Economía

Cinco razones por las que Cataluña no puede ser la Suiza del Mediterráneo

Uno tras otro, los estudios de parte infravaloran los costes de la secesión y bosquejan una economía catalana robusta, al margen de los males que aquejan a toda España. Pero al igual que le sucedió a Madrid con la burbuja de optimismo olímpico, la realidad es otra. Cataluña, lo mismo que el resto de España, perdería muchísimo, y a continuación les exponemos cinco razones por las que el sueño independentista se aleja bastante del estado de las finanzas suizas.

El presidente de la Generalitat, Artur Mas.
El presidente de la Generalitat, Artur Mas. EFE

Una Cataluña independiente no sería una Suiza incrustada en el Mediterráneo, tal y como en muchas ocasiones se insinúa en una propaganda carente de fundamentos económicos. Uno tras otro, los estudios de parte, siempre subvencionados de una forma u otra por la Generalitat, infravaloran los costes de la secesión y bosquejan una economía robusta, al margen de los males que aquejan a toda España. Por ejemplo, el Cercle Català de Negocis confeccionó los presupuestos de una Cataluña independiente afirmando que el PIB crecería a partir de 2015 al 4 o el 5 por ciento, por encima incluso de las tasas de crecimiento europeas. U otro ejemplo: un documento de la fundación CatDem argumenta que una Cataluña independiente exhibiría un PIB per cápita un 9 por ciento superior a la media de la UE, algo que curiosamente ya consigue hoy.

Pero al igual que le sucedió a Madrid con la burbuja de optimismo olímpico, la realidad es otra. Cataluña, del mismo modo que el resto de España, perdería muchísimo, y a continuación les exponemos cinco razones por las que el sueño independentista se aleja bastante del estado de las finanzas suizas.

Los gestores. Los gobernantes de la autonomía catalana presentan un historial de gestión o ‘track record’ bastante pobre. Después de que un Govern compuesto por ERC disparase la deuda y dejase a la Comunidad fuera de los mercados, ¿qué hace pensar que una independencia espoleada por Esquerra estaría mejor gestionada?

En la actualidad, la Generalitat acumula más deuda que el resto de comunidades, sufre para pagar a los proveedores y precisa la ayuda del Fondo de Liquidez autonómico. Madrid, que aporta más recursos que Cataluña a la solidaridad interregional, en cambio presenta mucha menos deuda y cuentas más saneadas.

Y mientras que la mayor parte de las autonomías han cumplido con sus compromisos de reducción del déficit, Cataluña es la que menos ha recortado. De acuerdo con las cuentas de Fedea, la Generalitat rebajó el año pasado el gasto corriente menos que nadie: sólo un 1 por ciento una vez se descuentan las facturas sin abonar. De hecho, a cierre de 2012 el Govern sólo había cerrado un 6 por ciento de sus entidades públicas y mantiene abiertos 435 organismos. Si estos gestores no han sido capaces de administrarse bien con los recursos de los que disponían, ¿por qué van a hacerlo mejor cuando se independicen? La trayectoria financiera no indica que Cataluña se vaya a granjear enseguida la confianza de los mercados financieros y la inversión.

La deuda privada y la banca. Al igual que el resto de España, Cataluña tiene un problema de sobreendeudamiento. Según los datos proporcionados por Funcas, la Comunidad registró en 2011 una diferencia entre créditos y depósitos de 131.000 millones de euros, el más elevado de España. O dicho de otro modo, el montante de créditos concedidos equivale a 1,6 veces el total de los depósitos de la comunidad.

Por si esto fuera poco, la Caixa y el Sabadell cuentan con más depósitos en el resto de España que en el Principado catalán. Si el nacionalismo español se recrudece y provoca una fuga de depositantes, la banca catalana perdería el control incluso con la ayuda del BCE. Sólo Caixa Catalunya ya ha precisado un rescate de unos 12.000 millones. En total, las inyecciones entre Frob, Mede y Sareb a las entidades catalanas ya ascienden a los 27.00 millones. Con la mayoría de las entidades financieras catalanas quebradas, la Caixa y el Sabadell también quebrarían.

El apoyo exterior. Los bancos de inversión ya se han pronunciado sobre la independencia de Cataluña. El banco japonés Nomura ha calificado el hecho de “económicamente inimaginable, especialmente por el tamaño del sector bancario”. Y el estadounidense JPMorgan advierte de la pérdida de empresas y de que una entidad fuera de España se enfrentaría a “un entorno incierto de financiación”. Por no hablar del apoyo en la UE, ¿qué efectos tendría la emancipación catalana en una Europa en proceso de construcción? ¿Y por qué los alemanes van a querer aportar a la solidaridad europea si los catalanes no quieren? La sola idea de una Europa aún más dividida y una España desmembrada y con una economía aún más debilitada causaría pavor en Bruselas.

El comercio. Pese a que Cataluña ya exporta más fuera de España, la Comunidad importa más del extranjero y en realidad sólo salva su balanza comercial por su superávit comercial con el resto de España, por valor de 11.700 millones según los datos de 2011 elaborados por Ceprede. En primer lugar, la economía catalana ha funcionado como un centro intensivo en importaciones que luego ha exportado al resto de España. En segundo lugar, su tejido empresarial ha sido más sensible a las presiones de la globalización. Y tercero, el comportamiento de las ventas al exterior ha flaqueado y éstas únicamente han aumentado un exiguo 0,3 por ciento durante la primera mitad del año.

El boicot comercial y la deslocalización en un entorno de incertidumbre pesaría sobre la economía catalana, lo mismo que sucedió en Quebec, donde en medio de la vorágine independentista numerosas multinacionales y entidades financieras trasladaron su sede de Montreal a Toronto. Y semejante proceso sólo remitió cuando se frenó la deriva independentista.  

El expolio, las pensiones y la realidad económica catalana. La Generalitat esgrime unos estudios completamente adulterados para asentar en el imaginario catalán la idea del expolio fiscal. Sin embargo, estos cálculos no contabilizan, entre otras cosas, su parte de los gastos de los Ministerios, el déficit del Estado, los fondos europeos o el IVA abonado por un ciudadano de otro territorio pero declarado por una empresa catalana. Suprimidos estos y otros efectos, diversos académicos establecen que Cataluña tendría un superávit fiscal superior a los 4.000 millones una vez se reparte el déficit de todas las Administraciones por regiones. Es decir, el futuro Estado catalán soportaría mucho más déficit al cargar con su porción correspondiente de los 70.000 millones anuales del agujero presupuestario del Reino de España.

Y entre estos agujeros se encuentran las pensiones. Con los datos de la Seguridad Social de 2011 desglosados por autonomías, Cataluña presentó un déficit en las pensiones de 1.168 millones, frente al superávit de Madrid del orden de los 3.052 millones. Esto es, Madrid sufraga el agujero de las prestaciones catalanas.

Después de todo, la realidad económica catalana no dista mucho de la española y la tasa de paro se sitúa sólo unas décimas por debajo de la nacional. Por mucho que nos pese, todos, y no sólo una Cataluña independiente, estamos más bien lejos de constituir algo que se acerque a una Suiza del Mediterráneo.


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