Catalunya Caixa y las preferentes: "No podía quebrar por estar bajo el protectorado de la Generalitat"

Catalunya Caixa colocó productos tóxicos con el aval de estar "bajo el protectorado" del Govern

"Catalunya Caixa está bajo el protectorado público de la Generalitat de Catalunya lo que impide de facto una situación de insolvencia de nuestra entidad..." Esta y otras perlas se contienen en un argumentario que la entidad catalana distribuyó a su plantilla en 2008 para vender deuda subordinada.

Imagen de la sede central de Catalunya Caixa
Imagen de la sede central de Catalunya Caixa

La estafa de la comercialización de productos tóxicos (preferentes y deuda subordinada) en las antiguas cajas dista mucho de estar finiquitada. No sólo porque aún faltan por resolverse cientos de denuncias desperdigadas por los juzgados de toda España contra las entidades nacionalizadas. Resta, también, por conocerse mucha de la letra pequeña de cómo se comercializaban estos productos tóxicos en las oficinas. Cualquier argumento valía para avalar la colocación de estos productos entre los clientes minoristas. Incluso acudir a contar con la protección de los poderes políticos. Así se demuestra en el argumentario, al que ha tenido acceso Vozpópuli, que Catalunya Caixa distribuyó entre sus oficinas para que colocasen la octava emisión de deuda subordinada en octubre de 2008. 

El documento, titulado 'Argumentario para rebatir dudas frecuentes. 8ª emisión de deuda subordinada', define las respuestas que la plantilla tuvo que ofrecer a los pequeños clientes ante ocho sencillas preguntas. Destaca el argumento que la entidad esgrimió antes las posibles dudas sobre cómo estaba cubierta la inversión de los particulares. Así, Catalunya Caixa no hace referencia, en ningún momento, a que contaba con el aval del Fondo de Garantía de Depósitos. En realidad, era así. No estaban garantizadas por el FGD. "Son valores de los que responde Caixa Catalunya", asegura el argumentario. "Caixa Catalunya está bajo el protectorado público de la Generalitat Catalana lo que impide de facto una situación de insolvencia de nuestra entidad", añade. Este tipo de argumentos también aparecen en emisiones de participaciones preferentes, según confirman fuentes del sector.

La frase que encierra una interpretación particular de la antigua ley de cajas. Esta preveía como una de las competencias de las comunidades autónomas que las cajas estaban bajo su protectorado en el marco de la ordenación del crédito y la política monetaria general de un territorio. Pero eso no implicaba la asistencia financiera en caso de insolvencia de una caja por su respectiva comunidad autónoma.

Así ha sucedido desde el estallido de la crisis. Cuatro años después del envío de este documento, la entidad catalana se encuentra nacionalizada, después de haber recibido 12.052 millones de dinero público de los gobiernos central y europeo. De hecho, la entidad catalana es un auténtico saco roto para el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). A cierre de 2013, según el informe anual del FROB publicado este viernes, la institución dirigida por Antonio Carrascosa pierde ya más dinero con la entidad catalana que con Bankia, pese a que Catalunya Caixa tiene un tamaño cuatro veces menor. Desde el inicio de la crisis, el FROB ha inyectado un total de 12.052 millones en CX, divididos en tres tramos: 1.250 millones (primera tanda de ayudas conocidas como FROB 1), otros 1.718 millones (FROB 2) y los 9.084 millones recibidos tras la nacionalización. A 31 de diciembre pasado, la participación del fondo de rescate se ha depreciado en 10.194 millones, un 85% del capital invertido. Por contra, si se contabiliza todo el capital inyectado a Bankia desde 2008, en total 22.423 millones, el FROB ha perdido el 68%, ya que tiene contabilizada esta participación en 9.294 millones. En ese apunte contable no está incluido los 1.304 millones recuperados por el FROB por la venta de un 7,5% de Bankia, que significó el principio de su privatización.

Otras de las respuestas del argumentario se han caído como una ficha de dominó tras la nacionalización de la entidad. En 2008, Catalunya Caixa aseguraba a sus clientes que los compradores de deuda subordinada mantendrían la remuneración prometida pese a que la entiedad registrara pérdidas. Nada más lejos de la realidad. Los titulares de deuda subordinada tuvieron que participar, con enormes pérdidas, en el salvamento de la entidad a cambio del rescate europeo.

Además, la dirección de la entidad catalana, entonces presidida por Narcís Serra, aseguraba en este documento que si Catalunya Caixa se fusionara "la nueva entidad asumiría las obligaciones". En la práctica ha sido todo el sector, a través de aportaciones de una derrama especial al Fondo de Garantía de Depósitos, quienes han tenido que dar liquidez a los afectados por este tipo de productos tóxicos que recibieron acciones sin valor por sus preferentes y deuda subordinada. Además, el FROB contempla conceder garantías al comprador de Catalunya Caixa para cubrir los posibles futuros fallos judiciales contrarios por este tipo de productos.

Para convencer a sus clientes, la entidad se comprometía a devolver la inversión mediante un préstamo con garantía de saldos o la venta en el mercado secundario, la práctica habitual hasta que la Comisión Nacional del Mercado de Valores decidió cerrar este mercado e imposibilitar cualquier operación.

"Al igual que grandes entidades financieras (BBVA) y otras compañías (Telefónica) elevan sus dividendos a sus accionistas, en Catalunya Caixa mejoramos a los clientes que participan de nuestros propios fondos", destaca el argumentario que esgrime dos razones para justificar que la emisión pague un cupón anual del 7% el primer año, y otro 4% (euríbor a 3 meses más un diferencial del 2% con revisión trimestral) a partir del segundo. Por una parte, el plazo es más largo. Además, sostiene el argumentario, "en caso de necesidad de liquidez (la emisión) está sujeta al mercado secundario y está sujeto a variaciones en los tipos de interés".

Entre las condiciones de la emisión, la entidad aseguraba que la deuda subordinada "no era un producto complejo, estaba destinado a un perfil de riesgo prudente y con un nivel de conveniencia 2, con riesgo de rentabilidad". Estas condiciones se ofertaban a clientes de otras entidades que realizasen una inversión máxima de 60.000 euros. Los empleados, por contra, no tenían ningún tipo de limitación ni de nuevo dinero ni de importe para comprar este producto.


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