Economía

La resaca electoral abre la puerta a una rebaja mayor de impuestos y a otra alianza con Francia e Italia

Diversos miembros del Gobierno de Rajoy apuestan por presionar a Europa para conseguir junto a Francia e Italia una relajación de los objetivos de déficit en 2015 que les permita bajar mucho los impuestos y recuperar a sus votantes. En un contexto de recuperación todavía muy frágil y con unos mercados prácticamente narcotizados, la gobernabilidad de Europa está en juego.

El ministro de Economía Luis de Guindos saluda a su homólogo francés, Pierre Moscovici.
El ministro de Economía Luis de Guindos saluda a su homólogo francés, Pierre Moscovici. GTres

La resaca electoral ha dejado a muchos miembros del Partido Popular lamiendo las heridas fruto de su pírrica victoria. No hace falta ser el gurú Arriola para analizar los resultados: los votantes que se han quedado en casa son los profesionales liberales decepcionados por las políticas del Partido Popular. Hay que recuperarlos. Y al margen del voto del miedo contra la formación de un hipotético frente de izquierdas, la otra carta ganadora para traerlos de vuelta a Génova puede tomar cuerpo en una rebaja de impuestos mucho mayor de lo planeado por Montoro, incluso a costa de tirar por la borda todo el cumplimiento del déficit en 2015. “Varios miembros del Ejecutivo apuestan por esta estrategia. No hay otra”, explicó a este medio una fuente cercana al Gobierno de Rajoy.

La ocasión la pintan calva en Europa. Hay que aprovechar el seísmo europeo con su principal falla abriéndose a los pies del Elíseo. La imagen televisiva de un aguerrido Manuel Valls asediado por los bárbaros a las puertas y suplicando árnica a los socios germanos resultó dramática. Por momentos, la grandeur de la France, inspiración constante de la UE, se desvaneció para la causa de una mayor integración europea.

Sin embargo, Valls no desfallece. No transcurren ni siquiera veinticuatro horas y el primer ministro galo contraataca anunciando otra rebaja de impuestos en el país de los 246 tipos de quesos. Lo que trasladado a la jerga comunitaria significa que no va a cumplir con sus compromisos presupuestarios ni por asomo

Y otro tanto de lo mismo ocurre en Italia. Renzi y Valls se han comprometido a una terapia de reformas que sacuda sus respectivas economías del letargo. Se trata de países con entramados empresariales y humanos competitivos, pero con Estados pesados e ineficientes. De ahí la manida broma sobre la torre Eiffel: no es más que la Estatua de la Libertad después de impuestos.

Sin embargo, sus iniciativas reformistas se enfrentarán a una oposición muy fiera. No en vano, las reformas Hartz, ésas que bajo la tutela del canciller Schröder hicieron tan competitiva a Alemania, sólo se pudieron aprobar porque a cambio se compensó a los ciudadanos con incrementos del gasto público. Tanto Valls como Renzi son plenamente conscientes de que tendrán que hacer concesiones, bien sea con reducciones de impuestos o con aumentos de los desembolsos. “Por más que hayan fijado por escrito la austeridad en sus programas, lo más seguro es que terminarán incumpliendo las metas de déficit público exigidas por Bruselas. Será el precio de las reformas en dos de las principales economías de Europa”, pronostica dicha fuente próxima al Ejecutivo de Mariano Rajoy.

Es más, desde su silla de ruedas, al otro lado del macizo de los Vosgos y de los frondosos bosques de las Ardenas, el todopoderoso ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, entonaba esta semana una suerte de mea culpa que recordaba al ‘tus defectos como hijo son mis fracasos como padre’: “Tenemos que pensar en los errores que hemos cometido para que una cuarta parte del electorado francés votase no ya a un partido de derechas, sino a un partido fascista”. La puerta se ha abierto a una cierta relajación, aunque aún está por ver qué significa relajarse para un teutón.

Un camino trufado de peligros

La construcción europea vuelve a estar amenazada, pero esta vez el ataque procede de las urnas. En semejantes circunstancias, cabe esperar una reedición del bloque que salvó la moneda única, entonces forjado por Hollande y Monti y respaldado por Obama. Y los populares españoles intentarán sumarse a la cola de damnificados del euro bajo la excusa de que los comicios se aproximan y de que se trata del ‘o nosotros o el caos’.

“El Gobierno debe volver a tejer un eje del sur que logre una tregua de un año para ganar las elecciones”, sostiene un alto cargo. Es decir, traducido a los bolsillos de los ciudadanos, primero se bajarán los impuestos, pero después de las elecciones de 2015 se tendrá que pasar el coste de esa reforma a los contribuyentes mediante un alza de los tributos indirectos ya entrados en 2016.

Sólo que todo ello se tendrá que abordar en un contexto económico francamente delicado. Los últimos datos conocidos en España inspiran cuando menos inquietud. Si bien es cierto que hay noticias positivas, por ejemplo, tal y como apunta Francisco de la Torre, por primera vez en la crisis suben los ingresos, sobre todo de IVA, sin que haya mediado un alza de impuestos. Además, la compra de bienes de equipo adelanta un repunte de la inversión. Y quizás lo más esperanzador de todo es que el empleo exhibe un comportamiento algo mejor tras la reforma laboral, aunque sea a costa de las obvias y nefastas consecuencias de la precarización.

Pero, por otro lado, la cosa no pinta tan bien. En primer lugar, examinemos los sacrificios que han tenido que soportar los ciudadanos comparados con los de la crisis de los noventa: tal y como se puede comprobar en los gráficos de abajo, los españoles han conseguido una increíble rebaja del tipo de cambio efectivo real, ése que viene a medir la competitividad de un país en relación a los precios de otro, ni más ni menos que igual a la que se hizo en los noventa a fuerza de devaluaciones. Pero con una diferencia nada sutil: al no poder depreciar el euro, la recuperación de la competitividad se ha tenido que obtener a base de recortes de los costes laborales, como se puede apreciar en la segunda tabla.

En resumen, en esta ocasión se han acometido sacrificios incluso más arduos. Pero ni siquiera así se está consiguiendo el anhelado equilibrio con el exterior. Lastradas por el frenazo de la economía europea y la fortaleza del euro, las cifras más recientes revelan una ralentización de las exportaciones a la vez que se disparan las importaciones hasta cotas insostenibles. De extrapolarse semejantes datos, se pone en duda la consecución del imprescindible superávit con el exterior. Tampoco se antoja sostenible una recuperación como la que se pudo extraer esta semana de las tripas del PIB, principalmente apoyada en el gasto público y el consumo interno en un contexto de consolidación fiscal y contención salarial.

Así las cosas, de conseguirse un año más de relajación de los objetivos fiscales, los riesgos que se acumulan son evidentes. Con la deuda prosiguiendo su camino al alza, puede bastar con un cambio de humor en unos mercados ahora narcotizados por las burbujas para que la prima de riesgo vuelva a tensionarse. ¿Qué pasará por ejemplo si la Reserva Federal estadounidense se plantea la subida de tipos a mediados de 2015 y atrae la inversión de vuelta? ¿O si las perspectivas de deflación se enquistan en Europa? La larga escapada hacia delante de Rajoy y su equipo ha comenzado con la meta puesta en las elecciones generales de noviembre de 2015. No podrán perder de vista en su retrovisor la evolución de la economía y de los mercados mientras, cogidos de la mano de París y Roma, sortean las resistencias de Bruselas y Berlín.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba