Economía

La Unión Europea y Syriza acercan posturas días antes de las elecciones griegas

Tres días después de que el BCE anuncie su plan de expansión monetaria, los ciudadanos helenos acudirán a las urnas. Por si acaso, Bruselas, Berlín y Syriza ya han comenzado a moderar su lenguaje para evitar la Grexit.

Entramos en la semana decisiva de las elecciones griegas que se celebrarán el 25 de enero, apenas tres días después de que el BCE presumiblemente haya anunciado una ronda de expansión monetaria. Si el partido de nuevo cuño Syriza consigue mantener su ventaja en las encuestas, su rechazo a la austeridad podría abrir un nuevo periodo de incertidumbre que incluso podría acabar con una salida de Atenas del euro.

Sin embargo, tanto en el Gobierno español como en Bruselas confían en que la sangre no llegue al río. “La situación es mucho mejor en términos de esfuerzo. Gran parte del ajuste se ha llevado a cabo y lo que queda por hacer es mucho menor. Quizás su mayor reto consista en mejorar el rendimiento de sus exportaciones”, comentaba un miembro del Ejecutivo español en privado.

En primer lugar, el BCE ayudará a calmar a los mercados con su anuncio de una nueva inyección monetaria tan sólo tres días antes de la votación. Por otra parte, las posturas en Berlín y Bruselas se han flexibilizado y ahora las autoridades parecen dispuestas a elaborar algunas concesiones, si bien siempre que no se detenga el esfuerzo reformista.

Y el primero que ha moderado su retórica ha sido el líder de Syriza, Alexis Tsipras, máxime cuando en las últimas semanas el apoyo de los griegos a la permanencia en el euro ha subido en las encuestas del 70 al 80 por ciento de los entrevistados. Nadie ni en Atenas ni en toda Europa quiere que Grecia abandone el euro. Los propios teutones levantaron el pie de la presión sobre Grecia a mediados de 2012 cuando chinos y estadounidenses les advirtieron de que Europa sufriría muchas dificultades para colocar su deuda si se trasladaba la impresión de que el euro era una construcción perfectamente reversible. 

Tras unos mensajes iniciales filtrados a la prensa en los que presuntamente Berlín y Bruselas flirteaban de nuevo con la idea del 'Grexit', el lenguaje duro ha cedido el paso a las sugerencias de puntos de encuentro. Por más que se insista en que un endeudamiento público del 175 por ciento del PIB es impagable, el problema de Grecia no es la deuda. La discusión sobre el nivel de deuda en estos momentos no viene al caso e incluso podría decirse que es irrelevante. La mayor parte de esos títulos se encuentran en las manos del fondo de rescate europeo y del FMI. Tales préstamos exigen unos tipos ligeramente por encima de los intereses que paga Alemania y por debajo de los que abona Francia. Sus plazos de vencimiento se han alargado hasta los 30 años de media. Y los intereses en muchos casos tienen una carencia de hasta 10 años. Como consecuencia, durante la próxima década Grecia realmente no tiene problemas para devolver deuda.

Es más, ha alcanzado el superávit primario una vez se descuenta el coste de los intereses, lo que significa que el déficit que genera se puede pagar con lo que crezca la economía. Y los indicadores ya dan muestras de que el crecimiento se está reactivando.

El problema no es la deuda porque, como ya hemos indicado, no hay que pagarla durante mucho tiempo. Pero además siempre se le podría volver a dar una patada hacia delante alargando aún más las carencias y los plazos. A modo de zanahoria, en Europa incluso ya están dispuestos a abrir la mano y retrasar aún más los vencimientos. Sólo en lo que respecta al fondo de rescate europeo estas medidas para facilitar la devolución de la deuda ya han supuesto una quita encubierta del 40 por ciento del valor presente de la deuda griega que tienen y unos ahorros anuales en intereses de más del 4 por ciento del PIB heleno, es decir, el equivalente a todo el presupuesto de educación de Grecia.

La reestructuración de la deuda no es por tanto algo perentorio. Para Syriza el problema más bien reside en que pretenden disponer de más margen con el que gastar y, por ende, generar más déficit. Sin embargo, ahí es donde Alemania no va a ceder. Para los germanos, ésas son precisamente las políticas que devolverían a Grecia a los hábitos que provocaron el colapso. Y Berlín tampoco puede aceptar mucho más espacio para la maniobra con el déficit porque enseguida tendría llamando a la puerta a Irlanda, Portugal, España, Italia o Francia.

El propio ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, dejó meridianamente claro que quienquiera que gane en las elecciones griegas no podrá prometer muchas alegrías. Y la verdad es que las autoridades europeas tienen la sartén por el mango. El Banco Central Europeo ya ha manifestado que Grecia tiene que ceñirse a sus compromisos si quiere seguir recibiendo asistencia financiera. En fechas recientes dos bancos helenos han recurrido a la facilidad de crédito conocida como ELA por si se pudiesen quedar sin fondos en el caso de que ocurra un pánico bancario. La institución que preside Draghi tan sólo tendría que desenchufar a los bancos de euros y eso dejaría a Grecia fuera de la moneda única. Las entidades no podrían financiarse y el Estado griego no tendría ni de lejos el músculo suficiente como para salvarlas. El corralito sería inevitable. Todos los fondos se perderían a menos que el Gobierno griego restableciese el dracma y se pusiera a imprimir billetes como loco con el tiempo de caos que eso conlleva.

Tal y como ya hemos señalado, enfrentados con este horizonte todavía más griegos prefieren seguir en el euro a pesar de los ajustes sufridos. Syriza no tendrá mucho margen. No obstante, el BCE probablemente acabe ofreciéndole un ayudita al desplegar la expansión monetaria ponderándola por países y, en consecuencia, repartiendo una parte correspondiente a Grecia, sin tener en cuenta como se sugirió al principio la baja calidad de su deuda para limitar las compras de títulos helenos.

En cualquier caso, la semana se presenta plagada de emociones. La ventaja en los sondeos de Syriza sobre Nueva Democracia, el actual partido en el Gobierno liderado por el primer ministro Samaras, todavía puede deparar sorpresas. Es muy posible que Syriza no encuentre socio de gobierno y se tenga que acudir a una segunda vuelta. Entretanto, las autoridades europeas podrán seguir jugando en sus mensajes con la baza del miedo por mucho que digan que no interfieren.


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