Economía

La regañina de Bruselas: la deuda no baja, el paro se enquista y la vivienda caerá aún más

La Comisión ve la recuperación más lejana y exige a España reformas de las pensiones, ligar la ayuda del paro a la búsqueda de trabajo, una indemnización por despido más barata, subir el IVA, un sistema de resolución de entidades y atajar el déficit eléctrico. Además, advierte de que buena parte del desempleo puede volverse permanente, que el ajuste de la vivienda continuará y que la deuda externa, origen de los problemas de España, sigue en los mismos niveles que en 2009.

El doctor que prescribió la quimioterapia comprueba ahora cómo ésta no funciona e insiste en los procedimientos. La Comisión certificó este miércoles que el ajuste que pide está aún lejos de producirse y que la terapia no está sirviendo. Después de tres años de tratamiento, Bruselas retrató a España junto a un país en estado casi terminal como Eslovenia, explicó que ambos casos padecen unos desequilibrios económicos excesivos y recetó que hay que continuar con la misma medicina porque el paciente remolonea demasiado con las tomas.

A pesar de todas las medidas ya adoptadas, Bruselas dictaminó que las reformas se han quedado a medio camino y que los españoles tendrán que emplearse más a fondo. El tirón de orejas a Rajoy incluye que hay que hacer más sostenibles las pensiones; dar una nueva vuelta de tuerca a la reforma laboral imponiendo indemnizaciones aún más bajas para los despidos improcedentes y reduciendo aún más las diferencias entre temporales e indefinidos; ligar la ayuda al desempleo a la búsqueda de trabajo y la formación; subir el IVA o eliminar algunos tipos reducidos; suprimir deducciones tributarias; aumentar los impuestos verdes; crear de una vez por todas una autoridad fiscal independiente; establecer un sistema de liquidación de entidades financieras siempre que no genere alarma social; atajar el déficit de tarifa eléctrico; liberalizar los mercados de servicios o promover el alquiler de vivienda, entre otros muchos deberes.

Una dosis de humildad que la Comisión ha administrado al Gabinete de Mariano Rajoy, demasiado habituado a mostrarse altanero y confiado incluso cuando está negociando a la desesperada una nueva ampliación del déficit. El mensaje es claro: a cambio de una relajación de las metas de déficit, los europeos demandarán más medidas. 

Este informe sobre los desequilibrios excesivos servirá de base para las recomendaciones que nos harán en mayo una vez examinen nuestro Plan Nacional de Reformas. Y aunque la mayoría de estas iniciativas ya se contemplan de un modo u otro en la hoja de ruta del Ejecutivo español, Bruselas va a meter más prisa.

Una recuperación más lejana

Las perspectivas económicas que dibuja la Comisión tampoco son nada halagüeñas, pues derriban todo el argumentario del Gobierno español que vaticina una pronta aunque gradual recuperación. En contra de las predicciones de la Moncloa, Bruselas advierte de que hay riesgos de que la recesión se extienda hasta el 2014 lastrada por los efectos del desendeudamiento y el paro; eleva su predicción de desempleo hasta el 27 por ciento de la población en 2013; lamenta que una parte de los desocupados pueden convertirse a largo plazo en parados permanentes; sostiene que tanto los precios de la vivienda como el crédito continuarán cayendo; y destaca que la deuda externa, el origen de nuestra crisis y que nos hace excesivamente dependientes de los mercados de capitales foráneos, sigue en los niveles de 2009, en torno al 90 por ciento del PIB.

Tal necesidad de flujos extranjeros continuará exponiéndonos a los vaivenes del mercado y las salidas de fondos, algo que sólo ha sido compensado porque el BCE ha inyectado en España a través del eurosistema aproximadamente el 30 por ciento de nuestro PIB. La economía española se enfrenta a unos meses críticos en los que no habrá espacio para la complacencia, reza el documento elaborado por los técnicos de la Comisión.

El ajuste no se ha completado y aún tardará años. La deuda privada apenas se ha recortado en 15 puntos desde el pico del 227 por ciento del PIB en 2010. Las familias han perdido un 31 por ciento de su renta disponible desde que comenzó la debacle, lo que unido al desempleo hace virtualmente imposible que puedan reducir su endeudamiento.

Sólo las empresas han sido capaces de aminorar su carga de deuda, en parte porque disfrutan de mejores condiciones de financiación que los hogares, en parte porque muchas quiebran e incurren en el impago.

Pero todo ese esfuerzo se ha visto anulado porque el Estado ha asumido más endeudamiento y éste seguirá creciendo. Lo dicho, en opinión de los técnicos europeos aún queda por reducir entre 24 y 36 puntos la deuda de los hogares y entre 45 y 60 puntos la de las empresas.


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