Economía

El déficit de septiembre de 2012 a septiembre de 2013 se disparó hasta el 7,05% sin ayudas a la banca, según los datos del INE

Hacienda lo tendrá difícil para cumplir con el objetivo de déficit público fijado por Bruselas. Una vez más y pese a que el Ministerio insiste en que cumplirá, según la contabilidad nacional recogida en el INE los gastos entre septiembre de 2012 y septiembre de 2013 ascienden al 48,3% del PIB, unos niveles jamás conocidos. En cambio, los ingresos siguen estancados en el 37,98%. Un agujero que sin ayudas a la banca suma el 7,05% del PIB, ni más ni menos que unos 70.000 millones, y que revela el largo y tortuoso camino que todavía queda para estabilizar las cuentas públicas.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. gtres

Hacienda lo tendrá difícil para cumplir con el objetivo de déficit público fijado por Bruselas en el 6,5 por ciento del PIB. Una vez más y pese a que el Ministerio insiste en que cumplirá, según la contabilidad nacional recogida en el INE los gastos entre septiembre de 2012 y septiembre de 2013 ascienden al 48,28 por ciento del PIB, unos niveles jamás conocidos. En cambio, los ingresos siguen estancados en el 37,98 ciento. Un agujero que sin ayudas a la banca suma el 7,05 por ciento del PIB, ni más ni menos que unos 70.000 millones, y que revela el largo y tortuoso camino que todavía queda para estabilizar las cuentas públicas.

Para que el lector se haga una idea de las cifras, esos 70.000 millones equivalen a casi tres cuartas partes de lo que se gasta en pensiones o de lo que se desembolsa en remuneraciones de empleados públicos. “El periodo de crecimiento sostenido no puede comenzar en tanto no finalice la estabilización macro. Aunque el sector privado se ha ajustado, el público aún no lo ha hecho. El déficit sigue siendo muy elevado, la deuda pública continúa al alza y el ahorro público se estanca en niveles mínimos”, sostiene David Taguas, exdirector de la Oficina Económica de Moncloa y ahora director del Instituto de Macroeconomía y Finanzas dela Universidad Camilo José Cela.

El servicio de estudios de La Caixa anticipó este miércoles una desviación respecto al objetivo de déficit de 2013. Por otra parte, en los tres primeros trimestres del 2013 se registraron unos 45.000 millones de desfase presupuestario. Y según los cálculos de Fedea, si a ese montante se le añade el mismo déficit que se generó en el último trimestre de 2012, en el que además no se pagó la extra de 4.000 millones y se embolsó una amnistía fiscal de 1.200 millones, el déficit se dispara hacia el 7,2 por ciento del PIB según los expertos del think tank. Difícil lo tiene Hacienda.

Una recaudación anémica y unos gastos descontrolados

Pese a todas las alzas de impuestos, casi medio centenar desde que tomó las riendas, Montoro sólo ha conseguido engordar la recaudación en 12.000 millones. En los once primeros meses del año, la Agencia Tributaria únicamente ha aumentado los ingresos en 1.400 millones, apenas un 1 por ciento más cuando la meta para todo el año consistía en subirlos unos 5.000 millones. En el capítulo tributario, todo se fía a que las grandes empresas adelanten más impuestos en el pago fraccionado de diciembre y a que el leve repunte del consumo durante las Navidades mejore la recaudación por IVA. Sin embargo, obligada por Eurostat, este año Hacienda tendrá que computar todas las devoluciones, que en 2012 se retrasaron y que en 2013 bien podrían engrosar los 6.000 millones al cierre del ejercicio.  

Pero aun consiguiendo recaudar hasta el último céntimo previsto, las rúbricas de gasto crecen por encima de lo esperado. A pesar de todos los recortes aprobados, los desembolsos del Estado central crecen a un ritmo del entorno del 6 por ciento debido a las pensiones, los intereses de la deuda y las prestaciones por desempleo. Y con los datos en la mano hasta octubre, las Comunidades Autónomas ya han apurado todo el margen presupuestario permitido.    

Enfrentado con estos números, Montoro ya se vio forzado a dinamitar toda la reforma eléctrica comprometida con Bruselas con tal de reconducir las cuentas. Pero ni con esos 3.500 millones ahorrados basta. Así que el ministro ha brindado más poderes a la IGAE para autorizar desembolsos y ha dado orden de adelantar el cierre contable. Además, fuentes no oficiales de Hacienda admiten que en los últimos meses se han parado hasta enero todos los pagos que no sean imprescindibles. Toda la esperanza del Ejecutivo se centra en que los ayuntamientos, precisamente aquellos que había que reformar, generen un superávit por valor de 7.000 millones, una cifra espectacular teniendo en cuenta que hace sólo veinticuatro meses no conseguían pagar a tiempo a sus proveedores.

¿A la espera del crecimiento?

“Lo más probable es que a fuerza de ajustes contables y de retoques el déficit se consiga situar muy cerca de la meta del 6,5 por ciento del PIB. Aunque muy seguramente Eurostat corrija de nuevo a Hacienda, el Gobierno juega con que para entonces, allá por marzo, ya haya señales de un crecimiento más robusto de lo esperado y una creación neta de empleo, lo que hará que todos se olviden del déficit”, explica una fuente cercana al Ejecutivo.    

El reto está servido. A menos que la economía gane mayor impulso, la brecha en las cuentas obliga a más medidas tanto por el lado de los ingresos como por el del gasto. Las subidas de tipos impositivos no han conducido a nada y pueden obligar en algún momento a reconsiderar los cerca de 38.000 millones existentes en deducciones y beneficios fiscales si de verdad se quiere elevar la recaudación. En cuanto a los desembolsos, parece evidente que hacen falta renovados esfuerzos, por mucho que tanto Rajoy como Montoro insistan en que España tenga un problema de ingresos y no de gastos. 


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