Economía

Fátima Báñez anima a subir sueldos mientras la congelación salarial planea sobre Alemania

El Gobierno espera hacerse la foto con los agentes sociales para trasladar una imagen de recuperación. Sin embargo, las perspectivas de alzas salariales se frenan en Alemania y dificultan la aprobación de subidas de sueldo en España si se quiere seguir recuperando la competitividad perdida desde la entrada en el euro.

Durante los últimos meses, la ministra de Empleo, Fátima Báñez, ha repetido una y otra vez la misma frase allá donde va: “Estamos iniciando la recuperación y los salarios deben ir acompasando el ritmo de creación de empleo”. Con el empleo creciendo un 2,53 por ciento en 2014, del entrecomillado se puede inferir sin lugar a dudas que el Gobierno está en campaña y que está animando a que haya un pacto de rentas entre patronal y sindicatos que recoja alguna subida salarial, por poca que sea.

Aunque los agentes sociales acordasen en julio que intentarían acompasar los salarios a la recuperación, la inflación se ha desplomado un 1,4 por ciento anual en enero y todavía hay 5,4 millones de parados según la EPA. ¿Realmente se puede hablar entonces de recuperación del empleo?

Para el Ejecutivo de Mariano Rajoy, la foto de ese pacto social respaldado por CCOO y UGT sería un golpe maestro de cara a las elecciones. Supondría un gol al PSOE, marcaría el fin de la resistencia de los sindicatos a la reforma laboral, cerraría un ciclo durante el cual el Gobierno se ha quedado solo tomando medidas y enviaría el mensaje al electorado de que se abre un nuevo periodo en el que hay que apoyar la recuperación. Y así no es de extrañar la insistencia de Fátima Báñez.

España ha logrado recuperar toda la competitividad perdida con Alemania desde el año 2005, pero todavía queda alcanzar los niveles de entrada en el euro 

Sin embargo, este escenario de repente se encuentra con un obstáculo no menor: la situación de Alemania. A mediados del 2014, el todopoderoso presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, abrió la mano inesperadamente y celebró como algo muy positivo que los salarios germanos creciesen un 3 por ciento, unas declaraciones inauditas por boca de uno de los banqueros centrales que con mayor ahínco han defendido siempre la moderación salarial. De paso por Madrid, el mismísimo Weidmann reconocía en privado que el 7 por ciento de superávit por cuenta corriente alemán quizás se antojaba demasiado y que podría reducirse a un 3 ó un 4 por ciento.

¿Acaso se estaban volviendo locos estos germanos? Pues no. En ese momento la economía alemana flirteaba con la recesión a pesar de gozar de pleno empleo. La declaración de Weidmann básicamente admitía que era necesario subir salarios para poder reactivar la demanda teutona después de años de registros de consumo muy bajos. Además, esta nueva postura facilitaba el reequilibrio que se estaba produciendo respecto a la periferia europea, la cual devaluaba los salarios con muchos sacrificios para poder recuperar la competitividad perdida desde que entró en el euro.

Pero los últimos datos de inflación pueden dar de nuevo al traste con este alivio procedente de tierras tudescas. La caída del precio del petróleo ha propiciado un desplome de los precios del 0,5 por ciento anual en Alemania y complica de nuevo todo el proceso de ajuste.

Costó mucho ir recuperando competitividad respecto a los tudescos, un concepto que se suele medir por los costes laborales unitarios, esto es, cuánto nos cuesta el factor empleo por cada unidad de PIB producida. A pesar de las indemnizaciones por despido, de las alzas de las cotizaciones y de la caída del PIB, estos costes se hundieron, en gran medida porque por así decirlo los despidos hacían ‘que un empleado hiciese el trabajo de dos’. De 2010 a 2013, los llamados CLU descendieron unos siete puntos según datos del Banco de España. Y sólo han repuntado puntualmente en 2014 debido a que la restitución de la paga extra a los funcionarios adulteró la estadística.

Hagamos lo que hagamos, siempre deberíamos mantener los incrementos salariales por debajo de los que se aprueben en Alemania

En cambio, en Alemania los costes laborales unitarios han avanzado entre 2012 y 2014 unos siete puntos, lo que ha permitido que España consiga recuperar toda la competitividad perdida con Alemania desde 2005. No obstante, todavía faltan por reconquistar los niveles de entrada en el euro, para lo que aún se precisaría otro esfuerzo similar de unos 15 puntos. Es decir, hagamos lo que hagamos, siempre deberíamos mantener los incrementos salariales por debajo de los que se aprueben en Alemania y en nuestros vecinos del norte.  

Sólo que ahora todo parece indicar que se acabaron las alzas de remuneraciones en Alemania. A la hora de pactar salarios, los germanos suelen tener como referencias la inflación y el aumento de la productividad. Pero la inflación tudesca se sitúa en territorio negativo y la productividad apenas ha repuntado. Para mayor inri, la evolución de los precios en Alemania probablemente continúe en negativo durante bastantes meses. Así que difícilmente se pueden esperar subidas salariales durante el 2015. El panzer alemán vuelve a imprimir a la economía europea un ritmo de escalada del que esta vez no podemos descolgarnos como solíamos.

El consuelo por lo menos radica en que todavía el diferencial de inflación con Alemania nos beneficia. "Que los precios de nuestros productos crezcan menos que los alemanes quiere decir que cada vez los consumidores españoles consumirán más productos españoles que alemanes y al revés", declaró esta semana el jefe de la Oficina Económica de Moncloa, Alvaro Nadal, en una entrevista en Radio Nacional de España.

Con este contexto de fondo, los agentes sociales negocian un pacto salarial para los próximos tres años. Los sindicatos buscan que haya una compensación por los tiempos de retrocesos salariales y exigen un incremento para 2015 del 1,15 por ciento que ayude a apuntalar la demanda interna. Por el contrario, la patronal sólo está dispuesta a brindar un 0,6 por ciento de subida y mantiene la lógica del anterior acuerdo a tres años, el cual siempre se celebra como un éxito porque contribuyó decisivamente a la moderación salarial y la recuperación de la competitividad. Bajo ese esquema, la idea consiste en tomar el crecimiento del PIB, que en 2014 ha sido de un 1,4 por ciento, y repartir ese incremento entre la inversión, los beneficios y los salarios. Y de esa distribución sale la subida salarial propuesta por la CEOE del entorno del 0,6 por ciento, prácticamente en línea con el alza media plasmada en los convenios durante 2014, situada en el 0,57 por ciento.

Diversas organizaciones de CEOE se resisten a una subida salarial en tanto en cuanto la inflación negativa les siga erosionando las cuentas de resultados

Incluso con esa pequeña subida, la inflación cae un 1,4 por ciento y ello significa que entre los trabajadores dentro de convenio se está produciendo una ganancia de capacidad adquisitiva. Lo mismo que ocurrió en 2013, cuando los sueldos cubiertos por convenios también ganaron capacidad adquisitiva subiendo de media un 0,56 por ciento al mismo tiempo que el IPC apenas ascendió a un 0,3 por ciento. Para ver una pérdida de poder adquisitivo de los salarios sujetos a convenio, hay que retroceder la vista al trienio 2010-2012, cuando los sueldos se elevaron por encima del 1 por ciento pero por debajo de las altas cotas de inflación que se registraron. Ahí es cuando de verdad se dio una pérdida real de poder de compra para los cerca de cinco millones de trabajadores afectados por convenios según los datos de 2014.

Así las cosas, los sindicatos quieren que se compense a los trabajadores por ese periodo. Sin embargo, van a tener difícil encontrar un punto de encuentro con la patronal. Sobre todo porque dentro de la CEOE hay diversas organizaciones que se niegan a conceder ese 0,6 por ciento en tanto en cuanto la inflación siga en tasas negativas. Con los precios cayendo, las cuentas de las empresas siguen resintiéndose. Y varios sectores ya han trasladado a la cúpula de la patronal que no podrían asumir siquiera ese alza del 0,6 por ciento. “Ahora ya no vale la inflación sino la recuperación del empleo. Con un 23,7 por ciento de paro y una inflación negativa que brinda capacidad adquisitiva, el Gobierno no puede defender una subida de salarios, máxime mientras estemos todavía soportando rebajas de precios y vendiendo algo menos fuera por culpa del frenazo de Francia e Italia. Esas declaraciones son electoralistas, igual que fue la subida del salario mínimo”, comenta una fuente de la patronal.


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