Economía

El déficit de la Seguridad Social se come el 90 por ciento de las subidas de impuestos de Montoro

Hacienda asegura que ha recaudado 11.237 M. más por las medidas tributarias en 2012, mientras que la Seguridad Social ha generado un agujero de 10.131 M. Los pagos acumulados del Estado central central engordan un 0,8%. Y si se resta el aumento de las devoluciones y la amnistía fiscal, la recaudación efectiva de la Agencia Tributaria sólo repunta 1.897 M.

El ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, esta tarde en el Senado.
El ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, esta tarde en el Senado. EFE

Los esfuerzos de Cristóbal Montoro para recaudar más han sido desactivados por el déficit de la Seguridad Social y la caída de la demanda nacional. El Ministerio de Hacienda asegura que las medidas tributarias han elevado la recaudación en unos 11.237 millones, lo que incluye la amnistía fiscal. Sin embargo, sólo el desfase de los sistemas de pensiones, desempleo y Fogasa suman 10.381 millones, justo el 90 por ciento de las alzas de impuestos.

Además, la caída de la actividad ha hecho que en la práctica la recaudación de la Agencia Tributaria haya engordado sólo un 4,5 por ciento, unos 6.807 millones más. O dicho de otro modo, de acuerdo con los cálculos de la propia Hacienda, el desplome de la  demanda nacional del 2,3 por ciento en 2012 ha privado a las arcas públicas de unos 4.000 millones.

Las alzas fiscales no tienen impacto

Y si a esta cifra le restamos los 1.196 millones de la amnistía y los 3.791 millones devueltos de menos respecto a 2011 pese a haber más reclamaciones de devoluciones, entonces la recaudación efectiva ronda los 1.897 millones, unas dos décimas de PIB. Montoro apenas ha logrado una mejora de los ingresos después de haber acometido una generalizada y sustancial subida de impuestos.

Y el problema estriba en que estos datos brindan pocas esperanzas respecto a la evolución de los ingresos de 2013, un ejercicio para el que Hacienda prevé un repunte de lo recaudado de 14.000 millones. Semejante hecho explica que la Comisión nos brinde un 6,7 por ciento de déficit para este año, en contra de lo que asegura el Gobierno.

El drama de las cuentas españolas consiste en que se sigue recaudando poco. En 2011, la presión fiscal, lo ingresado en tributos sobre la riqueza nacional, alcanzaba el 32,4 por ciento del PIB según Eurostat, unos niveles más propios de Estados Unidos y que fueron superados incluso por Grecia.

Y tan escasa presión fiscal queda muy por debajo de lo que el Estado gastó en el mismo ejercicio, el 45,2 por ciento del PIB, unos 470.000 millones.

Por el lado del gasto

A falta de estadísticas más ajustadas, el Estado central ha elevado los pagos no financieros un 0,8 por ciento durante 2012, en parte porque los intereses de la deuda se disparan un 17,3 por ciento, y las transferencias corrientes se incrementan desde los 79.800 hasta los 84.200 millones.

Estos números no han sido traducidos a la Contabilidad Nacional y sufrirán una importante reducción por efectos contables, pero señalan que buena parte del ajuste se ha llevado a cabo en Comunidades y Corporaciones Locales. Con una cautela muy importante: las inyecciones de la administración central a la Seguridad Social, las Comunidades y los ayuntamientos han aumentado un 10, un 34,3 y un 9,5 por ciento, respectivamente.

Para colmo, una significativa porción de rebaja del déficit en las administraciones territoriales ha sido temporal, pues por un lado se han beneficiado de hasta un 80 por ciento de los cerca de 5.000 millones ahorrados con la supresión de la paga extra de los funcionarios. Y por otro, las Comunidades se han embolsado 5150 millones extraordinarios fruto de la liquidación positiva de 2010, al tiempo que las liquidaciones negativas de 2008 y 2009 las devolverán al Estado en diez años. Todo ello implica que estas entidades tendrán que abordar nuevos sacrificios durante 2013.

Las pensiones  

El otro agujero de los presupuestos reside en la Seguridad Social. Ésta ha sufrido un déficit de 10.131 millones, un 0,96 por ciento del PIB frente al equilibrio previsto. De esta desviación, un 0,85 por ciento del PIB corresponde a las pensiones, un 0,02 a las prestaciones por desempleo y un 0,09 al Fogasa.

El año que viene el desfase probablemente ronde cantidades similares, pero después de que el Estado haya aportado unos 4.000 millones adicionales, y por tanto más déficit, para pagar todo lo que no son pensiones contributivas.

En los próximos años, las pensiones generarán déficit, pero no provocarán un incremento de deuda, gracias a que el Fondo de Reserva de la Seguridad Social lo financiará.

Sólo que éste estaba ideado para el momento en el que la generación del ‘baby boom’ se retirase, allá por las décadas del 2030 y 2040. Entonces sí habrá una severa desproporción entre los jubilados y el resto de la población. Sin embargo, la hucha de las pensiones dispone ahora de únicamente 63.000 millones y, a este ritmo, se evaporará en menos de diez años.

El paro

El problema principal radica en el empleo. En la actualidad, la relación entre cotizantes y pensionistas se sitúa en el dos a uno, unos 16 millones frente a unos 8 millones. Si tocamos el 27 por ciento de paro, tal porcentaje hace las cuentas insostenibles a medio y largo plazo.

Y la realidad laboral de los años venideros se presenta muy dispar. Hay una parte con estudios que puede encontrar empleo en cuanto se estabilice la actividad y tenga una cierta reorientación. El mayor reto se halla en la cantidad de gente sin formación que hay que recolocar.

Mientras tanto, Bruselas hace números y pide ya un ajuste fuerte que corrija las actuales inercias del gasto. El pasado miércoles, azuzados por la UE, los ministerios de Empleo y Economía renegociaban las próximas reformas de pensiones y para el empleo joven. Lamentablemente, el análisis está cada vez más extendido: sin margen para subir impuestos, hay que atajar las principales partidas del gasto, o sea, las pensiones, las prestaciones por desempleo y el coste de los funcionarios.

¿La solución?

El debate prosigue entre los que defienden la continuidad de los ajustes salariales y los que piden menos austeridad para mantener el empleo, en una suerte de polémica sobre si es primero el huevo o la gallina. Según los ortodoxos, en primer lugar va la inversión rentable porque hay unos precios ajustados. Aunque, ¿quién invertiría dónde ni siquiera el banco central pone todo su respaldo incondicional?  

La esperanza reside en que la eurozona vaya poco a poco recomponiendo su crecimiento, alentada sobre todo por unos mercados que tiran como un cohete y que, a su vez, animan la inversión. Sólo si eso ocurre, España disfrutaría de un respiro propiciado por el tirón europeo.


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