Economía

El flotador de Draghi ya tiene rescatados: las finanzas públicas y los bancos

Un día después del anuncio del BCE, el coste de la deuda pública cae en toda Europa entre 8 y 10 puntos. La banca española también se beneficia y se dispara en bolsa en torno a un 3%. En cambio, el euro se resiste y apenas baja.

Mario Draghi, presidente del BCE.
Mario Draghi, presidente del BCE.

Allá va la promesa de medio billón de euros recién horneados en las máquinas de impresión del Banco Central Europeo. Ahora bien, quid prodest? Pues por mucho que se mantenga que el dinero se vaya a destinar a la economía real, han bastado 24 horas para comprobar cuál es la realidad: los grandes beneficiados de la intervención del BCE son, sorpresa, los Estados, cuyas arcas podrán financiarse más barato.

En su primer día de cotización tras las palabras de Mario Draghi, las rentabilidades de todos y cada uno de los bonos europeos a 10 años han caído entre 8 y 10 puntos básicos. El interés que paga el bono español a diez años se situaba este viernes en el 2,65 por ciento, niveles de mínimos históricos. Unos pocos días después del batacazo de las elecciones europeas, la presión para que los Gobiernos prosigan con las reformas se relaja un poco más.

Pero, claro, ¿acaso esperaban algo distinto? El diseño de las medidas del banco sito en Fráncfort no deja otra. Si el BCE deja de retirar dinero para neutralizar el impacto de las compras de deuda pública que hizo Trichet, lo que traducido a la jerga se conoce como esterilizar, entonces las reservas de las entidades aumentarán en unos 165.000 millones. Si además el BCE cobrará por alojar en sus depósitos los excesos de reservas, eso afectará sobre todo a las entidades que más reservas tienen, las alemanas. ¿Y a dónde puede ir todo ese dinero de los bancos sin que suponga coste y sin que la regulación de capital les penalice? Pues lo han acertado: a la deuda pública.

Es más, las entidades podrán tomar dinero durante dos años sin necesidad de prestarlo al sector privado. ¿Y qué van a hacer con él? Pues ya lo hemos visto, ¡viva la deuda pública!

De hecho, los bancos ya cuentan con liquidez. Su problema más bien es de solvencia. La de sus clientes y la propia. Por eso no prestan. Pero en cambio sí que precisan desesperadamente apuntalar su rentabilidad en un contexto en el que apenas hacen negocio, razón por la cual el anuncio de Draghi les viene de lujo. Los bancos podrán ahondar en la única práctica que les ha brindado pingues beneficios: el carry trade basado en la toma de liquidez barata del BCE que a continuación se lleva a... ¡deuda pública!, que además reporta un interés mayor. Y la diferencia de intereses se la apuntan en la cuenta de resultados. De ahí que los mercados premiasen a los bancos españoles con unas alzas del entorno del 3 por ciento en bolsa al día siguiente de la actuación de Mario Draghi.

En cambio, la cotización del euro resistió el anuncio de Draghi y apenas baja. Y es que en tanto en cuanto los intereses reales una vez descontada la inflación sean mayores en Europa que en Estados Unidos, la moneda única es un rehén de la política monetaria de la Fed, y sólo un giro del banco central estadounidense proporcionará alivio a las exportaciones europeas. No en vano, la Fed todavía sigue imprimiendo billetes mientras que el balance del eurosistema se ha estado contrayendo durante más de un año en… ¡casi un billón de euros!

Y la perversidad de todo esto consiste en que cuanto más capital se atraiga a la eurozona en busca de bonos periféricos, más alto cotizará el euro.

Por supuesto, con el precio del dinero cercano a cero, el Euribor ni se movió pese al anuncio de Draghi.

El bazuca de Supermario sólo habrá funcionado de verdad si la inflación despega. Pero eso se antoja bastante difícil en un contexto de claro desapalancamiento, ajustes salariales y floja demanda. La inflación será escasa. Y la poca que se pueda crear será porque la Fed inicie el camino de las alzas de tipos, provocando una caída del euro que haga más caras las importaciones, lo que a su vez erosione la capacidad de pago de las deudas de los ciudadanos. Cuando todo el mundo se desendeuda, la política del BCE de regalar dinero no funciona, salvo para los Estados y los bancos.


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