Economía

Merkel no cede: exige a Tsipras un paquete de medidas concreto y aplicado con celeridad

El primer ministro griego se compromete en Bruselas a aplicar cuanto antes un primer paquete de reformas que se ciña al severo acuerdo suscrito el 20 de febrero.

Momento de la reunión de este jueves
Momento de la reunión de este jueves Efe

La jugada de Alexis Tsipras para ganar tiempo y suavizar las exigencias europeas acabó esta madrugada en un rotundo fracaso. Por si todavía no lo había asimilado, en la UE manda una Merkel rocosa e inflexible como ella sola. Y una vez más la canciller ha dejado muy clara su posición al primer ministro heleno: los griegos tendrán que cumplir primero con el programa de reformas sí o sí. Hasta entonces no habrá ni un solo euro de ayuda.

Aunque los gobernantes helenos podrán diseñar ellos mismos las reformas, la base de éstas tiene que ceñirse forzosamente al acuerdo del 20 de febrero, que incluye puntos tan controvertidos como subir la recaudación del IVA o reformar las pensiones. De modo que la minicumbre que se ha celebrado este jueves en Bruselas y que Tsipras se sacó de la manga buscando limar asperezas ha sido otro fiasco para el líder griego. Durante más de tres horas, allí se vio encerrado con la propia Merkel, el presidente Hollande, Mario Draghi, el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

De acuerdo con la versión ofrecida por diversas fuentes de Bruselas, todos en la reunión se aliaron para presionar a Tsipras. Incluso el conciliador Juncker hizo frente común con Merkel para arremeter contra el primer ministro griego por las dificultades que estaba poniendo en Atenas a los técnicos de la Comisión.

Al final, Tsipras se comprometió a presentar cuanto antes una primera lista de medidas que ha de ser mucho más concreta y que debería poder aplicarse con celeridad. Todo ello para recibir algún desembolso pronto y evitar que el país incurra en el impago antes de la segunda semana de abril, fecha en la que se espera que el Gobierno griego se quede sin fondos.

La pérdida de tiempo ha sido decepcionante”, reconoció una Merkel un tanto escéptica y cansada en su rueda de prensa posterior celebrada a eso de las tres de la madrugada. Y en la misma línea se había expresado antes de la minicumbre el holandés Dijsselbloem: “Repasaremos los progresos realizados en Grecia, que parecen haber sido pocos, e intentaremos avanzar. Estamos listos para ayudar a Atenas, pero antes han de adoptar las reformas. Sólo faltan tres meses para que se aprueben todas las medidas acordadas el 20 de febrero y el tiempo corre”.

Tsipras se comprometió en la minicumbre a presentar cuanto antes una primera lista de medidas

Sin embargo, al término de la minicumbre, Tsipras se mostró otra vez inasequible al desaliento. Pese al evidente malestar del resto de mandatarios, se confesó más optimista. Pero eso sí, lo dijo en un escueto canutazo ante los medios que revelaba que la cosa no había salido tan bien como esperaba. Máxime cuando tendrá que lidiar con la división de su partido a la hora de aprobar tales medidas.

En cualquier caso, las decisiones se tendrán que elaborar en un próximo Eurogrupo que seguramente se convoque para la semana que viene. No cabe otra por dos razones: en primer lugar, porque el encuentro en petit comité ha causado un enfado mayúsculo en otras capitales europeas. Y en segundo lugar porque Merkel se ha quitado la responsabilidad de encima y ha delegado todo el trabajo en su ministro Wolfgang Schäuble. Así no tendrá que cargar con el muerto si fracasan las negociaciones.   

Pero las tensiones entre Schäuble y Varoufakis se encuentran en un punto de difícil retorno. Sin el visto bueno de la Troika, este mismo jueves Grecia ha aprobado un paquete de rescate de sus ciudadanos que contempla el pago de la electricidad o cheques-comida y cuyo coste puede superar los 200 millones de euros. La iniciativa se ha tomado en Alemania como una auténtica afrenta por no haberla consultado.

Y a esta presión se unía el BCE al deslizarse en los medios que se está planteando una nueva vuelta de tuerca a la financiación de Grecia. Por el momento, el Gobierno heleno se ha financiado gracias a las compras de deuda a corto que ha realizado la banca griega. Y ello a pesar de que el BCE ya había advertido a los cuatro principales bancos griegos de que no acumulasen deuda helena por el riesgo que conllevaba. Hasta el punto de que había fijado en unos 3.500 millones de euros el máximo de letras griegas que aceptaría a cambio de liquidez. Al comprar esas emisiones, las entidades helenas se están exponiendo a quedarse con unos títulos cuyos vencimientos podrían no ser reembolsados y que de todos modos no pueden ser comercializados, lo que acabará poniendo en serio peligro su situación financiera. Pero incluso así, estos bancos han adquirido las letras. En su calidad de supervisor de estas entidades, el BCE baraja prohibir estas compras y dejar al Ejecutivo griego privado de financiación en un momento en el que la recaudación se desploma y la salida de capitales se agrava.


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