obedece a que la inversión en bienes de equipo se ha disparado un 12 por ciento en los últimos doce meses, una señal inconfundible de que después de muchos años los empresarios confían en el futuro y están sentando las bases para un mayor crecimiento. Eso sí, cuando se trata de comprar maquinaria obviamente seguimos dependiendo de los teutones.

Rentas salariales versus empresariales

El segundo mito en construcción consiste en creer que las rentas empresariales avanzan a costa de los trabajadores. Sin embargo, tal afirmación tampoco es del todo cierta. De hecho, por primera vez después de seis años las rentas del trabajo han aumentado más que las de las empresas. Entre 2008 y 2013, el conjunto de las rentas salariales perdió la friolera de 68.247 millones de euros al tiempo que las rentas empresariales resistieron mucho mejor los embates de La Gran Recesión. De 2008 a 2013, los excedentes de explotación de empresas y autónomos tan sólo disminuyeron en 14.552 millones una vez se le restan las amortizaciones. De modo que efectivamente las rentas del trabajo han sido las grandes perdedoras de la crisis.

Entre 2008 y 2013, el conjunto de las rentas salariales perdió la friolera de 68.247 millones de euros al tiempo que las rentas empresariales resistieron mucho mejor los embates de La Gran Recesión

Pero la estabilización de la economía ha cambiado las tornas. Mientras que en 2014 la remuneración de los asalariados ha crecido un 1,3 por ciento, los excedentes de explotación han disminuido un 0,1 por ciento. Es decir, prácticamente todo el crecimiento desde el lado de la renta se lo ha llevado el empleo. Por ponerlo en euros, las rentas del trabajo han recuperado 4.600 millones de euros.

Todavía queda muchísimo por reconquistar, pero el análisis de los datos revela que el paradigma está cambiando. Desde el punto vista de las rentas, todo el crecimiento que ha vivido la economía española esta vez se ha destinado al incremento del empleo y, por lo tanto, a las rentas del trabajo. ¿Y cómo se explica eso? Pues porque las ventas están aumentando, lo que obliga a las empresas a sumar plantilla después de unos ajustes que las han dejado en los huesos. Sin embargo, al mismo tiempo la deflación juega en contra de las compañías. A la vez que están contratando, la caída de los precios erosiona los márgenes empresariales y, a la postre, se da la increíble paradoja de que las empresas producen y venden más pero ingresan menos.

El sorprendente giro de 2014 consiste en que las rentas del trabajo acaparan todo el crecimiento mientras que las rentas empresariales descienden muy levemente

En tanto en cuanto no se prolongue, la deflación curiosamente está reequilibrando un poco la balanza. De ordinario, la inflación engrosaba los beneficios de las empresas y perjudicaba la capacidad adquisitiva de los hogares. Pero ahora ocurre a la inversa para todos aquellos que hayan aguantado su puesto de trabajo. Y aunque ciertamente los nuevos contratados obtienen sueldos mucho más bajos, ellos son quienes están acaparando el grueso de los beneficios de la recuperación por escasos que sean. O al menos así lo constatan las cifras del INE.

Dicho esto, si no engordan los beneficios empresariales, ¿entonces cómo es que está remontando la inversión? Pues porque las compañías están recurriendo al poco crédito que hay para invertir. Y ese patrón probablemente se reproduzca durante casi todo el 2015 en un contexto en el que a medio plazo se presentan numerosos retos como las presiones demográficas, el alto endeudamiento, el elevado desempleo, la competencia global por una mayor cuota de mercado, las bajas inflaciones y, por consiguiente, los escasos incentivos a la inversión en la economía real.


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