Economía

Empresas y familias dedican todo su ahorro a amortizar deuda, según datos del Banco de España

Una vez que los hogares y sociedades no financieras han pagado deuda, ¿cuánto les queda de ahorro? De acuerdo con las cifras del Banco de España, la cantidad asciende prácticamente a cero. La hucha está vacía. Una deuda disparada, un mercado laboral laminado y una presión fiscal asfixiante anulan el ahorro y por lo tanto impiden el desarrollo de la inversión doméstica, esencial para que se produzca una recuperación sostenible.

Una vez que los hogares y sociedades no financieras han pagado deuda, ¿cuánto les queda de ahorro? De acuerdo con las cifras del Banco de España, la cantidad asciende prácticamente a cero. La hucha está vacía. Una deuda disparada, un mercado laboral laminado y una presión fiscal asfixiante anulan el ahorro y por lo tanto impiden el desarrollo de la inversión doméstica, esencial para que se produzca una recuperación sostenible.

Un gráfico del Banco de España lo dice todo. El ahorro bruto como porcentaje de la renta disponible se disparó al comienzo de la crisis, conforme los hogares y empresas reaccionaron ante la incertidumbre y el desplome de la actividad. Sin embargo, tal y como se comprueba en la tabla presentada abajo, la erosión patrimonial ha terminado por hundir el ahorro, hasta el punto en que todo lo que las familias y sociedades consiguen apartar se dedica exclusivamente a la amortización de deuda.

¿Y qué significa esto? Por ponerlo un poco más claro: una familia o empresa destina sus recursos a la operativa diaria, la cual incluye el pago de intereses y el consumo. Después de haber costeado su funcionamiento o gastos habituales, lo que queda es el ahorro, que a su vez puede dedicarse a la inversión o al pago de la deuda. De forma que lo que muestra la imagen del cuadro superior es que una vez se ha hecho frente a los compromisos de la deuda no queda nada que se pueda dirigir a la inversión, sea del tipo que sea, hecho que deja a la economía española dependiendo exclusivamente de la financiación exterior o del crédito.

Sin embargo, en un contexto de bajo crecimiento y alto apalancamiento, las perspectivas de que éstas aparezcan y rieguen la economía real se antojan harto improbables.

“El apalancamiento es alto y el ahorro bajo, así que en cuanto se amortiza deuda no queda apenas margen de maniobra. La única forma de que la actividad mejore consiste en que el ahorro suba 5 o 6 puntos del PIB”, explica David Taguas, director del Instituto de Macroeconomía y Finanzas de la Universidad Camilo José Cela.

La falta de ahorro y por tanto de inversión pone en entredicho la política fiscal del Gobierno

Todo ello pone directamente el foco sobre la política fiscal del Ejecutivo. El mantenimiento de las alzas tributarias y el déficit presupuestario simplemente está ahogando por dos vías distintas cualquier posibilidad de que se se reanime la actividad: por un lado, absorben todo el crédito expulsando al sector privado. Entre agosto de 2012 y agosto de 2013, el sector público absorbió un 17,9 por ciento más de financiación según los datos del Banco de España, 0,7 puntos más que en el periodo junio-junio. Por otro, lastran el consumo, el ahorro y la inversión al empeñarse en una política de tipos tributarios muy elevados.

Según el Boletín Económico del Banco de España, en los últimos meses las empresas y familias siguen reduciendo su deuda. Pero lo hacen a menor ritmo. Pese a las alzas experimentadas sobre los parqués, la riqueza de los hogares sigue bajando debido al continuo deterioro del mercado inmobiliario.Y la mejora experimentada en los mercados “no se ha trasladado a los costes de los nuevos créditos concedidos a hogares y a sociedades, que continúan siendo muy elevados para el tono expansivo de la política monetaria”, sostiene el Banco de España.

Es decir, que las inyecciones en vena de Draghi a las entidades no han servido para que la financiación se abarate. Y este conjunto de factores se traduce en que las familias redujeron su endeudamiento a una tasa menor entre agosto de 2012 y agosto de 2013: un 3,5 por ciento frente a un 3,9 de junio a junio; mientras que el apalancamiento de las sociedades se contrajo un 6 por ciento de agosto a agosto, 0,3 puntos menos que en junio. De modo que todavía queda bastante para reducir el endeudamiento de los hogares, que roza el 80 por ciento del PIB, y el de las empresas, que asciende al entorno del 110 por ciento del PIB.  


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