Economía

La presión fiscal en España se desploma hasta niveles de 1986 y hace inevitables nuevos ajustes drásticos

El boom de la construcción todavía tiene encerrado al déficit en un círculo vicioso. Hacen falta nuevos ajustes superiores a los cuatro puntos porcentuales de PIB. 

El ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristobal Montoro.
El ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristobal Montoro. EFE

España tiene ahora mismo una presión fiscal similar a la de 1986, una situación que hace prácticamente imposible plantearse la consecución de cualquier objetivo presupuestario, o al menos así lo señalan analistas financieros y agencias de rating, que no cesan de pronosticar que no se van a cumplir las cifras previstas, pese a la mayor manga ancha de Europa. La presión fiscal es el porcentaje del PIB recaudado con los impuestos.  

Ayer, un economista español con gran prestigio internacional y cierta trayectoria política comentaba en una conferencia ante directivos de una empresa Ibex que “ahora mismo España tiene la menor presión fiscal que yo recuerdo en mi vida laboral y eso lleva la cifra hasta cotas del año 86, por lo menos”.

El experto lo justificaba por el desplome del sector de la construcción, “que hasta hace 5 años suponía el 22% del PIB y ahora apenas debe ser el 6%”. Pero, además, la industria ladrillera tiene una fiscalidad muy amplia y elástica: “por cada 100 euros de renta que generaba, 45 iban al pago de impuestos, mientras que en otros sectores la fiscalidad por unidad de PIB apenas era del 30%”.

En unos tiempos en los que se construían 700.000 viviendas al año, más que toda la Eurozona junta, la aportación tributaria era espectacular. Sólo por IVA se generaba un enorme flujo impositivo, pero “esas tasas de crecimiento no eran sostenibles”.

Consolidación estructural

Lo malo es que “sobre ese crecimiento no sostenible se consolidó mucho gasto estructural”. Por eso se ha tenido que abordar ese doloroso proceso de ajustes emprendido por el Gobierno, al que todavía le queda. Hacen falta “al menos, otros cuatro puntos de PIB para corregir esos desequilibrios estructurales y sólo se conseguirá con flexibilidad". indicaba el conferenciante. Flexibilidad por parte del empleador, del empleado y del Gobierno.

En Hacienda reconocen que las cosas están así: “Montoro ya ha afirmado que la presión fiscal está muy deprimida y podemos confirmar que está en esas cotas de hace tanto tiempo, aunque no haya un histórico público de datos disponible tan amplio”.

El Ejecutivo intenta desmontar lo que reconoce como “una pescadilla que se muerde la cola”, que causa que conforme hay más contracción, crezca el paro, y por tanto, sea preciso más gasto social y por tanto, aumente el déficit, a pesar de los recortes que se hacen y las subidas de impuestos que se implementan.

Con que baje, se conforman

Esto está provocando que las casas de análisis y expertos no consideren alcanzables los objetivos de déficit actuales, aunque tampoco es una cuestión imprescindible, es decir, el mercado quiere comprobar una tendencia firme en la contención, más allá de si se queda a dos o tres décimas.

Ayer mismo era Barclays quien decía que “el Gobierno ha excedido de nuevo sus objetivos. Frente el 6,3% de este año y el 4,5% sobre PIB previstos para este año y el que viene, nosotros vemos el 7% y el 5,0%”.

Las CCAA, responsables

“Las CC AA están en el foco”, añadía el informe. Serán las regiones las que deben implementar medidas para contener el gasto y ajustar sus balances. Por el contrario, “el Gobierno está implementando medidas aprobadas hace tiempo, que harán mejorar el déficit en la última parte del año”.

De la misma manera se expresaba a principios de semana Standard & Poor´s: “la desviación del déficit de las autonomías se ve compensada en parte por medidas tomadas por el Gobierno central, como la supresión de la paga navideña a funcionarios, la introducción del copago sanitario o los recortes en educación”. Todo ello tendrá reflejo en esta segunda mitad del año.

Esta agencia hace tiempo que muestra una postura conciliadora. Ya avisó que no bajaría el rating a España aunque solicitara el rescate y aplaudió las reformas acometidas

No todo es tan dramático. Si este proceso de ajuste se lleva a buen puerto, el economista comentaba ayer que “España es el segundo mejor exportador de la UE, por detrás de Alemania. Es falso que no seamos competitivos. Sólo hace falta compromiso con las reformas, que a su vez otorgará credibilidad al Gobierno y, por tanto, los mercados darán tiempo para culminarlas”. 


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