Turismo

Crece exponencialmente la llegada de turistas a España, pero mínimamente el gasto per cápita

En la última década, más de 75 millones de personas han visitado nuestro país, un incremento con respecto a 2006 de casi el 30%. Sin embargo, los ingresos que generan los extranjeros solamente ha variado un 6,6% en los últimos diez años. 

Panorámica de una playa del Mediterráneo
Panorámica de una playa del Mediterráneo EFE

La promoción del turismo en España ha dado sus frutos. El escaparate de sol y playa promocionado durante la dictadura con la lupa puesta en Benidorm se ha prorrogado durante décadas hasta convertirse en el principal reclamo de los extranjeros para visitar nuestro país. Hoy en día, el sector turístico es el principal motor de la economía española y responsable de emplear al 13% de la población activa, lo que se traduce en dos millones y medio de trabajos. El objetivo se ha cumplido y los datos así lo certifican. Hoy hay más turistas que nunca en España, sin embargo, el incremento de los beneficios no ha crecido al mismo ritmo.

Tal es el tirón de la marca España que entre enero y junio de 2017 ya han llegado a nuestro país casi cuatro millones más que durante el mismo período de 2016. Es decir, el número de turistas internacionales ha crecido un 11,6%, ya que el año pasado entraron 32,5 millones de personas y este año lo han hecho 36,3 millones de turistas.

Sin embargo, el dato de ingresos por este tipo de turismo no ha aumentado al mismo ritmo que el de las visitas. Mientras en los seis primeros meses del año de 2016, los turistas gastaban de media 995 euros, doce meses después el dispendio solamente varió un 3% hasta fijarse en 1.023 euros.

Atendiendo a la evolución de estas cifras durante la última década, queda patente que el incremento entre ambos indicadores no es proporcional. Si en 2006 llegaron a España poco más de 58 millones de turistas internacionales, 2016 batió todos los récords de la serie histórica y superó holgadamente los 75 millones, es decir, un 29,8% más.

No obstante, los ingresos captados por este sector de la población solamente han aumentado un 6,6% en diez años, al pasar de 57.602 millones de euros recaudados en 2006 a los 79.738 el año pasado. Dicho de otro modo, antes los turistas se gastaban una media de 993 euros y ahora 1.058 euros. Así consta en las estadísticas de movimientos turísticos en frontera (Frontur) y en la encuesta de gasto turístico (Egatur) que recoge Turespaña hasta septiembre de 2015 y desde entonces por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Un factor a tener en cuenta en este análisis es el dato de la estancia media de los turistas en nuestro país. Al inicio de la serie histórica el promedio era de 9,5 noches y en la actualidad es de 7,5. Por lo tanto, aunque España reciba casi un 30% más de población extra en comparación con 2006, la calidad y el poder adquisitivo de los que nos visitan ha caído.

En este sentido, numerosos sectores de la sociedad, con los sindicatos a la cabeza, llevan reivindicando desde hace años la creación de un modelo de turismo eficiente y de calidad para desligarlo de la oferta de sol y playa que atrae a numerosos extranjeros que buscan en España disfrutar de vacaciones al menor coste. En este sentido, UGT apuesta por "cambiar el modelo actual de bajos precios que da evidentes síntomas de agotamiento y sustituirlo por otro en el que prime un turismo de calidad, de alto valor añadido y desestacionalizado".

Agosto y la turismofobia

Agosto es el mes de las vacaciones y el registro de turistas que llegan a nuestro país triplica la cifra de los meses más flojos de enero y febrero. Solo el año pasado visitaron España en el mes de agosto más de diez millones de personas. La tendencia es que este año pulverice los números de récord de 2016 y los primeros síntomas de la afluencia masiva de turistas ya se está empezando a notar, especialmente, en las ciudades más turísticas. 

El auge de España no está igual de bien considerado por toda la sociedad. En los últimos días, una serie de grupos radicales alentados por partidos políticos extremistas como la CUP, ven con recelo la invasión de forasteros. Un fenómeno que ha desatado la turismofobia este agosto, el mes que registra la mayor afluencia de visitantes, y mostrado la peor cara de los inconformistas con esta situación de saturación a través de la violencia y la persecución de los nuevos habitantes en ciudades como Barcelona, Palma, San Sebastián o Peñíscola.

Una situación insostenible que está generando momentos de verdadero pánico como el ataque a un autobús turístico en pleno centro de Barcelona. La táctica, menos agresiva, puesta en marcha en Mallorca para disuadir a los visitantes ha sido la colocación de pegatinas en los coches de alquiler con frases como "el turismo mata" o "este coche sobra". La prensa extranjera, incluso, se ha hecho eco de estos sucesos que atacan directamente a sus ciudadanos. Una vorágine de acontecimientos desmesurados que pretenden expulsar a quienes sostienen, a día de hoy, nuestro sistema económico y son la base de nuestro sistema productivo.


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