Economía

Por qué esta vez la salida de Grecia no sería un problema

La historia siempre se repite con matices. No es la primera vez que el Gobierno griego enfila el peligro de salir del euro. En el verano de 2012, Samaras ya se resistió a cara de perro al paquete de rescate de la Troika. Sin embargo, en esta ocasión la 'Grexit' podría entrañar menos peligro para Europa. El riesgo es otro…

El presidente de Grecia, Alexis Tsipras
El presidente de Grecia, Alexis Tsipras EFE

La historia siempre se repite con matices. No es la primera vez que el Gobierno griego enfila el peligro de salir del euro. En el verano de 2012, Samaras ya se resistió a cara de perro al paquete de rescate de la Troika. Sin embargo, en esta ocasión la 'Grexit' podría entrañar menos peligro para Europa. El riesgo es otro…

Grecia ya estuvo a punto de ser exiliada del euro. En el pico de la crisis soberana, allá por la primavera de 2012, las declaraciones de ministros alemanes insinuando la expulsión de Grecia se sucedieron en oleadas. Hasta el extremo de que el titular de Finanzas tudesco, Wolfgang Schäuble, sugirió en público que Europa podría sobreponerse a la exclusión de los helenos y que, en cualquier caso, no se podía obligar a los griegos hacer lo que no querían.

Tras haber ganado en junio las segundas elecciones en dos meses, Samaras logra formar Gobierno en Atenas y se declara a favor de seguir en el euro. Sin embargo, se resiste como gato panza arriba a muchas de las medidas del programa de rescate. Y en medio del tira y afloja con los helenos, el titular de Exteriores germano, Guido Westerwelle, manifiesta que la permanencia dentro del euro está “en manos de los griegos”.

Schäuble creía que expulsar a Grecia a la larga sería beneficioso para el resto de Europa porque disciplinaría a los países

Dentro del círculo de Merkel, el hombre que más fervientemente defiende el euro y el proyecto europeo es al mismo tiempo partidario de darle una patada a Atenas. ¿Y cómo se come eso? Pese a su probado europeísmo, Wolfgang Schäuble creía que a largo plazo uniría y disciplinaría al resto. Los demás países se apresurarían a tomar medidas para que esta unión fuese sostenible al ver las consecuencias de no hacerlo en el espejo griego. Además, Merkel podría vender en su país que el peor estudiante de la clase había sido castigado y que se debía establecer un perímetro de protección alrededor de los países que sí cumplen y cuyos rescates serían imposibles de costear, como España e Italia.

Lo mismo opinaba una rama importante del Ejecutivo teutón, que enseguida acabó también sacando a relucir la idea de soltar lastre y hacer una unión europea pequeña, dejando fuera a los países del sur. Y así no es de extrañar que el contagio prendiese por toda la periferia cual gasolina en el fuego...

La resistencia de Samaras

Entretanto, al igual que está haciendo hoy Tsipras, Samaras peleaba por evitar el rescate para gran enojo de los alemanes, quienes encima acababan de financiar la mayor quita de todos los tiempos. Del mismo modo que ahora, el BCE apretó las tuercas y dejó de aceptar los bonos del Estado griego como garantías para dar liquidez a los bancos. Tan pronto se extendiese el pánico, el banco central no podría financiar entidades que considerase insolventes. En aquellas fechas, todos los días llegaba del extranjero un cargamento de billetes directo a la banca helena porque Grecia apenas tenía capacidad de imprimir moneda. El país corría el riesgo de precipitarse al abismo arrastrado por los bancos, una de las amenazas que en la actualidad también se cierne sobre Atenas.

Hasta que el 26 de julio se produce el cambio de rumbo que salva el euro, después de muchas presiones de Estados Unidos para que Europa aproveche al BCE como parapeto contra las turbulencias. Coincidencia o no, Draghi anuncia que hará lo que sea necesario para preservar el euro el mismo día que Barroso visita a Samaras en Atenas. El entonces presidente de la Comisión le insiste al líder griego con que el Gobierno alemán no le brindará otra alternativa: primero tiene que llevar a cabo las reformas y sólo más adelante podrá buscar una flexibilización de las condiciones. En la conferencia de prensa posterior, el portugués proclama la capitulación de Samaras ante Berlín: “El primer ministro me ha asegurado que cumplirá”, declara.

En julio de 2012, Barroso comunicó a Samaras que primero cumpliese y que, más adelante, buscase una flexibilización de las condiciones porque el Gobierno alemán no permitiría otra cosa     

A finales de agosto, la canciller recibe a Samaras en Berlín, lo que supone una señal inequívoca para aquellos que en Alemania querían echar a Grecia del euro. Por si fuera poco, China también interviene. En la cumbre sino-alemana del 30 de agosto, el entonces primer ministro chino, Wen Jiabao, traslada sin rodeos a Merkel que teme que la salida de Atenas azuce el contagio en el sur de Europa y, a la postre, provoque la ruptura de la unión monetaria. En tales condiciones, el antiguo Imperio Celeste no podría colocar sus dineros en Europa.

De modo que la incertidumbre finalmente empujó a Merkel a mantener a Grecia en el euro. El milagroso giro de 180 grados se consuma. En noviembre, al ingresar el desembolso del rescate, Samaras concluye que nunca más Grecia pondrá en peligro al euro… ¿Seguro?

La historia vuelve con Syriza

Casi dos años y medio más tarde, el conflicto de Grecia vuelve a ocupar el foco y amenaza con desestabilizar de nuevo a toda la unión monetaria. Sin embargo, la situación es completamente distinta, o al menos esa es la impresión preponderante en Europa: “Para empezar, Grecia por fin crece. Había que corregir unos desequilibrios brutales y en Bruselas albergábamos bastantes dudas sobre si estos paquetes de rescate tipo FMI podrían aplicarse a un país europeo. Pero ahora la visión generalizada es que los países periféricos están viendo la luz al final del túnel, aunque los ciudadanos tarden en notarlo y todavía estén aguantando muchos sacrificios. En estos momentos, el problema de fondo se halla en Italia y Francia, que también han de adoptar reformas. Pero este proceso no se puede parar. Y lo que sucede en Grecia es alarmante en tanto en cuanto se traslade una señal de que las reformas se van a detener después de semejantes esfuerzos”, explica una fuente europea.

En 2012, el mercado castigaba a la UE porque Grecia abría la puerta a la voladura incontrolada del euro. Sin embargo, mientras que en estos momentos Atenas sufre las turbulencias de los mercados, las primas de riesgo de los demás periféricos se han mantenido estables. Y eso se interpreta en Bruselas como que esta vez los cortafuegos están funcionando. A saber, que ningún país gastará de más porque hay un férreo control fiscal, que los bancos estarán controlados por la supervisión europea y que el BCE será el prestamista de última instancia de los países si hace falta. Esos tres hechos antaño impensables constituyen un claro muro de defensa contra la hipotética salida de Grecia.

A diferencia de lo ocurrido en 2012, las primas de riesgo de los periféricos se han mantenido estables mientras que Atenas sufre las turbulencias de los mercados

A la hora de minimizar los riesgos, otro factor no menor reside en la escasa presencia de acreedores particulares. En Grecia existe poca exposición de la banca privada después de que en octubre de 2011 se practicase la mayor quita de la historia por valor de 200.000 millones, un canje que básicamente consiste en no pagar la deuda durante años merced a una operacion financiada por los Estados europeos con Alemania a la cabeza.

Es más, tras haber orquestado una ingente arquitectura de control, se considera que la UE avanza por el buen camino. Lo único que realmente podría romper el euro es que un país se saltase las reglas y otros lo copiasen, lo que en el fondo daría la razón a las tesis de Schäuble. De acuerdo con esa visión, Grecia debe cumplir con las normas. O lo que es lo mismo, Syriza tiene que capitular para que se pueda salvar la integración europea.

Y este diagnóstico se corrobora con lo que está sucediendo sobre los parqués. En los últimos días, las pocas veces que parecía que el Ejecutivo griego ganaba poder negociador, el mercado heleno repuntaba. Por el contrario, estos movimientos tenían un reflejo prácticamente inverso en las plazas hispanas. Los inversores leían entre líneas que las ideas de Podemos tomaban impulso y, por lo tanto, penalizaban ligeramente a España. Ésa es la lectura que se desprende de los mercados. Precisamente cuando la cosa pintaba mejor, el verdadero contagio que esta vez se teme es que se paren las reformas porque alcancen el poder partidos contrarios al cumplimiento de la disciplina como la formación encabezada por Pablo Iglesias. De ahí la dureza con la que están respondiendo los alemanes y la encerrona que preparan a Varoufakis para el eurogrupo del día 11. Y para muestra un botón: Draghi ya ejerce de poli malo desenchufando el primero de los cables de asistencia de los que se beneficia Grecia por estar en el euro.

Dicho esto, no se espera que la sangre llegue al río en el eurogrupo. Los propios griegos son conscientes de que lo que se juegan. De salir del euro, saben que sus ahorros se desvanecerían, que el Estado no podría pagar ni nóminas ni pensiones, y que las rentas más bajas perderían muchísima capacidad adquisitiva al redenominarse todo en dracmas. En cambio, los ricos que hayan sacado sus euros siempre podrían retornar y comprarse el país a precio de saldo.

Lo que ahora se considera que puede romper el euro es que un país se salte las reglas y ese fenómeno se extienda a otros

No en vano, el Gobierno de Syriza ha tenido que ceder en la cancelación de la deuda al negarse a ello todos y cada uno de los socios europeos, incluidos Francia e Italia. Y en otro paso atrás, el ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, explicó ante el propio Schäuble que dos tercios de las medidas de la troika le parecían adecuadas.  

En cuanto a la deuda, parece claro que no habrá muchas modificaciones salvo alguna rebaja de intereses y alargamientos de plazos: “Bonos ligados al crecimiento y deuda perpetua… ¿Estamos de broma? Pero si no tienen que pagar nada durante años y los intereses son bajísimos. Se les puede rebajar un poco la carga financiera, pero en el fondo estamos haciendo unos bonos perpetuos dándole patadas hacia delante. Y ello sin decírselo a los votantes del norte, cosa que es un problemón para Merkel con la extrema derecha robando votos allí, en Finlandia y en Holanda”, comenta una fuente cercana al Gobierno español.

Las líneas rojas de Syriza donde todo se puede torcer se hallan en la Troika y el memorando de medidas. Si bien la Troika puede sustituirse por otro policía, la vigilancia resultará imprescindible. Y, por supuesto, Syriza tendrá que aplicar todas las iniciativas previstas en el programa para que luego se le hagan concesiones en materias como la inversión, el déficit o las ayudas a los más necesitados. Este domingo Tsipras presentará su programa de gobierno al Parlamento, un discurso en el que se espera que brinde más claves de lo que pretende.

Aunque parezca que asistamos a una farsa repetida, los cambios que se han operado en Europa harán que sea mucho más difícil para los griegos extraer concesiones, tal y como se ha visto en la poco exitosa gira relámpago de Tsipras y Voroufakis, la cual ha terminado con el BCE cerrándoles uno de los grifos. La lección que podrían aprender de Samaras se resume en lo que le dijo Barroso en julio de 2012: primero cumplid y luego se os concederá más flexibilidad.


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