Economía

El Eurogrupo a Varoufakis: "Cualquier cesión necesitaría el OK de nuestros Parlamentos"

La carrera contrarreloj ha comenzado. El Eurogrupo exige a Atenas que pase por el aro del rescate porque cualquier otra cosa tendría el severo escrutinio de los Parlamentos nacionales y podría plantear la necesidad de nuevos desembolsos de los Estados.

El ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis
El ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis Efe

El ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, trasladó este miércoles a sus homólogos de la zona euro que tenía un mandato popular para cambiar los términos del rescate. Sin embargo, según relatan fuentes al tanto de las conversaciones del Eurogrupo, éstos le contestaron al heleno que cualquier concesión tendría que recibir el visto bueno de sus respectivos Parlamentos. Y es más: le explicaron que las Cámaras nacionales apenas contaban con tiempo para poder aprobar la ayuda antes de que acabe el programa de rescate el 28 de febrero. O dicho de otro modo, Atenas debería aceptar sin falta el rescate que le ofrece el Eurogrupo el próximo lunes. El margen para llegar a un acuerdo se antoja muy estrecho...    

Se trataba de un Eurogrupo de toma de contacto. Los ministros de Finanzas de la eurozona tan sólo se habían puesto como misión escuchar las propuestas de Varoufakis. Este miércoles no había por qué sellar acuerdo alguno. Pero en el transcurso de la reunión el presidente del Eurogrupo se empeñó en que se alcanzasen al menos algunas conclusiones políticas. Dijsselbloem simplemente quería unas líneas generales que sirviesen a los técnicos avanzar con los detalles. Y precisamente ahí se atascó la reunión.

Según explican fuentes conocedoras de las conversaciones, se redactaron hasta tres borradores. Por cada uno de ellos, el ministro de Hacienda griego tuvo que salir de la sala y llamar por teléfono a Alexis Tsipras. Y por supuesto la respuesta del primer ministro fue un no, no y no. Para él era una cuestión irrenunciable: no aceptaría nada que sonase ni por asomo a otro rescate.

En el tercer y último intento de esbozar un comunicado, los ministros dieron un ultimátum a Varoufakis al filo de la medianoche: o se acepta el texto tal cual o no hay comunicado. Schäuble, Draghi, el finlandés, el austriaco y Guindos ni siquiera esperaron a la respuesta de Tsipras vía Varoufakis. Sabían que el líder griego volvería a negarse y encima les quedaba poco tiempo para poder coger el avión antes de la una de la madrugada, hora límite para los despegues. Así que a volar se fueron con el fracaso de las conversaciones en la mochila…

Los Parlamentos nacionales cuentan con muy poco tiempo para poder aprobar cualquier cesión que se le otorgue a Grecia. Es decir, Atenas debería aceptar el rescate en el Eurogrupo del próximo lunes. 

Los borradores del comunicado del Eurogrupo se consensuaron en torno a unas líneas generales de reformas. Pero encallaron en el último punto. En éste se ponía blanco sobre negro que el anterior rescate era el modelo sobre el que se trabajaría. Básicamente, se pretendía que los técnicos trabajasen sobre ese paquete de medidas y examinasen cuáles podían revisarse y cuáles había que aplicar sí o sí. O sea, el rescate continuaba, y eso era una bomba a punto de explotar para los griegos.

Todos los países sin excepción argumentaron a Varoufakis que sólo mantendrían su exposición a Grecia si había una continuación del programa de rescate y, por lo tanto, una condicionalidad que asegurase que los esfuerzos pecuniarios no se tiraban por el desagüe. Por no hablar de la necesidad de evitar un precedente altamente peligroso para la supervivencia de la eurozona. Imagínense qué ocurriría si todos los países se ponen a incumplir siguiendo el ejemplo griego.

No hay problema con cambiar la terminología del flotador europeo y sustituir el vocablo ‘programa de rescate’ por ‘contrato’, o el de ‘la Troika’ por otro como ‘las instituciones’. Es más, la palabra Troika ni siquiera aparece en los tratados. También se puede brindar un poco de tregua a Atenas con la reducción del déficit. Sin embargo, los países que están aportando dinero no pueden renunciar al control de lo que están haciendo los griegos, ya sea con la OCDE o de cualquier otra forma. Los Parlamentos sencillamente no le darían un pase.

Este jueves Tsipras y Dijsselbloem lograron desbloquear las conversaciones y pusieron a trabajar a los técnicos para que intentasen hallar algún terreno común. Todos esperan que, a la postre, se suscribirá algún tipo de entendimiento. Pero los problemas que hay que sortear se antojan harto considerables.

Los ministros del Eurogrupo insisten en que el rescate no se ha concluido. Todavía hay que cerrarlo cumpliendo con todas las reformas pendientes. Así se podrían desembolsar los 7.000 millones del programa de ayuda y unos 10.000 millones con los que recapitalizar bancos. “Lo lógico sería que el programa prosiguiese y que más adelante se pudiese renegociar”, explican fuentes europeas.

La única forma de orquestar un crédito puente consiste en que los Estados tengan que poner más dinero o recurrir a la ingeniería legal para saltarse las normativas europeas y nacionales. Grecia no entiende que no hay instrumentos legales con los que atender sus peticiones de liquidez

Pero los griegos quieren alejar el fantasma del rescate cuanto antes. Tratan de evitar sacrificios como un ajuste en las pensiones. Y precisamente por eso ansían con tanto ahínco un crédito puente que les permita ganar tiempo con el que negociar una reestructuración de la deuda y, sobre todo, unas condiciones más laxas.    

No obstante, el problema con el que se topan los ministros de la eurozona es a todas luces evidente: ¿de dónde voy a sacar el dinero para el crédito puente? El presidente del Bundesbank ya ha dejado muy clarito que el BCE no va a poner fondos para financiar el crédito puente como había pedido Atenas. Y el mecanismo de rescate no puede prestar recursos a un Estado a menos que haya un programa de rescate de por medio. Al menos así lo recoge su estructura legal. Así las cosas, la única alternativa para financiarse consiste en la emisión de letras del Tesoro heleno. Pero, ¿quién se los va a comprar?, ¿unos bancos griegos hasta las cejas de deuda soberana? El propio Samaras intentó escapar del programa de rescate en noviembre de 2014. Pero los mercados se pusieron nerviosos, la prima de riesgo se disparó y, al final, se abortó el plan. Los inversores entendieron que Samaras quería salir del rescate con tal de evitar los ajustes necesarios para hacer sostenibles las cuentas e impulsar la economía.  

Así que no queda otra. La única forma de orquestar un crédito puente se basa en que o bien los Estados tiene que poner más dinero, o bien tiene que recurrir a la ingeniería legal para saltarse todo tipo de normativas europeas y nacionales. Grecia no entiende que sencillamente no hay instrumentos legales en la UE con los que atender sus peticiones de liquidez temporal… Perdón, sí que los hay, pero se llaman programa de rescate. O llámese X. Cualquier otra cosa que no sea el rescate tendría el severo escrutinio de los Parlamentos nacionales y podría plantear la necesidad de nuevos desembolsos de los Estados. El tiempo es escaso y el margen de maniobra limitado. De momento, ante las fugas de capitales, el BCE ya ha tenido que ampliar en otros 5.000 millones de euros la provisión de liquidez a los bancos griegos ante las fugas de capitales.


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