Economía

Alemania quiere quitarle poderes a Draghi para que no controle la banca

Berlín argumenta que hay que separar la política monetaria de la supervisión de las entidades. Los germanos amenazan ahora con que la unión bancaria tardará años en construirse.

Los alemanes quieren evitar a toda costa que el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, tenga el control de los bancos de la eurozona. Por eso, ahora argumentan que hay que separar la política monetaria de la supervisión bancaria y que el BCE no debería encargarse de inspeccionar entidades.

En opinión de los germanos, un presidente del BCE que acapare tanto poder siempre puede sucumbir a la tentación de tapar cualquier error de supervisión bancaria en el que pueda incurrir inyectando dinero a las entidades, algo que iría en perjuicio de la vigilancia de la inflación.

Insisten en que es mejor que otro organismo tome las riendas del sector bancario y que si el BCE finalmente se queda con esa misión, entonces, por la salud del sistema, habría que establecer una división y dejar a Mario Draghi fuera.

Los germanos no se fían del italiano, al que consideran un infiltrado del sur en una institución concebida para ser germana. El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, está logrando imponer su visión de que toda unión bancaria no es más que una unión fiscal por la puerta de atrás al conllevar más transferencias.  

La batalla por determinar el futuro de la unión bancaria continúa. Berlín había defendido que el BCE sólo tuviese a su cargo las instituciones financieras sistémicas argumentando que el banco central no reúne los recursos suficientes como para ocuparse de la inspección de todas y cada una de las 6.000 entidades de la eurozona.

Sin embargo, el comisario de la UE de Servicios Financieros, Michel Barnier, y Mario Draghi se han resistido a esa posibilidad porque habría dejado fuera a las entidades que más problemas han causado como Bankia, Northern Rock, Dexia o el Anglo Irish Bank... además de las cajas alemanas. 

Así que Berlín ha amenazado con que retira su apoyo a la unión bancaria y que no habrá un fondo de garantía de depósitos. Exige que cada país asuma con sus dineros el saneamiento de los activos tóxicos y que el fondo de rescate europeo no recapitalice directamente las entidades hasta que se haya construido la unión bancaria, según explican fuentes de Bruselas.  

Si bien en junio se afirmó que ésta se pondría en marcha a principios del año que viene, ahora la canciller Merkel y el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, han dejado claro que este nivel de integración europea puede tardar años.

Sus socios de la eurozona se plantean si esta actitud no representa simplemente un chantaje con el fin de forzar que todo se haga punto por punto según sus términos. Y así interpretan el comunicado que hace unos días emitieron Alemania, Finlandia y Holanda en el que se negaban a asumir "la herencia tóxica" de los bancos de otros países. Tales cuestiones se discutirán en el eurogrupo de los ministros de Finanzas reunidos hoy.

Sin la unión bancaria, el euro se encontrará una vez más al borde del precipicio. Los bancos y Estados del sur seguirán arrastrándose mutuamente.

Para romper de una vez por todas ese vínculo entre soberanos y banca, Mariano Rajoy se alineó el pasado fin de semana en Malta con el primer ministro Monti y el presidente Hollande para hacer frente al trío de Helsinki. Juntos han reclamado a Merkel que cumpla con sus compromisos del Consejo Europeo de junio y el fondo de rescate permanente asuma las recapitalizaciones de entidades.

La integración financiera es imprescindible para acabar con el proceso de fraccionamiento de los mercados. Pero Merkel no se ha molestado siquiera en explicar su importancia en Alemania. Una vez más, prefiere posponer la decisión. Y algunos tudescos apuntan ahora abiertamente que nada cambiará incluso cuando pasen las elecciones de Merkel el 27 de octubre de 2013.

Los políticos teutones aspiran a preservar su influencia sobre las cajas de ahorros alemanas. El Gobierno germano ha inyectado ya de sus propios bolsillos 300.000 millones en su sistema financiero y ha creado un banco malo donde ha depositado activos dañados por valor de 250.000 millones.

Sin embargo, según los analistas, estas entidades canalizaron buena parte de los masivos excedentes de ahorro alemanes y los invirtieron en la periferia europea y la subprime americana, de modo que sus cuentas todavía albergan dudas y podrían estar poco capitalizadas. De hecho, los germanos no permitieron que sus cajas, conocidas como Landesbanken y Sparkassen, se sometiesen a los test de estrés.


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