Economía

¿Gana o pierde Syriza? Alemania no se fía de Varoufakis y le pone a prueba hasta junio

El Gobierno griego cede en casi todo ante Alemania. Aunque los helenos podrán escoger las reformas que adopten siempre que cuenten con el visto bueno de la Troika, los germanos imponen una serie de controles extra. Los fondos no se desembolsarán hasta abril.

Varufakis y Schäuble se saludan durante una rueda de prensa en Berlín
Varufakis y Schäuble se saludan durante una rueda de prensa en Berlín EFE

La zona euro es un juego en el que Alemania siempre gana y los demás simplemente claudican. Al final llegó el acuerdo para ayudar a Grecia durante cuatro meses más. Pero las condiciones que ha impuesto Berlín distan mucho de todo lo prometido por Syriza antes y después de las elecciones griegas. Nada de quitas. Nada de aumentar el gasto. Nada de deshacer las reformas ya hechas. La Troika seguirá vigilando aunque ya no se llame Troika. Y el rescate tomará la forma de una extensión del actual y no de un crédito puente, lo que implica que hay que adoptar un paquete de reformas basado en el actual memorando de entendimiento. Traducido al cristiano, el rescate continúa...

“Hay una terminología que ya se usa y hemos decidido mantenerla. Si hay un préstamo, hay condiciones”, contestó el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem cuando fue preguntado sobre si el memorando continuaría empleándose en Atenas. Eso sí, al menos hay dos concesiones a Grecia que sirven para vender algo en territorio doméstico: por un lado, se tendrán en cuenta las circunstancias económicas para relajar un poco los objetivos fiscales que tenía que alcanzar. Y por otro, se le permite escoger las reformas que ha de adoptar siempre que obtengan el visto bueno de la Troika.

O dicho de otro modo, Alemania pondrá los objetivos y Grecia podrá elegir los medios para alcanzarlos. Si los griegos tienen que cortarse un brazo, por lo menos podrán escoger cuál y con qué cuchillo. Lo cual permitió al ministro de Finanzas heleno reclamar una victoria por pírrica que sea. “A diferencia de lo que hizo el anterior Gobierno, no se va a subir el IVA ahora que viene la temporada estival. A diferencia de lo que hizo el anterior Gobierno, las pensiones no se tocan. Y a diferencia de lo que hizo el anterior Gobierno, no habrá un superávit antes del pago de intereses del 3 por ciento del PIB en 2015 y del 4,5 en 2016”, afirmó un Yanis Varoufakis que por un momento parecía haber ganado la Eurocopa.

La propaganda de los nuevos gobernantes griegos consiste en decir que ahora son coautores de las reformas, en claro contraste con las imposiciones habituales de los rescates. Sin embargo, tras esa eufórica declaración, el titular de Hacienda griego escamoteó el hecho de que sí o sí ha de encontrar todas las medidas que sean necesarias para mantener la sostenibilidad de las cuentas y mejorar la competitividad. Si bien esta vez Syriza lo tiene un poquito más fácil porque Samaras ya se tragó lo peor y en estos momentos las proyecciones de la economía griega apuntan un retorno al crecimiento.

Ahora bien, ya me dirán ustedes cómo cumplen éstos con el programa del memorando si aplican medidas como readmitir funcionarios, parar privatizaciones, subir salarios mínimos o la mera persecución del fraude fiscal... Nada más salir del Eurogrupo Guindos destacó con especial interés que Syriza había parado el proyecto de ley de desahucios en el Parlamento heleno. 

Demasiada desconfianza

El Gobierno griego va a sudar la gota gorda a lo largo de este fin de semana porque este mismo lunes tendrá que presentar a la Troika un programa entero de reformas. Esto es, su primer examen. Si el BCE, la Comisión y el FMI le dan el visto bueno, entonces el paquete se debería revisar el martes en el Eurogrupo vía conferencia telefónica. De ahí esta propuesta se trasladaría a los Parlamentos de Alemania, Austria, Estonia, Finlandia, Holanda y Eslovaquia. Amén de Grecia, donde los socios de derechas y el ala más izquierdista de Syriza bien podrían plantear al Gobierno serias dificultades a la hora de aprobarlo. Tras haber cedido muy sustancialmente desde sus planteamientos iniciales, Tsipras corre el riesgo de enfrentarse a una seria oposición interna, sobre todo si las iniciativas que consensúa con la Troika se antojan muy duras. Habrá que esperar al lunes para evaluar el verdadero grado de severidad y cuál es la acogida en Grecia. Siempre cabe el peligro de que este lunes los griegos se planten y rechacen de nuevo el rescate.

Así las cosas, no es de extrañar que los alemanes no se fíen de Varoufakis. No creen ni que pueda diseñar una alternativa con medidas sólidas, ni que realmente tenga una voluntad seria de aplicar las reformas. Por no hablar de que están hasta la coronilla de su chulería. De modo que se han asegurado de que haya una serie de cautelas y controles extra cuidadosamente escalonados. En primer lugar, la ayuda financiera solo durará cuatro meses, en lugar de los seis solicitados por Atenas. En segundo término, como ya hemos apuntado, este lunes Varoufakis tendrá que pasar su primer examen. Para ello, cualquier medida que diseñe no debería tener impacto sobre el déficit, habría de mejorar la competitividad y tendría que lograr el respaldo de la Troika. Tercero, los fondos no se desembolsarán hasta abril, cuando se aplicará un segundo examen más completo a las reformas griegas. Y cuarto, el fondo de rescate europeo recuperará los 11.000 millones preparados para recapitalizar los bancos griegos. La idea es que seguirán estando disponibles por si hay que inyectar dinero a las entidades, pero se retirarán de Grecia con el fin de evitar que el Ejecutivo tenga la tentación de usarlos para financiarse. En definitiva, Schäuble no se fía y básicamente ha puesto un examen continuo a Varoufakis.

Las relaciones entre los dos ministros se han torcido. Es más, el propio Tsipras tuvo que templar los ánimos primero a través de Merkel y luego interviniendo por teléfono en las negociaciones del Eurogrupo. A partir de ahora Varoufakis tiene la misión de recobrar la confianza de los germanos, muy desgastada tras unas negociaciones plagadas de recriminaciones e intoxicaciones a través de los medios.

Y no son los únicos que le han puesto objeciones. Los países bálticos, Eslovaquia o Eslovenia adujeron que sus salarios mínimos eran sustancialmente menores que el griego. Por su parte, España y Portugal exigieron más garantías a pesar de que el acuerdo estaba ya prácticamente hecho. "Portugeses y españoles son mis colegas y tienen sus propios condicionamientos debido a las situaciones políticas nacionales”, comentó al respecto Varoufakis en una clara alusión a Podemos.

Merced a estos cuatro meses, el Ejecutivo heleno dispondrá ahora de más tiempo con el que negociar un nuevo arreglo financiero. Sólo que o se ganan el respeto de los germanos, o volverán a chocarse con un muro infranqueable. Respecto a las privatizaciones, Varoufakis cedió y dijo que no se cerraba a nada, pero que no quería vender a lo loco sin maximizar su valor. Incluso propuso que los activos se depositasen en una especie de banco público que atraiga inversiones y sirva para apuntalar las finanzas de las pensiones.

En cuanto al alza del salario mínimo, Varoufakis prometió que estudiaría cómo subirlo sin afectar a la competitividad. O sea, tal cual otra patada hacia adelante y por lo tanto una nueva claudicación. El titular de Hacienda también comentó que readmitiría funcionarios en la medida en que no desequilibrase las cuentas. Esto es, por el momento no, y tan sólo fichará a unos pocos cuando así pueda. ¿Y qué sucederá si sus reformas no funcionan? “Si nuestra lista falla, sufriremos las consecuencias”, sentenció Varoufakis. Lo peor de todo es que este proceso abre la puerta a que cada X meses asistamos a un nuevo órdago griego como si se tratase de un claro caso de eterno retorno.


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