Economía

Merkel y Tsipras intentan desbloquear las negociaciones con una llamada telefónica

Las conversaciones se desarrollan al máximo nivel para encontrar por fin una solución en el Eurogrupo de este viernes. A la desesperada, Hollande, Renzi y Juncker también mantienen conversaciones telefónicas con el primer ministro griego. Pero el problema reside en que los germanos no se fían de los helenos. 

La canciller alemana, Angela Merkel
La canciller alemana, Angela Merkel EFE

Tic, tac, tic, tac. Este viernes acaba el plazo para que la UE alcance un acuerdo que extienda durante unos seis meses más la ayuda financiera a Grecia. Y una llamada podría acabar siendo decisiva a la hora de desatascar una situación endiablada. Merkel y Tsipras han mantenido una conversación telefónica durante casi una hora. Hollande también ha hablado con el primer ministro griego. Y lo mismo han hecho el italiano Renzi y el presidente del eurogrupo, Jean Claude Juncker.

Las discusiones han saltado al más alto nivel en un intento a la desesperada de limar posiciones de cara a la reunión del Eurogrupo que tendrá lugar este viernes en Bruselas y que tiene la misión de sellar por fin el acuerdo de rescate de Grecia…  

Pese a su actitud díscola, el Gobierno heleno ha tenido que claudicar y formalizar por carta la petición de asistencia financiera a la UE. No tenía más remedio conforme comprueba el estado de sus cuentas públicas y la pérdida de depósitos que sufren sus bancos.

Sin embargo, los alemanes han respondido enseguida que la petición era un ‘caballo de Troya’, que no se fiaban de los griegos y que bastaban con tres puntos en su carta: una, pedir la extensión del rescate. Dos, comprometerse a cumplir con todas y cada una de las medidas impuestas por el actual rescate. Y tres, no acometer ni un solo cambio a menos que lo hayan negociado.  

Tsipras ha apelado a la canciller Merkel, quien ha demostrado ser un poquito más blanda que Schäuble con los griegos. Además de más alérgica al riesgo

Visto el rechazo, Tsipras ha apelado a la canciller Merkel, quien ha demostrado ser un poquito más blanda que Wolfgang Schäuble con los griegos. Además de más alérgica al riesgo. No en vano, ya decidió a mediados de 2012 salvar a Grecia contra el criterio de su ministro de Finanzas. Se pueden imaginar ahora perfectamente al titular de la Hacienda alemana comentando a Merkel desde su silla de ruedas que estos griegos son incorregibles y que él ya se lo había dicho.

Lo que parecía un mero juego negociador para los nuevos gobernantes griegos ha suscitado una profunda desconfianza entre los alemanes. En Berlín simplemente dudan de la voluntad de Syriza de implementar las reformas una vez se haya firmado el nuevo paquete de salvamento.

A pesar de que en Alemania no quieran expulsar a Atenas, en el fondo muchos están convencidos de que si los griegos salen del euro al final será mejor para el resto. Como hemos apuntado, ya se lo plantearon en 2012 cuando ni siquiera existían todos los instrumentos que hay ahora para atajar un ataque de los mercados contra el euro. Las compras del BCE de deuda soberana, la unión bancaria o los procesos de déficit excesivo suponen una garantía de unidad que no existía antes. Es más, consideran que si Grecia abandona se disciplinaría ‘ipso facto’ al resto al verse retratados en el espejo griego.

Un 54 por ciento de los germanos considera impertinente la actitud de Tsipras y Varoufakis. Y un 41 por ciento los ve unos ingenuos

Las encuestas tampoco ayudan. En Alemania un 41 por ciento quiere que se eche a los griegos frente al 51 que quiere que se queden, unas cifras que sin duda preocupan a Merkel a la hora de elaborar sus cálculos electorales. Sobre todo después de que los euroescépticos del AfD le hayan restado a su partido bastantes votos en las pasadas elecciones en Hamburgo. Por no hablar de que un 54 por ciento de los germanos considera impertinente la actitud de Tsipras y Varoufakis. O un 41 por ciento los ve unos ingenuos.

Pero incluso así. Los griegos no desisten y en su misiva dirigida a las instituciones europeas pretenden tomar el dinero con unas condiciones algo suavizadas. De cara al electorado doméstico, aspiran a llamarlo crédito puente en lugar de extensión del rescate, un concepto que se llame como se llame será una extensión del rescate para no obligar a Merkel a cambiar todo el formato legislativo y tener que justificarlo en Alemania ante el Parlamento.    

No habrá Troika, pero sí que lo inspeccionarán todo el FMI, el BCE y la Comisión Europea. Es decir, toma otra dosis de Troika por mucho que le cambiemos el nombre.

Syriza cede en muchas de las cosas que había prometido que no haría antes de las elecciones

Aunque se resistan en las privatizaciones, ahí seguramente terminen cediendo. Y las líneas rojas que de verdad intentarán defender este viernes se perfilan en capítulos como no tocar las pensiones más bajas, no subir el IVA y no desarrollar una reforma laboral. A cambio, ofrecen pagar la deuda y no tomar medidas unilateralmente. Se comprometen a un superávit antes del pago de intereses del 1 por ciento en lugar del 3 por ciento que le exige Berlín. Y aspiran a compensar algunas de sus medidas con impuestos a los ricos y la lucha contra el fraude, unas cifras que tienen un cierto tufillo a wishful thinking o autoengaño. O sea, que al final ceden en muchas de las cosas que habían prometido que no harían antes de las elecciones.

Sin embargo, no bastará con eso. Por más que se rebelen, las reformas son un asunto incuestionable para los teutones. A falta de una verdadera integración europea, los países deben ser competitivos y mantener sus costes laborales ligados a la productividad para no acabar generando nuevos desequilibrios. A sus ojos es inconcebible que un griego cobre un 30 por ciento más que un polaco pero sea un 10 por ciento menos productivo. Eso es la receta para el desastre. O se ajustan por la vía salarial o tienen que ajustarse vía tipo de cambio tras haber abandonado el euro. Así de duro.

A juicio de los germanos, los griegos ya han hecho lo más difícil y vuelven a crecer. Los casos de España, Portugal e Irlanda demuestran que las reformas funcionan, consideran. Conforme cumplan los griegos, los alemanes pueden mostrarse más receptivos a la flexibilización de las condiciones. Pero por el momento los tudescos han endurecido sus posturas. Este jueves incluso querían retirar 10.000 millones que tenían apartados para la banca griega por si los precisaba y que Syriza quería destinar a usos sociales.

Y el otro lado de la pinza viene de Francfort. A pesar de que el Banco de Grecia haya solicitado al BCE unos 10.000 millones más para sus entidades, Mario Draghi sólo concederá unos 3.300 millones adicionales mediante la provisión de liquidez conocida como ELA, dejando a la banca griega al borde la asfixia y recordándole todo el tiempo que depende de la generosidad de las instituciones europeas para no caer en el corralito.  


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba