Satisfacción en el Gobierno ante el flojo estreno del líder socialista en el debate presupuestario

La obsesión de Sánchez con Podemos y la carencia de una alternativa económica alarman al PSOE

El estreno de Pedro Sánchez en el debate presupuestario ha dejado un sabor agridulce a sus seguidores del PSOE, donde se reconoce su excesiva inquietud con el empuje de Podemos, en dura competencia con Izquierda Unida, y, por otra parte, su carencia de un programa económico alternativo.

Podemos aprieta fuerte en las encuestas y fuera de ellas. Con otras palabras y, sobre todo, con otro tono, el discurso pronunciado este martes en el Congreso por Pedro Sánchez podría haber salido perfectamente de la boca de Pablo Iglesias en uno de sus mítines. Los reproches de los ‘indignados’ no son ninguna novedad para el Gobierno, al que el líder socialista acusó de perpetrar "un engaño masivo": más de 40.000 millones empleados en el rescate bancario, decenas de miles de desahucios, precariedad laboral, más de cinco millones de parados, pensiones bajas,… El líder del PSOE ha acompañado esta retahíla de desgracias con unas elementales pinceladas macroeconómicas: ha cuestionado las previsiones de crecimiento enviadas a Bruselas, ha alertado de un endeudamiento público que se acerca al 100% del PIB y ha propuesto una “transición” económica que entierre la reforma fiscal y la reforma laboral. En resumidas cuentas: Sánchez ha denunciado que el PP gobierna para el 10% de la población. Él lo quiere hacer para el 90%.

En el PSOE se comenta que el discurso de Sánchez podría haberlo hecho Pablo Iglesias

La carta de navegación del líder socialista para lo que resta de legislatura en el campo económico concluye con esta misiva a los Reyes Magos: un ‘rescate’ a 500.000 familias sin ingresos y a los autónomos en dificultades, un gran acuerdo contra la pobreza infantil,un plan para reindustrializar el país y una subida del Salario Mínimo Interprofesional. En un debate presupuestario al que Sánchez ha pretendido dar un perfil más político que económico, ha eludido concretar el coste de estas medidas. Ni siquiera ha vinculado sus dudas sobre la recuperación económica a los nubarrones que sobrevuelan la eurozona. En su glosario han figurado Rato, Bárcenas y Acebes. Juncker y Draghi, desaparecidos.

Sin programa alternativo

Esta forma de estrenarse en su primer debate económico ha dejado un sabor agridulce en las filas del Grupo Socialista, donde se reconoce la excesiva inquietud de su líder con el empuje de Podemos y, por otra parte, su carencia de un programa económico alternativo, todavía en proceso de elaboración. Sánchez se ha entrevistado ya con la mayoría de los grandes del Ibex y su prioridad ha sido no asustarles. Es más, con algunos de ellos se ha comprometido a crear grupos de trabajo con los que atildar su futuro programa económico.

“Hay que entender a nuestro secretario general. Tiene que ir pasito a pasito porque lo principal ahora es no equivocarse”, asegura con fina ironía un veterano parlamentario de su grupo. “En un debate como éste, es inútil profundizar en el análisis de la coyuntura, solo valen los trazos gruesos, no íbamos a cometer los errores de Borrell”, asegura otro diputado de su cuerda. “Lo peor que nos podría suceder ahora es que los ciudadanos nos identificaran con Podemos, hubiera sido aconsejable un discurso de mayor altura, ya que siempre es mejor el original que la fotocopia”, apunta una diputada que respaldó a Eduardo Madina hace tres meses en la carrera hacia la secretaría general.

Gobierno: demasiados lugares comunes

División, pues, en la parroquia socialista sobre el debut de su líder en el debate presupuestario y satisfacción contenida en el Gobierno. En el gabinete se temía una intervención de Sánchez mejor estructurada y más contundente, algo alejada de las obviedades. La primera en abrir fuego en esta dirección fue la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que vio el discurso del jefe de la oposición como un cúmulo de lugares comunes. Con todo, no se pierde de vista que Sánchez está ya en campaña, de ahí los recados que lanzó en aquellos caladeros en los que puede pescar mayor número de votos: pensionistas y funcionarios.

Pensionistas y funcionarios, los caladeros en donde pretende pescar el líder socialista

El debate ha dado la oportunidad al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, de hacer un extenso balance de la política económica a partir de la herencia recibida. Primer mensaje: Mariano Rajoy fue determinante en librar a España del rescate, un tobogán por el que aconsejaron deslizarse al Gobierno muchas voces, algunas de ellas desde el interior del Consejo de Ministros. Segundo aviso: la subida de impuestos, principal incumplimiento del programa electoral del PP, ha servido para evitar la bancarrota del Estado. Y como apostilla: Falta mucho por hacer para reducir el paro y la deuda, pero la recuperación se asienta sobre bases sólidas que han sido reconocidas por los inversores internacionales.

El Gobierno saca pecho porque ya son países como Francia e Italia los que están en el foco de preocupación de los mercados mientras España, cuatro trimestres consecutivos con el PIB en alza, se encuentra a la cabeza del crecimiento europeo. Traducción electoral de alcance: Los 2,9 millones de empleados públicos ya no tienen que temer por sus puestos de trabajo y los 9 millones de pensionistas no volverán a ver congeladas sus pensiones.


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