Economía

La economía española mejora todos los pronósticos a pesar de la aportación negativa del sector exterior

Pese a la mejora de la economía, el Banco de España y BBVA Research constatan que el saldo del sector exterior arroja por primera vez desde 2007 una cifra ligeramente negativa, deshaciendo parte del superávit financiero con el extranjero que tanto sudor y lágrimas nos costó alcanzar.

La economía española sigue encadenando revisiones al alza de sus previsiones. Sin embargo, esta mejora se está apoyando en la demanda nacional y no en el sector exterior, que ha dejado de contribuir al crecimiento por primera vez desde el año 2007. Tanto el Boletín Económico del Banco de España como el Observatorio España de BBVA Research constatan que el saldo del sector exterior podría arrojar en 2014 una aportación ligeramente negativa al Producto Interior Bruto. Y ello a pesar de todos los esfuerzos emprendidos para ganar nuevas cotas de competitividad.

Aunque desde unos niveles muy bajos tras haber perdido unos 7 puntos de PIB, la recuperación de la economía española sigue tomando cuerpo. Desde mediados de 2013, todos los indicadores económicos han mostrado signos de mejora. Y eso se ha traducido en que el Fondo Monetario Internacional vuelva a revisar al alza nuestras perspectivas de crecimiento en 2015 y las sitúe en el 2 por ciento, en línea con las estimaciones del Ejecutivo de Rajoy.

De los países de mayor peso, sólo España y Estados Unidos han obtenido un incremento de las previsiones del PIB. Es más, el consenso de los analistas prevé que nuestra economía sea la que más crezca de las grandes de Europa, espoleada por una caída del precio del crudo superior a la caída del euro, las inyecciones del BCE, una divisa débil, el fin de los test de estrés que condicionaron la toma de riesgos de la banca, las rebajas de impuestos, la creación de empleo y el suelo hallado por la inversión en construcción tras haberse recortado a la mitad la participación de ésta en el PIB desde el año 2006.

Para los inversores será bastante más difícil abandonar una España que crece en busca de otros destinos, incluso si arrecia la incertidumbre por Grecia

El hecho de que el FMI haya certificado ese crecimiento de España al tiempo que rebaja las expectativas de la mayor parte del resto del mundo reviste consecuencias positivas para la economía patria: en un momento en el que resulta harto difícil encontrar rentabilidades, para los inversores será bastante más difícil abandonar una España que crece en busca de otros destinos, incluso si arrecia la incertidumbre por Grecia.   

Sin embargo, dicho esto, la disminución de la demanda en otros países de nuestro entorno puede suponer un lastre para nuestras exportaciones. En su último Observatorio España, BBVA Research detecta un estancamiento de las ventas al exterior debido a la falta de dinamismo en la economía europea. Por más que la depreciación del euro ayude, éste no ha bajado en la misma medida respecto a otras divisas distintas del dólar. Además, una moneda única débil beneficia sobre todo a Alemania, pero no tanto a España, cuyo grueso de las exportaciones se dirige hacia la zona euro.

Como resultado, las previsiones del Gobierno de Rajoy han dado un vuelco sustancial en su composición. Allá por abril, el Ejecutivo esperaba en 2014 un crecimiento basado en un mix proporcionado entre la demanda nacional y el saldo exterior. El primero aportaría un 0,7 al crecimiento mientras que el segundo brindaría una contribución positiva del 0,6. Sólo que a finales de año la radiografía del crecimiento se ha revelado completamente distinta. Con los datos de contabilidad nacional hasta el tercer trimestre incluido, la demanda nacional registra un aumento del entorno del 2,5 por ciento frente a una disminución del saldo exterior que ronda el 0,9 por ciento. O lo que es lo mismo, durante 2014 la corrección de nuestros desequilibrios con el exterior se ha ralentizado, en parte por el peor comportamiento de nuestros socios comerciales, en parte porque la elasticidad de las importaciones respecto al crecimiento se mantiene.

Es decir, mediante la devaluación salarial supuestamente la economía española tenía que ganar competitividad y desplazar a los productos foráneos que a partir de ahora saldrían más caros que los nacionales. Sin embargo, a pesar de la caída del precio del petróleo, se ha demostrado que seguimos necesitando importar mucho cada vez que el español de a pie se pone a consumir.

La corrección de los desequilibrios se ralentiza, en parte por el peor comportamiento de nuestros socios comerciales, en parte porque la elasticidad de las importaciones respecto al crecimiento se mantiene     

Si bien es cierto que hay muchas importaciones de bienes de equipo que no producimos, todo apunta a que el efecto sustitución de productos foráneos por nacionales no ha ocurrido como sería deseable. Y lo más preocupante es que el año que viene Funcas continúa trazando una tónica similar aunque más moderada, sobre todo porque se comprarán al extranjero menos automóviles y bienes de equipo y se consumirán más bienes no duraderos e inversión en construcción, unos capítulos menos intensivos en importaciones.

Desde comienzos del año pasado, la banca apenas remuneró los depósitos. Y ello provocó que los hogares retirasen esos recursos de las entidades para destinarlos a otros menesteres: una parte se colocó en fondos de inversión. Otra se dedicó a la compra de viviendas, lo que ha ocasionado una estabilización de las ventas en enclaves como Madrid. Y lo más importante, en cuanto los españoles han perdido el miedo a quedarse sin trabajo, una porción muy sustancial de esos dineros se han ido al consumo. Se acabó eso que los economistas llaman el ahorro preventivo o precautorio. Tras seis años aguantando con el puño prieto, los ciudadanos que aguantaron su empleo han tirado la casa por la ventana y han vuelto a adquirir bienes de consumo duradero. Sobre todo se han lanzado a la renovación de la flota de automóviles, muy animados por las ayudas del Plan PIVE.

Es más, por primera vez desde que hay datos, el conjunto de las familias gastó por encima de la renta disponible que había generado. O lo que es lo mismo, se ha producido un desahorro. A su vez, este fenómeno ha disparado las importaciones, deshaciendo parte del superávit financiero con el exterior que tanto sudor y lágrimas nos costó alcanzar. En resumidas cuentas, el Ejecutivo ha subsidiado a los españoles para que compren coches germanos y eso hunda nuestra capacidad de financiación con el exterior, imprescindible para poder pagar la deuda. De traca.

Todo lo cual implica que hay que mantener el esfuerzo de moderación salarial. Y no sólo porque haya un 24 por ciento de paro que recolocar. De acuerdo con los datos del Banco de España, todavía nos resta un tercio del ajuste de costes laborales para alcanzar la diferencia que se perdió respecto al resto de la unión monetaria desde 1995. Y, para colmo, la inflación negativa hace más difícil el reequilibrio. En primer lugar, porque en Alemania no habrá subidas de sueldos. Y en segundo lugar porque con una caída de los precios del 1 por ciento al tiempo que los salarios se congelan en realidad está habiendo una subida real de los sueldos por encima de los precios que pueden ofertar los empleadores, lo que en el fondo sigue erosionando la cuenta de resultados de las empresas.    


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