Economía

La otra quita: Grecia se ahorra 8.500 millones al año en intereses gracias al rescate de todos los europeos

¿A cuánto ascendió el pago de intereses del Gobierno heleno en 2011? Pues a la friolera de unos 12.000 millones de euros, cerca del 6,8% del PIB según datos de la OCDE. ¿Y a cuánto ascenderá en 2015 según las casas de análisis? Pues al entorno del 2% del PIB, unos 3.500 millones. Es decir, el rescate europeo ha recortado la rúbrica de los costes financieros en 8.500 millones al año. Ésa es la quita encubierta de la que nadie habla...

El nuevo primer ministro griego, Alexis Tsipras
El nuevo primer ministro griego, Alexis Tsipras EFE

Grecia se ahorra todos los años unos 8.500 millones de euros en intereses gracias a las rebajas que le ha brindado la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF o EFSF por sus siglas en inglés). Esta cifra representa aproximadamente el 4,5 por ciento del PIB heleno y equivale a todo el gasto que desembolsa Atenas en el capítulo de educación, según los datos difundidos por las propias instituciones europeas.

¿A cuánto ascendió el pago de intereses del Gobierno griego en 2011? Pues a la friolera de unos 12.000 millones de euros, cerca del 6,8 por ciento del PIB según datos de la OCDE. ¿Y a cuánto ascenderá el pago de intereses en 2015 según las previsiones de las casas de análisis? Pues al entorno del 2 por ciento del PIB, unos 3.500 millones. Es decir, Grecia había entrado en una espiral insostenible de cada vez mayores costes financieros que el rescate europeo ha conseguido mitigar en unos 8.500 millones. Hasta el punto de que ahora el Ejecutivo heleno abona en porcentaje del PIB muchos menos intereses que cualquier otro país de la periferia, incluido España que se gasta sobre el 3 por ciento del PIB, unos 30.000 millones de euros. Es más, en proporción al PIB, Atenas desembolsa por la partida de costes financieros casi lo mismo que Francia y la mitad que Italia, Irlanda o Portugal.    

Tal y como expone Syriza, es cierto que sólo el 10 por ciento de los 250.000 millones que ha prestado la Troika se han destinado a gasto no financiero y, por lo tanto, a necesidades del Estado griego. Para colmo, la deuda ha aumentado en 20 puntos del PIB durante todo el proceso de rescate. Ahora bien, también es igualmente cierto que se ha dedicado un 20 por ciento del PIB a recapitalizar la banca griega. Y que el resto se ha empleado en sustituir deuda en manos privadas por deuda de agentes públicos. Aunque nunca se explique, tamaño intercambio ha supuesto una descomunal ventaja para los helenos, porque los acreedores públicos han sido capaces de propinar una gran patada hacia delante a buena parte de los vencimientos y bajar decididamente todo el gasto en intereses. Hasta en cuatro ocasiones se han reestructurado las condiciones de financiación de Grecia. Ésa ha sido la gran operación de ingeniería financiera orquestada para hacer sostenible la deuda pública helena.

Grecia abona en porcentaje del PIB muchos menos intereses que cualquier otro país de la periferia, incluido España

El nuevo Gobierno liderado por Alexis Tsipras puede argumentar que el volumen de la deuda griega es sencillamente impagable al situarse en el 175 por ciento del PIB. Sin embargo, un país como Japón la tiene en cotas superiores y nadie en el mercado la trata como si fuese insostenible. La clave reside en los plazos de vencimiento y en lo que abonan de intereses. Los japoneses cargan con una deuda del 250 por ciento del PIB, pero su rúbrica de costes financieros tan sólo asciende al 1 por ciento del PIB y eso la convierte en una cantidad manejable.

En el caso de Grecia, el fondo europeo de rescate tiene el 44 por ciento de toda la deuda pública griega. Pues bien, sobre toda esa deuda Atenas no tendrá que pagar intereses durante 10 años merced a una moratoria. Además, todos los intereses que debería abonar al BCE en realidad se le devuelven a Grecia. De tal forma que con esas dos ayudas el capítulo de intereses se recorta a prácticamente la mitad, desde el 4 al 2 por ciento del PIB.

Y la asistencia europea no acaba ahí. El primer préstamo que se aprobó para salvar a Grecia se hizo con dinero contante y sonante de todos los países europeos. Se trataba de lo que en la jerga se llaman préstamos bilaterales. Y esos créditos se están cobrando a un interés de euribor más 0,5 por ciento. Una vez se tienen en cuenta todas estas facilidades, Grecia en realidad paga un interés medio menor que España, Italia, Irlanda o Portugal.

Los acreedores públicos han dado una gran patada hacia delante a todos los vencimientos y han bajado mucho los intereses. Ésa ha sido la operación de ingeniería financiera orquestada para hacer sostenible la deuda griega

Por si fuera poco, los vencimientos se han alargado muchísimo. Sólo los bonos del FEEF disponen de un vencimiento medio de 32,4 años. Y así se consigue que el vencimiento medio de Grecia se sitúe en los 16,5 años, el doble que la propia Alemania. O lo que es lo mismo, entre intereses y alargamientos de plazos, la deuda que tiene el fondo de rescate europeo se ha recortado en valores presentes en un 40 por ciento, una quita encubierta de la que no se suele hablar cuando se trata el asunto de Grecia. No es de extrañar que los políticos alemanes suelan escamotear este dato del debate público para no enfrentarse a la indignación de sus votantes.

A fuerza de reducir el valor real mientras se mantiene el nominal, el impacto de la deuda sobre la economía griega se ha reducido sensiblemente. Y en estos términos la discusión sobre el nivel de deuda ahora mismo no viene al caso. Podría incluso decirse que se antoja irrelevante por la sencilla razón de que Grecia no tiene que devolver la mayor parte de la deuda en mucho tiempo, al menos durante la próxima década.

Entre intereses y alargamientos de plazos, la deuda que tiene el fondo de rescate europeo se ha recortado en valores presentes en un 40%, una quita encubierta de la que no se suele hablar cuando se trata el asunto de Grecia

Para muchos países de la periferia puede resultar un tanto duro de encajar que se le conceda más ayuda a Grecia cuando los helenos ya hacen frente a menos intereses que los españoles o los italianos. No olvidemos que España tuvo que hacer el sacrificio de poner 6.500 millones recabados de los mercados para el primer flotador de Grecia en un momento de turbulencias financieras. Y luego ha aportado garantías para las emisiones del fondo de rescate europeo por valor de más de 18.000 millones. Junto a otras transferencias de menor cuantía, el total de exposición que España ha acumulado para apoyar a Grecia alcanza los 26.000 millones de euros, el equivalente a todo lo desembolsamos en un año en prestaciones de desempleo. Si Grecia incurriese en default, los españoles tendríamos que hacer frente a ese agujero y costearlo con nuestros presupuestos.

En cuanto a Alemania, necesita aprobar cualquier ayuda a Grecia en su Parlamento y no puede aceptar muchas más alegrías porque considera que enseguida tendría llamando a la puerta a Irlanda, Portugal, España, Italia o Francia.

Por otra parte, la salida del euro es algo que ningún griego quiere. Entienden perfectamente que habría un corralito en cuanto se quedasen sin la financiación en euros del BCE a sus entidades. El valor de sus ahorros se hundiría. El ajuste fiscal que habría que abordar a continuación sería todavía más oneroso. Las fortunas que hubiesen sacado sus fondos del país en la divisa única retornarían más tarde para comprarlo todo a coste de saldo mientras que la capacidad adquisitiva de las pensiones o de los salarios tocaría suelos no conocidos en décadas. Por no hablar de que sin el flotador europeo Grecia tendría que financiar unos 10.000 millones en los mercados, un hito harto imposible sin el paraguas de la UE.

El total de exposición que España ha acumulado para ayudar a Grecia alcanza los 26.000 millones de euros, el equivalente a todo lo desembolsamos en un año en prestaciones de desempleo   

Así las cosas, el espacio para consensuar acuerdos parece estrecho. Nada de quitas del nominal de la deuda. Pero aún así hay algunas posibilidades. Europa puede acordar nuevos aplazamientos para los vencimientos. Puede suprimir sin incurrir en pérdidas el 0,50 que cobran sobre euribor en los préstamos bilaterales. Y puede conceder mayores carencias en los intereses. En camino está además la inyección del BCE y los fondos que puedan invertirse fruto del Plan Juncker.

Dicho esto y de acuerdo con los números de Royal Bank of Scotland, el asunto más peliagudo será el ajuste de 2.500 millones de euros que Grecia debería abordar en 2015 para ceñirse a los objetivos fijados por la Troika. Sin duda, ése se convertirá en uno de los elementos de discusión en las próximas semanas, sobre todo porque para salvar la cara Tsripas tendrá que disponer de cierto margen con el que poder gastar en los más pobres, ya sea en reducir la factura eléctrica o en cartillas de alimentos. La esperanza de que la caída del petróleo impulse un crecimiento por encima de lo esperado podría hacer el resto para que la sangre no llegue al río y las dos partes acaben sellando un acuerdo.  

En cualquier caso, lo que es innegociable e incluso acepta Syriza es la necesidad de adoptar reformas para recuperar su competitividad, máxime cuando se trata del único país de la periferia que no ha aumentado con fuerza sus exportaciones.


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