Economía

La deuda neta de España con el exterior alcanza por primera vez el billón de euros

El fuerte crecimiento de la economía española presenta una debilidad no menor: la diferencia entre los activos y los pasivos que mantenemos con el exterior sale a deber y se sitúa en el 95% del PIB, unas cotas sin parangón en el resto del mundo y que nos dejan en una situación muy delicada en el caso de turbulencias financieras.

Los ministros de Economía y de Hacienda, Luis de Guindos y Cristóbal Montoro.
Los ministros de Economía y de Hacienda, Luis de Guindos y Cristóbal Montoro. EFE

La velocidad de crucero que ha tomado la economía española no está consiguiendo reducir uno de sus principales desequilibrios: su deuda externa neta. Y no lo logra ni cuando obtiene como ahora un saldo positivo con el exterior. De acuerdo con los datos del Boletín Económico del Banco de España fechados a cierre del tercer trimestre de 2014, la deuda externa o posición de inversión neta alcanzó por primera vez el billón de euros y se sitúa en el 95 por ciento del PIB, unas cotas sin parangón en el resto del mundo y que nos dejan en una situación muy delicada en el caso de que en algún momento se reproduzcan las turbulencias financieras.

 ¿Y a qué obedece semejante alza? Pues el BdE muestra una tabla harto reveladora: como se puede apreciar abajo, la posición neta de inversión internacional se eleva muy levemente en unos 0,2 puntos debido al incremento de los pasivos de las Administraciones Públicas y de las instituciones financieras. En cambio, el resto de sectores residentes, es decir familias y empresas, está haciendo los deberes y recortando su exposición al exterior.

A la hora de explicar estos resultados, otros factores también pueden estar desempeñando un papel muy importante. Por un lado, que las grandes empresas hayan iniciado un proceso de desapalancamiento que las obliga a vender activos en el extranjero con minusvalías, lo que a su vez eleva nuestra posición deudora con el exterior.

Por otra parte, las variaciones del precio de los activos suelen influir mucho en estos datos. En el tercer trimestre de 2014, el euro todavía rondaba la franja de los 1,30 euros, razón por la cual los activos españoles en Latinoamérica que están valorados en dólares cotizaban a la baja y subían nuestra posición deudora neta.

Llama poderosamente la atención que España no haya recortado su exposición deudora a pesar de haber estado registrando superávits por cuenta corriente durante los dos últimos ejercicios. En principio, esos saldos positivos con el extranjero deberían haber servido para rebajar nuestro endeudamiento externo. Sin embargo, ha ocurrido lo contrario y la posición ha empeorado: seguimos dependiendo de los fondos de fuera.

¿Y cómo ha podido suceder eso? Echemos un vistazo a la evolución de la deuda externa bruta y que por lo tanto tiene en cuenta sólo los pasivos, no los activos. En el documento mostrado a continuación, se puede comprobar como ésta se recortó durante 2013 en unos 120.000 millones, desde los 1,72 billones de euros del primer trimestre de 2013 a los 1,6 billones del cuarto trimestre de 2013. Pero a partir de ahí el endeudamiento externo volvió a repuntar y durante el 2014 ha escalado en unos 100.000 millones repartidos entre todos los sectores, ya sean Administraciones Públicas, bancos, inversión directa u otros residentes.

A septiembre de 2014, el montante de la deuda externa bruta asciende a los 1,7 billones, apenas 15.000 millones menos que el máximo alcanzado a comienzos de 2013. Y si examinamos el gráfico por sectores, se puede verificar que el sector público lidera los crecimientos y continúa engordando sus pasivos con el exterior a ritmos descomunales. Sólo en los nueve primeros meses de 2014, la deuda de las AAPP con el exterior aumentó en 37.000 millones, el equivalente a casi 4 puntos de déficit público. Es decir, el año pasado buena parte de la emisión neta de deuda pública la compraron extranjeros. No en vano, pese a haber sufrido en años anteriores una fuga de capitales foráneos de caballo, el 50 por ciento de la deuda pública en circulación ya se encuentra otra vez en manos foráneas, según datos del propio Tesoro.

Irónicamente, a la vez que una parte de la economía amortiza pasivos en el interior, aumenta la inversión foránea como consecuencia de haber recuperado el atractivo de cara a los mercados. Aunque gozamos de un saldo positivo con el exterior, lo estamos usando para invertir fuera buscando mejores retornos que en casa. Lo ideal sería que el ahorro doméstico engordase y ello se canalizase hacia la inversión nacional en sectores de alto valor añadido, sobre todo después de varios años en los que las inversiones se han recortado a mínimos históricos. Sólo que alcanzar semejante ciclo virtuoso sería como si hablásemos de encontrar la piedra filosofal…

Por no hablar de que el superávit con el exterior disminuyó peligrosamente durante el 2014 desde los 15.000 millones de euros a los 1.500 millones, un fenómeno que muchos economistas observan con franca preocupación. El alza del consumo tiró de nuevo de las importaciones, deshaciendo buena parte de las ganancias logradas a fuerza de devaluación salarial. El saldo exterior tan sólo se ha recuperado ligeramente a finales de año gracias al desplome de los precios del petróleo y la depreciación del euro, factores externos a la competitividad de la economía española.

Durante la primera década de este siglo, España acumuló déficits con el exterior muy abultados, del orden de los 10.000 millones de euros por año. Unos fondos que se emplearon para financiar la inversión en el ladrillo a precios exagerados. Y ese exceso de inversión canalizado por la banca se justificaba porque brindaría en el futuro rendimientos mayores que contribuirían a devolver la deuda. Pero ni eso resultó así, ni deberíamos mantenerlo ahora como modelo de crecimiento una vez que ya sabemos cuáles son las consecuencias.


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