Economía

Las exportaciones ya tienen el tamaño para tirar de la economía: alcanzan un histórico 33% del PIB español

El sector exterior pulveriza cualquier registro conocido incluso con la demanda flaqueando en Europa. Las exportaciones de bienes y servicios han aumentado un increíble 19% desde los niveles de 2008, y los expertos ya apuntan que han ganado un peso suficiente como para provocar una sustancial mejora de la inversión que, a su vez, propicie la recuperación durante 2014. 

El secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz.
El secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz. ESADE

¿Hemos cambiado la carretilla por la locomotora? Las exportaciones españolas ya acaparan el 33 por ciento del Producto Interior Bruto español, una cota jamás alcanzada y que incluso en las mejores épocas apenas rozó el 26 por ciento del PIB.

Según los últimos datos disponibles del INE, las exportaciones de bienes y servicios del tercer trimestre de 2012 alcanzaron los 87.124 millones, prácticamente un tercio de los 263.342 millones que arrojó el PIB entre julio y septiembre. Tales estadísticas están desestacionalizadas y, por consiguiente, se han sustraído los efectos que tiene el buen tiempo sobre el turismo.

La afirmación lanzada por Morgan Stanley de que España puede convertirse en la próxima Alemania empieza cobrar visos de realidad. Las ventas de productos y servicios al exterior se han disparado desde los 250.000 millones de 2009 hasta una previsión, según Standard & Poor’s, de unos 343.000 millones a cierre de 2012.

Tal y como se puede observar en el gráfico, la evolución al alza durante la crisis resulta espectacular, y rompe con un mito instalado: ése que decía que las exportaciones nunca tienen el tamaño suficiente como para arrastrar al resto de la economía.

Es más, los analistas de BBVA Research constataban este miércoles que existe un anormal desacoplamiento entre las exportaciones y la inversión. De ordinario, ambas marchan de la mano. Pero, como puede apreciarse en la tabla de abajo, en esta ocasión se ha producido una profunda brecha que debería corregirse.

Conforme se apacigüen las tensiones financieras y mejore la demanda de la zona euro, los empresarios continuarán vendiendo fuera y, al final, tendrán que recurrir a la inversión, lo que contribuirá a tirar del resto de la actividad. Y este fenómeno se verá reforzado por una tímida apertura del crédito a intereses más razonables.

Tardará y estará sujeto a vaivenes, pero ya se vislumbra una cierta luz al final del túnel. Las exportaciones aumentan incluso a pesar de que la demanda europea haya flaqueado durante el último tramo del año. Así, BBVA estima un incremento del 3,3 por ciento en el conjunto de 2012.

Desde 2008, las ventas del sector exterior han engordado un 19 por ciento, un repunte extraordinario para una economía del enorme grosor de España. Y el consenso de mercado espera que éstas se eleven aún más, alrededor de un 6 por ciento en 2013 y un 8 por ciento en 2014. 

Una cuestión de precio

Y las buenas noticias no se quedan ahí. Los economistas consultados coinciden en que estas ganancias son estructurales y, por lo tanto, permanentes. Desde 2009 y con la excepción de los últimos meses de 2012 debido al alza de impuestos, el diferencial de inflación con la zona euro ha sido negativo, es decir, se ha recuperado competitividad respecto a nuestros socios europeos.

Los técnicos de la secretaría de Estado de Comercio encabezada por Jaime García-Legaz acumulan evidencias de que, al haber moderado precios, está ocurriendo una incipiente sustitución de las importaciones por productos nacionales.

Durante la bonanza, nuestras exportaciones eran intensivas en importaciones, esto es, cualquier mejora de las exportaciones conllevaba un alza de las importaciones, sobre todo por la energía y los componentes intermedios. Sin embargo, este patrón ahora se está diluyendo. Y ello lo están haciendo empresas sin apenas crédito y con cero dependencia de las Administraciones. 

Además, los Costes Laborales Unitarios, otra de las principales medidas de la competitividad, retroceden en el tercer trimestre de 2012 un 3 por ciento, frente un avance en la eurozona del 1,7 por ciento. Si los comparamos con los de 2008, la disminución de los CLU en España ronda el 5,6 por ciento, pese a que éstos se habían resistido bastante hasta 2011.

El coste laboral por persona y mes se ha quedado estancado en los niveles de 2009, unos 2.500 euros, lo que también supone una pérdida de capacidad adquisitiva una vez se resta la inflación.

De modo que esta historia guarda un reverso muy triste: por un lado, la reducción se origina, en buena medida, en el elevado desempleo. Por otro, provoca una rebaja de la renta disponible, haciendo más ímprobo el esfuerzo de amortizar la deuda.

La cantidad se suma a la calidad

Hasta hace poco, el sector exterior español se caracterizaba por ser pequeño pero de alta calidad, como señala el hecho de que entre 1999 y 2011 España fuese el país occidental que perdió menos cuota de las exportaciones mundiales ante el empuje de los emergentes, sólo superado por Holanda.

Mientras que nosotros cedíamos un 8,9 por ciento, Alemania perdía un 12 por ciento, y las principales economías industrializadas sufrían descensos de entre el 15 y el 30 por ciento de media, según cifras de la Organización Mundial de Comercio.

Semejante éxito se logró a pesar de una inflación alta. Por lo que BBVA considera que si en aquellos años los precios relativos de las exportaciones no se hubiesen inflado, España habría ganado una porción mayor de la tarta mundial.

Por socios y sectores

En los once primeros meses de 2012, el déficit comercial de bienes descendió un 29,5 por ciento hasta situarse en los 29.400 millones de euros. Si se elimina el componente energético, el saldo comercial registra un superávit de 12.900 millones. Las balanzas comerciales son positivas con Francia, Portugal, Reino Unido e Italia. Y respecto a Alemania, hemos recortado el déficit un 57 por ciento sobre 2011.  

Las mercancías más comerciadas corresponden a los sectores de bienes de equipo como la maquinaria o el material ferroviario; alimentos; productos químicos como el abono; automóvil; y semimanufacturas como los metales no ferrosos.


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