Economía

Draghi insinúa otra vuelta de tuerca a la reforma laboral un año después

El presidente del BCE afirma en el Congreso que aún no se ha atajado en España la brecha existente entre los indefinidos y los temporales. Y anima a los que tienen la legitimidad democrática a que hagan las reformas.

Draghi insinúa otra vuelta de tuerca a la reforma laboral un año después
Draghi insinúa otra vuelta de tuerca a la reforma laboral un año después

El presidente del BCE insinuó este martes en el Congreso que la reforma laboral podría necesitar algún nuevo ajuste. Al ser preguntado sobre las altas cotas de desempleo en España, Mario Draghi contestó que la nueva legislación no había conseguido aún atajar la brecha existente entre los indefinidos y los temporales, la llamada dualidad del mercado de trabajo. Un año después de que se aprobase, se plantea si podría hacer falta una segunda parte de la reforma.

Supermario aterrizó en Madrid rodeado por la polémica y con la mitad de los parlamentarios españoles a los que visitaba rebelados por “la falta de legitimidad democrática del BCE”.

Draghi llevaba en la maleta dos tipos de noticias: las buenas y las malas. Entre las positivas, su éxito para tranquilizar los mercados.

Las reformas funcionan

En este nuevo contexto y en palabras del presidente del banco central, España va por el camino correcto y ha progresado muchísimo si se compara con el año pasado; el país cuenta con el sistema más avanzado de recuperación y resolución de entidades de la zona euro; la economía está restaurando su competitividad y el déficit por cuenta corriente prácticamente ha desaparecido.

En resumen, España está disfrutando de los beneficios de las reformas estructurales. O eso dice Mario.

La tesis ahora del BCE consiste en que unas mejores condiciones de los mercados financieros combinadas con su política monetaria acomodaticia se filtrarán poco a poco hasta llegar a la economía real, lo que Draghi ha bautizado como el contagio positivo. Es más, estas mismas palabras de apoyo a España fueron celebradas sobre los parqués.  

Aún queda camino

Hasta ahí las buenas nuevas. Los diputados preguntaron al presidente del banco central qué se podía hacer para que la financiación llegue a la economía. Ante esto, Draghi argumentó que España está bien servida de liquidez y que el problema radica en el exceso de deuda, la cual sólo se amortizará si hay crecimiento.

A su vez, para crecer es necesario recuperar la competitividad, lo que requiere más reformas. Y ahí empiezan las malas noticias: Draghi instó a los representantes democráticos a continuar con las reformas como responsables de las políticas internas.

De hecho, pidió un plan a los Gobiernos en el que detallen a medio plazo, tanto por la parte del ingreso como del gasto, las medidas fiscales que asegurarán la consolidación presupuestaria.

La misión del BCE según Draghi

Draghi explicó a los políticos españoles que su mandato sólo consiste en velar por la estabilidad de precios, y que cualquier ayuda comprando títulos sólo puede llevarse a cabo siempre que se excluya la posibilidad de que un país despilfarre. De ahí que se precise una condicionalidad estricta.

El presidente del BCE declaró que puede intervenir en los mercados para acabar con la especulación si existen problemas serios en la transmisión de la política monetaria. Sin embargo, también aclaró que la institución no puede controlar el riesgo basado en los fundamentales de la economía. Traducido al caso español: es normal que haya primas de riesgo.

Pese al pacto tácito con el Gobierno para que el BCE no entrase en el debate nacional, Draghi se vio arrastrado por la confrontación. Los distintos partidos de la oposición dispararon indignados contra las políticas del BCE y su escasa transparencia, en especial porque su comparecencia se hiciese a puerta cerrada y con inhibidores que impidiesen su retransmisión. Los diputados pidieron que se acabase con la fragmentación financiera, que se estimulase el crecimiento o que se aplique un coeficiente de concesión de créditos a la banca.

El presidente del BCE tuvo que aguantar varios discursos muy politizados. Tras una larga interpelación del diputado de IU Alberto Garzón en la que le llamó "dios monetario", Draghi replicó: "¿Y cuál era la pregunta?". La fragmentación entre los políticos y la burocracia europea aumentó este martes un poco más.


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