Detalles al natural

Rajoy emerge sobre sus Sherpas

Tras hacer de sherpa para Aznar hasta la mayoría absoluta de 2.000, decidió dejar los fardos opositando a escalador desde su condición de ayuda. Su señorito cumplió la palabra de los ocho años y lo aupó contra pronóstico para encabezar la cordada del siguiente ‘ocho mil’. Después, ya sabemos cómo la avalancha del inconcluso 11-M le impidió hollar la cumbre en 2.004 y el titubeo de sus huestes más aguerridas en el 2.008– el caso de Pizarro con el ‘tuerto’ Solbes en televisión fue el más llamativo – propició un nuevo descalabro.

Los primeros sherpas.

Tras el segundo fiasco su propia gente le recetó más rocódromo y mucho gimnasio, y a cubierto tuvo que lidiar lo que barruntaba una encerrona – por ahí apuntaba Aguirre con algunos apoyos- en el congreso de Valencia. Tras alguna seria duda inicial, buscó ayuda porque algunos notables ya lo calificaban por lo bajini de flojeras sin remedio. Y Rajoy maniobró para encontrar sus dos primeros sherpas licenciando a los heredados. Camps y Arenas, al frente de las dos poderosas baronías de Valencia y Andalucía, le ayudaron a pertrecharse en Génova hasta encaminarse a una nueva intentona en cuanto Zapatero cayera por incapacidad extrema.

Pero antes, Rajoy, hombre de lealtad diletante, hubo de prescindir tras esperarle más de un año de uno de sus hombres fuertes por un inesperado ataque de ‘tontuna trajeada’. Y así, con el compañero Arenas y otros barones y baronesas – Cospedal la más destacada y con mano de hierro- que acudieron prestos a diluir el efecto del caído Camps, hizo cumbre ‘monclovita’ entre esperanzadas multitudes.

El desfondamiento de los penúltimos sherpas

Pero entonces había que corroborar su verdadera valía porque el siguiente ‘ocho mil’, llamado crisis total, era el que tenía preocupadas y ocupadas a todas las cordadas mundiales, tres de las cuales y del mismo club del euro se habían despeñado en el difícil intento.

Y pronto encontró sus nuevos sherpas con la incorporación de un doméstico interno como Montoro, situado en el ala social cristiana del aparato ‘genovita’ con experiencia en la exitosa vieja cordada de Aznar, y con un fichaje técnico y externo como De Guindos, que también había participado en aquella expedición aunque en un papel menor.

Dada la climatología adversa hacia la cima, hubo voces cualificadas que le aconsejaron el nombramiento de un segundo que se encargara de los porteadores por ser el terreno áspero y necesitado de alguien muy experimentado para abordar desniveles desconocidos hasta el momento. Pero Rajoy, receloso de que ‘otro Rato’ pudiera llevarse al final los laureles como ocurrió con los éxitos económicos de la etapa de Aznar, afirmó como el añejo torero: “primero yo, segundo yo y después ‘naide’ “. Y empezó incautamente la escalada hacia lo desconocido.

Pronto empezaron los cambios de ritmo y las contradicciones programáticas y personales entre sus dos nuevos sherpas. Inició Montoro con el directísimo ‘impuestazo’ a sus propios votantes para favorecer a su colega Arenas en Andalucía –había que dejar sin discurso a izquierdas y sindicatos-, imponiendo su inesperada ‘rojísima’ tesis frente a De Guindos, más partidario de avances indirectos, curiosamente, en la línea propia liberal de un amplio sector de votantes populares y del partido. Le siguió éste con dos reformas financieras consecutivas que acabaron por encorajinar a los banqueros y ‘cajarios’; sus primeros padrinos.

Y así, con sus votantes cabreados y los financieros, empresarios y autónomos echando leche por los colmillos junto a la otra media España, llegamos a la previsible situación reciente tras el último indignante leñazo a todos los españoles: el tardío y peor medido subidón de impuestos indirectos y el tajo inmisericorde a los funcionarios, para no abordar el mal de elefantiasis que hace inviable el estado de las autonomías, por ello desgraciadamente desprestigiado, que nos dimos con la Constitución de 1.978.

Los penúltimos sherpas dan muestras de agotamiento disperso, sobre todo Montoro, y se intuye un relevo ordenado en cuanto amaine el diluvio; Guindos se podría recolocar por los lazos que haya urdido en Europa aunque levantaría muchas ampollas internas – caso Rato-.

Una claridad en la tormenta

Rajoy es un escalador de largas distancias y no casualmente desde hace unos días parece abrirse un claro en el cielo. Fijando sus piolets con fina inteligencia ha logrado abrir una vía en el temible paredón helado alemán. Contactos a todos los niveles y diversos embajadores conocidos y otros insospechados – ¡hasta quizás involuntariamente Toxo y Méndez!- han logrado que Merkel, con la amenaza de unas inciertas y prontas elecciones domésticas, afloje la tensión y por boca del ‘bien mandado’ Draghi juegue interesadamente la carta de la salvación del euro como urgencia ineludible en esta hora terminal de Europa. Los Panzer del norte despejarán el frente pero con sus implacables cañones vigilando el flanco mediterráneo.

Un sugerente cisne negro

La España que hemos conocido desde la Transición huele a cirios ardientes, y el Presidente tiene escasísimo margen para nuevos sherpas. Quizás sólo necesite reinventarse y reinventarnos fijando con fuerza su estribo a la cordada Merkel, quien prudentemente valora a Rajoy como mal menor ante otras incertidumbres hispánicas. Su tiempo, como el del desmadrado sistema autonómico, entona el efímero canto del cisne; negro, pero también sugerente en este caso.

O quién sabe –toquemos madera-, si a la larga no resulta el cisne gallego un nuevo Ave Fénix resurgiendo sobre la luz del ocaso de sus sherpas en una renovada España. El panteón de hombres ilustres podría esperar... de nuevo. 


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