Economía

Álvaro Nadal admite que el déficit público de 2014 se puede desviar unas pocas décimas

El jefe de la Oficina Económica de Moncloa reconoce en una entrevista concedida a Bloomberg que se puede errar la meta de déficit por muy poco. Y ello a pesar de todos los vientos de cola que empujan a favor del cumplimiento presupuestario.

Álvaro Nadal, junto al presidente del PPN, Enrique Martín
Álvaro Nadal, junto al presidente del PPN, Enrique Martín FLICKR/Partido Popular de Navarra

El Gobierno puede errar el objetivo de déficit por unas pocas décimas. O eso ha reconocido Álvaro Nadal en una entrevista concedida a la agencia de noticias Bloomberg, en la cual sostiene que la meta presupuestaria de 2014 se va a cumplir “dentro de unas pocas décimas”. O lo que es lo mismo, reconoce que se le puede ir por un poquito.  

El jefe de la Oficina Económica de Moncloa defiende en esa entrevista que España no va a aumentar el gasto como consecuencia de estar inmersa en un año electoral. España es un país serio, insiste. Y a continuación apostilla: “Dentro de unas pocas décimas de un porcentaje de punto, se puede considerar que hemos cumplido”.

Lo cual significa que el déficit de 2014 podría desviarse ligeramente sobre el objetivo del 5,5 por ciento a pesar de lo fácil que parecía este ejercicio. Sin embargo, dicho incumplimiento no supondrá un problema porque la verdadera meta fijada por Bruselas se sitúa en el 5,8 por ciento. El 5,5 se lo autoimpuso el Ejecutivo.

El ejercicio de 2014 siempre se ha considerado el año menos exigente de todos en términos de ajuste presupuestario. Tan sólo había que rebajar el déficit desde el 6,3 por ciento hasta el 5,8 por ciento del PIB. Y encima se engordó el tamaño del PIB con una nueva contabilidad, lo que hizo que el denominador subiese y por lo tanto la ratio resultante fuese todavía menos onerosa.

Además, la prima de riesgo descendía y rebajaba el gasto previsto en la rúbrica de los intereses de la deuda. Conforme los parados agotaban su derecho a la prestación y aumentaba el empleo, el desembolso en prestaciones se desplomaba a razón de unos 500 millones al mes. A fecha de noviembre, el Sepe acumulaba un superávit que ronda los 5.000 millones de euros, el 200 por ciento más que en 2013.

En lugar de recortar su déficit un 30 por ciento, los gobiernos autonómicos lo han engordado un 20 por ciento en plena carrera electoral

A su vez, la recaudación de impuestos remontaba fruto de la recuperación. A principios del año pasado, Montoro incluso anunciaba que los ingresos tributarios crecían al 6 por ciento, muy por encima del PIB. Todo eran vientos de cola que empujaban el barco hacia su destino tras varios años de tribulaciones.

Sin embargo, la realidad no ha sido tan esplendorosa como vendía el Ejecutivo. Para comenzar, pese a la caída de la prima de riesgo, el gasto en intereses todavía avanza a tasas de un 5 por ciento. Lanzadas a la carrera electoral, las Comunidades están incumpliendo clamorosamente con el ajuste comprometido. En lugar de recortar el déficit un 30 por ciento, los gobiernos autonómicos lo han engordado un 20 por ciento a pesar de las ayudas de Hacienda para que paguen menos intereses por su deuda. Sus principales medios de recaudación siguen dependiendo demasiado de la construcción, cuya recuperación tras el crash inmobiliario lógicamente se retrasa respecto al resto de la demanda interna. De ahí que el PP se plantee gravar más el IBI o el Impuesto de Circulación para llenar las arcas de las CCAA en la próxima reforma del sistema de financiación.

Por más que se diga que la recaudación va muy bien, los ingresos del conjunto de las Administraciones sólo están repuntando un 2 por ciento. Nada increíblemente espectacular debido a una inflación y unos salarios a la baja que merman lo obtenido por caja. La recaudación tributaria del Estado crece un 4 tan sólo porque el IVA se dispara espoleado por el consumo. Aun así, en una especie de brindis al sol, Álvaro Nadal abrió la puerta en la entrevista a bajar más los impuestos durante este año... Siempre que los ingresos se eleven significativamente por encima de las previsiones.

Previsiblemente, el sistema de pensiones seguirá este año sufriendo un déficit al alza, consecuencia de la diferencia entre unos desembolsos que crecen

alrededor de un 2 por ciento y una recaudación que sube un poco más de un 1 por ciento lastrada por la tarifa plana y unas retribuciones más bajas.

Cuando se pregunta a fuentes cercanas al Gobierno, éstas defienden que las cuentas marchan razonablemente bien y que lo importante es que se está reduciendo el déficit. Alguno incluso recuerda que no se podría experimentar la recuperación que se está viviendo si no se hubiesen parado los recortes. “En una primera fase había que rebajar grasa y ahora se puede esperar que el crecimiento de los ingresos y el PIB vayan progresivamente disminuyendo el déficit”, comentan fuentes gubernamentales.

Sea como fuere, el ligero incumplimiento pondría de manifiesto que no se puede levantar el pie de la consolidación fiscal porque corremos el riesgo de desviarnos en cuanto nos relajemos. Aunque tan sólo se trate de mantener congelado el gasto, las presiones para aumentarlo se multiplicarán conforme se aprecie la recuperación, lo que a su vez pondrá bastante más difícil el cumplimiento de las metas del 4,2 por ciento en 2015 y el 2,8 por ciento en 2016. Sobre todo si en algún momento se agotan todos los vientos de cola que empujan con fuerza la economía española y europea.


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