LOS SERVICIOS DE EMPLEO FRANCESES, GERMANOS Y DANESES

Ser parado en la UE: menos dinero por despido pero más prestaciones

La reforma laboral equipara a España con sus vecinos en cuanto a indemnización, pero la protección social difiere mucho del resto en gasto o condiciones de acceso.

Cartel de una agencia de colocación en Alemania.
Cartel de una agencia de colocación en Alemania. Wikimedia

Mucho se ha comparado la última reforma laboral española con el resto de Europa en materia de indemnizaciones por despido (ahora, de 45 a 33 días por año trabajado para despidos improcedentes pero facilitando que se eche con 20 días). Pero otra vertiente de la reforma no ha sido tan contrastada: la protección al parado tras su marcha de la empresa. Fruto del horripilante paro, los servicios de empleo españoles son ineficaces: gastan más que nadie en la UE (3,75% del PIB), no remuneran tanto, apenas recolocan (debido, en parte, a que no hay adonde) y acceder a ellos no es tan obvio como pueda parecer.   

Una realidad: España tiene un paro del 23,3%, el doble que los tres países –Alemania, Francia y Dinamarca- que Vozpópuli ha analizado. Otra realidad: dos millones, casi la mitad, no recibe ninguna prestación. “Desde los años noventa, prácticamente todos los gobiernos europeos han endurecido las condiciones para indemnizar a sus parados”, explicaba esta semana a Le Figaro la investigadora Carole Tuchszirer, del Centro de Estudios para el Empleo francés.  

¿Cuánto se protege a los parados en Europa aparte de la recompensa que reciben tras el despido? A nivel económico, más que en España, excepto países como Italia o Reino Unido, donde las prestaciones son ínfimas en comparación. Francia es relativamente laxa a la hora de permitir el acceso; en Bélgica, la duración del paro es ilimitada; Alemania es sumamente rígida; y en Dinamarca, que gasta mucho en desempleo, los servicios se entrevistan regularmente con los demandantes. Todos son más severos que España. 

El sistema alemán, exigente y eficaz

Con el paro cerca del 10% en 2003, el Gobierno de Gerhard Schröder diseñó reformas del sistema de prestaciones por desempleo siguiendo dos pautas: reducir el número de parados de larga duración y fomentar la actividad, cueste lo que cueste. Sin embargo, la famosa ley Hartz IV, puesta en marcha entre 2003 y 2005, ha endurecido las condiciones de las ayudas y creado una clase social condenada al tiempo parcial, sin reducir el número de parados de larga duración.

Para beneficiarse de las ayudas, el parado tiene que haber trabajado 12 meses en los dos últimos años, comparado a los seis últimos años en España. Si posee un patrimonio inmueble, no tendrá derecho a ayuda. En sus ofertas de empleo, tiene que aceptar cualquier salario después de siete meses de búsqueda, por lo que los parados de larga duración (el 47% de todos los parados) se ven obligados a consentir empleos por 1 euro la hora, añadido a sus prestaciones. Consecuencia: el 26% de la población activa trabaja a tiempo parcial –siete millones en los celebérrimos minijobs, frente al 13% en España.

A pesar de sus defectos, la ley Hartz IV ha permitido fomentar la actividad y las cuentas de la Seguridad social han terminado 2011 con un superávit de 15.000 millones de euros. Aparte de reducir las partidas por desempleo y el número de parados, Alemania ha conseguido que la Seguridad social reciba más cotizaciones. Pero el sistema ha polarizado a la población activa, con una clase protegida y otra que se conforma con empleos precarios o a tiempo parcial.

Francia, sistema abierto pero no igualitario

El sistema de prestaciones por desempleo francés es, por principio, abierto a todos. La única condición para recibir ayudas es haber trabajado cuatro meses de los 28 precedentes, 36 para los parados de más de 50 años. Con una tasa de paro del 10% y indemnizaciones medias al 67,3% durante dos años, Francia ha creado un sistema ventajoso pero poco igualitario desde que el presidente Nicolas Sarkozy introdujo reformas en 2008.

Desde el aumento del número de parados en los años 70, las prestaciones han sido menos y menos generosas: la duración máxima de indemnización ha pasado de 36 meses en 1979 a 30 meses en 1984 y 23 meses en 2001. Con las reformas de 2008, el Gobierno de Nicolas Sarkozy introduce la “oferta razonable de empleo” según la duración del paro y, para fomentar la actividad, decide que los parados tienen que aceptar la tercera oferta razonable para no ser borrados de las listas. También desaparecen las antiguas categorías de parados, favoreciendo a la mayoría de los desempleados, que tendrán que trabajar menos para recibir ayudas, pero perjudica a ciertas categorias, como los que tienen más de 50 años: desde 2008, pierden hasta siete meses de ayudas.

Nicolas Sarkozy promete aun más reformas como candidato. Quiere someter a referéndum una nueva reforma del paro, exigiendo a los parados de larga duración que se dediquen a actividades voluntarias de 7 horas a la semana para seguir recibiendo prestaciones.    

Dinamarca generosa y severa

Curioso paradigma el danés: el primer año da una gratificante prestación (72,6% del último sueldo). Y el segundo, tercer y cuarto año da… más (73,4%). Pero en el drakkar vikingo no toda la mercancía es orégano: cuando uno se inscribe en el paro, entrega su CV y se entrevista cada tres meses con los servicios de empleo. Rechazar un puesto conlleva el singular castigo de tres semanas sin prestación. Así penaliza el bienestar nórdico (7,9% de paro) la hipotética dejadez del parado.

Acceder al servicio no es, empero, tan sencillo. Dinamarca es un país con un 20% de trabajadores temporales, y la Administración exige que de los últimos tres años, uno de ellos (52 semanas) se haya cotizado a tiempo completo. El Estado gasta un 3,2% del PIB, mucho más que España si se tiene en cuenta la baja tasa de paro danesa. En Copenhague y otras urbes abundan los ‘minijobs’, pero solo un 6% tiene contratos temporales.


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