Economía

La economía española se convierte en chivo expiatorio de Francia e Italia

Sarkozy, Monti y Draghi: los máximos dirigentes europeos atacan a España para alejar el foco de atención de los puntos débiles de sus propias economías.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha pedido hoy prudencia en sus afirmaciones a los demás dirigentes europeos
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha pedido hoy prudencia en sus afirmaciones a los demás dirigentes europeos EFE

Italia y Francia echan balones fuera. El miedo de los mercados asola la eurozona –y sus primas de riesgo– y los Gobiernos de estos países intentan escurrir el bulto echándole el muerto a otro: España. Los primeros en abrir el melón fueron los italianos. En un aparente desliz, el 24 de marzo, el presidente tecnócrata del país transalpino, Mario Monti, dejó una perla: "España está dando a toda Europa motivos de gran preocupación". Ahora la matraca la sigue otro: el presidente francés, Nicolas Sarkozy, quien está utilizando las críticas a España como camino a su relección electoral.

"Nosotros no hablamos de otros países ni de sus problemas", se ha defendido hoy, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso. "Nos ocupamos de nuestros asuntos y esperamos que los demás hagan lo mismo y sean prudentes. Porque todos queremos una Europa y un euro fuerte", ha remachado. Horas después de que la prensa de todo el mundo se hiciera eco de la pésima evolución de la prima de riesgo española, el líder del Ejecutivo español ha contestado así a otros dirigentes europeos que han criticado abiertamente los resultados económicos españoles –sin recordar que el castigo de los mercados a los diferenciales de bonos a diez años han sido generalizados en toda la eurozona, especialmente en Italia y también en Francia–.

¿Deslices verbales?

Tras el patinazo –o no– del presidente italiano, las protestas del Ejecutivo español no se hicieron esperar. Como resultado, el Gobierno italiano emitió un comunicado que subrayaba la fe italiana en España. Pero dos semanas después, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi –curiosamente otro italiano–, alentaban las dudas sobre la economía española con sus declaraciones. El 5 de marzo, el jefe de la entidad emisora del euro reclamaba a Mariano Rajoy más reformas y consolidación fiscal.

Pero en Francia, el ataque dialéctico a España es peor. El presidente francés Nicolas Sarkozy ha sido claro: la economía española es ejemplar en materia de desastre. "Tras siete años de Gobierno socialista, mirad la situación en España: su incapacidad a cumplir con sus compromisos, la crisis de confianza en la que ese gran país, España, ha quedado barrida" ha declarado el dirigente para justificar la rigurosa política económica que quiere llevar a cabo para cumplir con las exigencias de la Unión Europea.

Curiosamente, Sarkozy usa a España contra su rival, el socialista François Hollande, como ejemplo negativo de gestión socialista y para atacar su programa, que conlleva un incremento del gasto que, según Sarkozy, Francia no podría aguantar. A lo que su oponente contestó: "¡Bonito ejemplo de solidaridad europea que ha dado una vez más el candidato saliente! ¿En nombre de qué gestión viene a dar lecciones? Es él quien ha incrementado la deuda en 600 millones de euros, el que ha empeorado el déficit y el que deja a un país paralizado por múltiples desequilibrios".

¿Situaciones peores?

De hecho, la situación francesa se acerca más a la española que a la de Alemania. Es el único país de la OCDE que ha incrementado el gasto público en 30 años, del 45,5% del PIB en 1980 al 56% en 2010. Cuenta con casi el doble de funcionarios per cápita que Alemania, una situación insostenible que, sin embargo, los políticos franceses no ven como amenazadora.

Las reformas que tendrán que hacer el país vecino, además, podrían costar mucho, ya que la deuda pública francesa alcanza el 90% del PIB, que las empresas más productivas están huyendo de Francia a ritmos acelerados y que el país ha perdido su AAA de parte de Standard&Poor’s en enero de 2012. Las agencias de rating notan cómo la competitividad francesa ha ido decreciendo desde hace décadas, lo que explica el déficit de la balanza comercial desde 2005. Por lo que se podría preguntar a Nicolas Sarkozy, ¿Francia generará también una "crisis de confianza"?


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