Hace 12 meses, el BCE exigió reformas urgentes a cambio de comprar deuda española

España intervenida: hoy se cumple el primer aniversario de la carta de Trichet a Zapatero

Un año después, hay otro Gobierno y 300 puntos básicos más en la prima de riesgo. Rajoy intenta contra reloj implementar reformas y escapar del ¿inevitable? rescate global, aunque ha pedido una ayuda para la banca que no llega. El segundo semestre del año será decisivo. 

José Luis Rodríguez Zapatero (a la izquierda) y Silvio Berlusconi, en una imagen de 2010.
José Luis Rodríguez Zapatero (a la izquierda) y Silvio Berlusconi, en una imagen de 2010. G3ONLINE

Hace un año exacto, con distintos actores, Italia y España, ‘acosadas’ por primas de 398 y 389 puntos, imploraban Jean Claude Trichet, a la sazón al mando del Banco Central Europeo (BCE), la compra de bonos en el mercado secundario. Hoy, la historia se repite.

Carlos Marx escribió que los grandes hechos de la historia están condenados a repetirse, una vez como tragedia y otra como farsa. La tragedia europea arrancó en Grecia, y no fue escrita por Sófocles o Eurípides en el siglo V antes de Cristo, sino en enero de 2010 con una ristra de actores caídos: Yorgos Papandreu, Jean-Claude Trichet, Silvio Berlusconi, José Luis Rodríguez Zapatero. Cuando el drama heleno se hizo portugués e irlandés, y después continental –Italia, España-, el Sur miró con ojos de cordero a Fráncfort y pidió al BCE, comandado entonces por el francés Trichet, que descubriera el cortafuegos ante los incomprensibles mercados, a semejanza de los antiguos bancos centrales. Era agosto de 2011, hace justo un año.

Trichet compró deuda española a regañadientes, pero le exigió a Zapatero reformas urgentes por escrito. Ahí comenzó la internvención real de España.

El 4 de agosto de 2011, Trichet brindó una rueda de prensa en la capital financiera alemana al término de una reunión del Consejo de Gobierno del supervisor europeo. Anunció la compra de deuda de los países en la brecha y otra ronda de liquidez para los bancos. Antes de largarse, vaticinó en positivo: “No me extrañaría si al final de esta comparecencia ven ustedes algo en el mercado”. Se refería a estrechamientos en los diferenciales de deuda y a recuperaciones bursátiles. Minutos después, llegó un jarro de agua helada, al saberse que el BCE sólo estaba comprando deuda de Portugal e Irlanda, no de España e Italia. Como recuerda el economista Alberto Montero, “se impusieron los halcones alemanes: Jens Wiedmann, presidente del Bundesbank, y Jürgen Stark, director del departamento económico”. Los mismos que esta semana impidieron que Mario Draghi se excediera en sus promesas. 

La prima de riesgo se disparó hasta los 400 puntos básicos, números que hoy, no obstante, parecen una utopía a Mariano Rajoy y Mario Monti. La jugada de Trichet fue calcada a la de Draghi: un presidente del BCE que simula un pulso con los mercados para luego hacer una finta con tufillo germánico a los países maltrechos, coronado todo ello con la gloriosa sobrerreacción de los especuladores. No, no es agosto de 2011. Es agosto de 2012. No es la tragedia. Es la farsa.

Una carta con condiciones

En el estío de 2012, el portaestandarte de los intereses del Norte (en la red ya pulula el calificativo de nordismo para referirse a la ideología de países septentrionales con cuentas equilibradas que exigen sacrificios al Sur) es Mario Draghi. Trichet estuvo presente en los rescates totales de Grecia, Irlanda y Portugal; el italiano, en los rescates parciales de España y probablemente Italia (el tamaño de ambas economías no da para más). Rajoy quiere liquidar la tensión de los mercados y para ello sabe que necesita algo más que la confianza comprometida en la campaña electoral que le aupó: necesita al BCE. Y el BCE, con otros halcones en su seno (Wiedmann y Stark se fueron, pero llegaron sus sustitutos), no comprometerá la compra de deuda si no hay más sangre. Por eso el viernes el pontevedrés sacrificó para el bienio venidero y bajo la atenta mirada de la troika cien mil y pico millones. ¿Y Zapatero?

El viernes 5 de agosto fue un día global. Mientras los mercados avasallaban desde muy temprano a los dos grandes estados del Mediterráneo, se sucedieron las videoconferencias entre miembros del G-7, las llamadas de Obama a Europa, de China a Obama, los toques de atención. Merkel y Sarkozy, otro actor caído, escenificaron la enésima reunión exprés para ensalzar la defensa del euro, costase lo que costase. Y finalmente hubo una carta. O Dos. Firmada por el BCE y MAFO en el caso español, la misivas a Zapatero y Berlusconi, proclives al auxilio de la autoridad europea a Madrid, decían así, tal como han reproducido recientemente en sendos libros sobre la crisis los periodistas Ernesto Ekaizer, (Indecentes. Crónica de un atraco perfecto, Espasa Libros, 2012) yMariano Guindal (Los días que vivimos peligrosamente, Planeta, 2012):    

Señor presidente:

En el Consejo del Banco Central Europeo, celebrado el 4 de agosto, se ha discutido sobre la situación en los mercados de los bonos del gobierno español. El Consejo de Gobierno considera que se requiere una acción urgente de las autoridades españolas para restaurar la confianza de los inversores. La cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Eurozona del 21 de julio de 2011 llegó a la conclusión de que todos los países del euro han de reafirmar solemnemente su determinación inflexible de cumplir plenamente con los compromisos asumidos, de forma soberana e individual.

La Comisión considera que España tiene que reforzar con urgencia la reputación de su deuda soberana, por lo que debe garantizar su compromiso con sostenibilidad fiscal y reformas estructurales. El Gobierno española decidido aspirar a un presupuesto equilibrado en 2014 y, para ello, ha introducido un paquete de medidas. Son pasos importantes, pero no suficientes.

La carta desgranaba a continuación ocho pasos, que, en el caso español, venían a pedir una reforma de la negociación colectiva; una moderación, cuando no bajada, salarial; contratos con despido más barato; permitir concatenar contratos temporales; control presupuestario autonómico y estatal; “introducción de una nueva reglamentación del gasto que limite su incremento al crecimiento tendencial del PIB español”,…

Rajoy quiere pedir ayuda financiera en octubre, pero con todas las reformas implementadas, para eludir una condicionalidad econmómica que sea realmente humillante. 

Finalmente, el lunes 8 se produjo la intervención del BCE en el mercado secundario. El supervisor adquirió bonos españoles e italianos por valor de más de 22.000 millones de euros, lo que permitió relajar las primas de riesgo.

Hoy, la situación es mucho más tensa que hace 12 meses, aunque entonces se rozó el colapso, tanto que los bancos centrales tuvieron que actuar de manera coordinada pocas semanas después y evitar un gran colapso global. Pero nadie acertó siquiera a intuir que hoy estaríamos así. 

Rajoy está implementando reformas de manera acelerada, porque quiere evitar ser el siguiente mandatario de otro país totalmente intervenido. Zp tuvo que recibir la humillación de esa carta. Rajoy intenta huir, pero la realidad le atrapa. Ha pedido un rescate bancario que no llega y octubre se perfila como el mes definitivo. Desea llegar con todas las reformas posibles hechas, para pedir ayuda financiera sin una condicionalidad macro humillante. Como si de un simple crédito se tratara. Veremos qué deciden nuestros socios europeos. Los próximos meses serán deciisivos para España, pero también para la Eurozona. 


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