Economía

El Gobierno de Tsipras promete dimitir si el resultado del referéndum es un 'sí'

El anuncio de que el Gobierno griego dimitiría abre todavía más interrogantes. Mientras que el primer ministro heleno defiende que el coste de salir del euro sería demasiado alto para sus socios, fuentes europeas sostienen que la deuda de Grecia sería asumible. La mano derecha de Tsipras admite que estudian rebajar aún más la cantidad que se permite sacar de los cajeros.

Alexis Tsipras interviene en el Parlamento de Atenas.
Alexis Tsipras interviene en el Parlamento de Atenas. EFE

Por si no había incertidumbre, toma dos tazas. Alexis Tsipras sugirió este lunes que abandonaría el cargo si el resultado del referéndum era un 'Sí' a la propuesta de los acreedores europeos. "No voy a ser un primer ministro para todas las condiciones y todos los tiempos. (...) No podría aplicar el programa", declaró el primer ministro griego en una entrevista concedida a la televisión pública después de que su mano derecha ya hubiese prometido horas antes que el Ejecutivo dimitiría en caso de perder el plebiscito. Con tal de impulsar el voto en contra de las medidas que exige Bruselas,el líder de Syriza apostó duro a la carta de su popularidad como jefe del Gobierno.

¿Significaba acaso esa declaración que daba un paso más en su loca carrera hacia el dracma en lugar de la moneda única? Pues al parecer no. Tsipras argumentó que Grecia no saldría del euro si los helenos rechazaban en el plebiscito el programa de ajuste planteado por las instituciones. "El coste sería enorme", comentó. Es más, razonó que cuanta más gente votase el 'No', mejor posición tendría el Gobierno en la mesa de negociación. El órdago griego tomó unas dimensiones todavía mayores. Y no es de extrañar que unas horas antes Juncker acusase a los dirigentes helenos de no decir la verdad a sus ciudadanos.

De acuerdo con fuentes europeas, pese a las brutales cantidades manejadas, el impago de Grecia a los Estados miembros no sería un problema imposible de gestionar. Si bien las cantidades alcanzan el entorno de los 200.000 millones de euros, los vencimientos se sitúan de media en los 30 años y, por lo tanto, permiten ir amortizando con tiempo la pérdida en pagos fraccionados.

Tras el impago al FMI, el BCE puede verse obligado a dar una vuelta más de tuerca a la financiación de los bancos griegos, aplicándoles una quita aún mayor a las garantías que ponen para tomar prestado

Pero ahí no quedó la cosa. Por boca de Nikos Papas, la mano derecha de Tsipras, el Gobierno de Syriza también confesó que el Ejecutivo estaba estudiando rebajar la cantidad máxima que los griegos podían sacar del cajero, en estos momentos en los 60 euros al día. Es decir, ni siquiera el límite de 60 euros bastaba para mantener a los bancos helenos en pie. El cariz que tomaba la cuestión griega era muy, muy malo. Máxime cuando después del impago al FMI el BCE puede verse obligado a dar una vuelta más de tuerca a la financiación de los bancos griegos, aplicándoles una quita aún mayor a las garantías que ponen para tomar prestado y, en consecuencia, restringiéndoles todavía más la liquidez.

¿Más incertidumbre?

Aunque completamente lógico y coherente, el anuncio de que el Gobierno dimitiría abre todavía más interrogantes. ¿Implica esto que habría que convocar elecciones de inmediato alargando lo que ya de por sí era un tortuoso proceso? ¿Se formaría un Ejecutivo de tecnócratas porque los partidos en Grecia son incapaces de adoptar las reformas? ¿O se forjaría una nueva coalición más amplia en una suerte de Gobierno de unidad nacional? No olvidemos que una vez que Argentina aprobó un corralito entró en una espiral de inestabilidad política tal que le llevó a contar con cinco presidentes en unas dos semanas.

Varoufakis había intentado trasladar una cierta tranquilidad asegurando que el Ejecutivo aplicaría el ajuste de salir el 'Sí'. De sus palabras se infería que algunos de los ministros más reacios a las medidas saldrían y que se buscarían de socio de coalición un partido a favor de las medidas como To Potami, una formación de nuevo cuño que viene a ser el equivalente de nuestro Ciudadanos. Sin embargo, esta declaración desbarata ese escenario. Aunque en realidad probablemente se trate de un alivio para los acreedores, quienes ya no confían en la credibilidad de Tsipras para poner en marcha las reformas. O sea, que de hecho facilitaría la posibilidad de llegar a un acuerdo una vez los griegos diesen su visto bueno.

No en vano, los dos primeros sondeos conocidos arrojaban un apoyo mayoritario al 'Sí'. En uno publicado por el diario Proto Thema los partidarios de aceptar la terapia de austeridad alcanzaban el 57 por ciento de los encuestados frente a un 23 por ciento en contra. Y en otra difundida por el rotativo To Vima también ganaba el 'Sí' con un 47 por ciento frente a un 33 por ciento. El propio Varoufakis había reconocido después del Eurogrupo que era bastante probable que la gente votase por el ajuste a pesar de que el Gobierno orquestase una campaña en contra.

El propio Varoufakis había reconocido después del Eurogrupo que era bastante probable que la gente votase por el ajuste a pesar de que el Gobierno orquestase una campaña en contra

No obstante, las dos cifras quedan bastante por debajo del 70 u 80 por ciento que normalmente quiere permanecer en el euro. De ahí que los líderes europeos saliesen en tromba para argumentar que la votación sobre las condiciones del rescate era en verdad un referéndum sobre la pertenencia o no al euro. Sea como fuere la pregunta, Hollande, Renzi y Juncker afirmaron que un 'No' podría dejar a Grecia fuera de la moneda única.

Por su parte, Merkel ofreció una zanahoria al decir que volvería a negociar con los griegos si respaldasen la propuesta de ajuste de los acreedores. Dicho esto, para los alemanes todavía es muy importante que los helenos demuestren su compromiso con las reformas. Y una encuesta en territorio germano revelaba que un 90 por ciento de los tudescos se muestra dispuesto a echar a los helenos de la zona euro, una opinión que lo ponía todo más difícil a la canciller Merkel, en demasiadas ocasiones tildada de blanda con Atenas.

Otra vez inmersos en un rearme de los países de la Europa del Este frente a Rusia, los estadounidenses Obama y Lew también presionaron a Merkel para que no suelte el lastre heleno del euro.

Pánico en la bolsa

Como era previsible, el pánico vendedor volvió este lunes a los mercados. La bolsa experimentó un batacazo del orden del 4,5 por ciento, perdiendo unos 28.000 millones de capitalización en una sola jornada, algo no visto desde el turbulento agosto de 2012. En cambio, la prima de riesgo se disparó a primera hora de la mañana hasta los 180 puntos para luego descender y cerrar en los 155 puntos. De acuerdo con los traders consultados, el BCE se empleó a fondo, comprando en masa en el mercado con el fin de paliar el incremento de la prima de riesgo. Y el euro acabó la jornada en unos niveles similares a los del comienzo de la jornada, si bien la razón estriba en que hay mucho inversor apalancado en euros que cierra posiciones en productos de riesgo y las cobra en euros, aumentando por tanto la cotización de la moneda única europea.

De acuerdo con los traders consultados, el BCE se empleó a fondo, comprando en masa en el mercado con el fin de paliar el incremento de la prima de riesgo

"Se respira cierta complacencia. Aunque nadie podía imaginar que llevarían el órdago tan lejos, por lo general los inversores consideran que Grecia lo está empujando al extremo para poder lograr una reestructuración de la deuda. Por ejemplo, que el fondo de rescate se quede con todos los vencimientos de los próximos tres años. Sin embargo, con las elecciones de España en el horizonte es imposible que eso se permita", sostiene un empleado de banca de inversión.

Con los bancos secos de dinero, las compras pospuestas por la incertidumbre o el agotamiento de productos básicos en previsión del caos, una semana de corralito bien podría convencer a muchos helenos de que deben votar por seguir en el euro. Pero aún así, el voto al 'No' también tiene algunas posibilidades de ganar. Sólo que eso se interpretaría fuera de Grecia como un rechazo al euro. El BCE se vería obligado a quitar la liquidez a la banca y la economía sería harto difícil estabilizar en tanto en cuanto el país siguiese en la moneda única. La única forma de apuntalar la banca y pagar a funcionarios, jubilados y proveedores consistiría entonces en emitir una voluta paralela o pagarés en medio de una fuerte devaluación acompañada de la hiperinflación, lo que en consecuencia depararía una drástica pérdida de poder adquisitivo.


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