Desde la Tarima

El IVA en la Feria de Valverde

Cuesta creerlo

Nada más aterrizar en la Villa y Corte [de Los Milagros] le empujan a uno a encaramarse a esta modesta tarima para hacer alguna aclaración que sería ociosa de no requerirla la confusión fiscal imperante. El lector con discretos conocimientos en materia tributaria sabrá disculparme.

Los hechos son los siguientes. El señor Monago, presidente del Gobierno de Extremadura (cosa inconcebible en mi añorada juventud, no porque los extremeños merecieran el desgobierno sino porque tenían más que suficiente con sus dos gobernadores civiles, los que desde 1834 correspondían a ambas provincias de aquella personalísima región, las mismas que con regocijo infantil y sencilla consonancia cantábamos en la escuela respondiendo a la pregunta del maestro: “¿Provincias de Extremadura? Son dos, Cáceres y Badajoz”); el señor Monago, repito, del PP, presidente de Extremadura gracias a los votos de de IU (cosas veredes, Sancho amigo), ha decidido seguir su propia línea en política fiscal. Si su predecesor, el “bellotari” Ibarra, inventó el Impuesto sobre Depósitos de Entidades de Crédito con el objeto de gravar los ahorros de los sufridos extremeños no invertidos en su feudo por los depositarios locales (exacción luego copiada por Andalucía y Canarias, ¡Viva la neutralidad impositiva y la unidad de mercado!), el presidente Monago ha inventado, por su parte, el “IVA diferencial” o “IVA minorado” vía subvención compensatoria. Su propósito es despresurizar –valga la expresión- la fiscalidad que incide sobre la “cultura” patria y, naturalmente, no se le ocurre otra cosa que hacerlo subvencionando las escasas actividades culturales no exentas del IVA con cargo al producto recaudatorio de otros impuestos de los que es territorialmente beneficiario.

La suerte de despropósitos enfáticamente proclamados por el señor Monago con motivo de la “diada” extremeña, es realmente antológica. Ha dicho: “[…] no vamos a permitir que se vacíen nuestros espacios culturales. Ahora es cuando más debemos apoyar todos nuestra cultura. Y nuestra cultura se apoya en el dinero público [ignoraba esta dependencia exclusiva y me estremece siquiera pensarlo] […] La cultura no sólo alimenta el alma, sino que también engorda la cuenta de resultados de nuestro pueblo”. Por eso se dispone a subvencionarla en la medida necesaria para que el efecto neto de la subida del IVA quede en el 13% y no en el 21%, nuevo tipo de gravamen general fijado por el mandamás en la materia, señor Rajoy. Se nos aclara que la condición para disfrutar de tan ventajoso trato es que “[…] las industrias y empresas culturales que se acojan a la ayudas del Gobierno de Extremadura […] deberán comprometerse a no repercutir el incremento del IVA ordenado por el Estado en las entradas que pagan los espectadores”. No sé tampoco si se refiere a los seguidores de Serrat y Sabina y a su musical “Dos pájaros contraatacan”, pues a la vista de la amplia lista de exenciones relacionadas con el mundo de la cultura contenida en el artículo 20 de la Ley reguladora del Impuesto, no son demasiadas las actividades sujetas y no exentas. Aunque quizá tenga sentido la sugerencia de la señora Cospedal para distinguir entre “cultura” y “divertimento”.

La cosa, de tener algo, serían las trazas de un fraude de ley más que de una extralimitación de competencias normativas por parte de una Comunidad Autónoma. Si bien puede ocurrir que Monago no haya entendido los términos del marco conceptual y legal en el que necesariamente tiene que desenvolverse en materia del IVA, y ahora que estamos en tiempos de inmersiones lingüísticas debería reconocer en el castúo de Gabriel y Galán: “Yo no sé explicalo / porque a mí se me enrea la lengua / con esas palabras que train los papeles / dendi las ciudades dondi los imprentan”.

¿Mutaciones genéticas en el cuadro fiscal?

Pero no es sólo el presidente extremeño el que da muestras de ignorancia o fatiga mental en los asuntos tributarios. Desde que se anunció la subida del IVA, son muchos los sectores económicos que han manifestado su disposición a asumirla como un coste más de producción. Por lo que se refiere al de la cultura, el propio ministro del ramo ha manifestado su confianza en que la industria cultural absorberá “al menos parte de ella”. Ya antes del verano  hicieron lo mismo algunas grandes superficies como El Corte Inglés o Carrefur, habida cuenta de la atonía del consumo (recuérdese que en abril las ventas minoristas habían caído un 11,3% interanual) y que de  los bienes y servicios que iban a pasar a tributar del 8% al 21% (¡13 puntos porcentuales de incremento!), el 70% forman parte del núcleo consuntivo básico de los hogares españoles. La industria del automóvil –segunda en el ranking europeo, que supone el 10% de nuestro PIB y genera más de 300.000 empleos- se ha visto igualmente  compelida a asumir el  incremento impositivo. Así, Lexus, Fiat y Mazda, por ejemplo, están ofreciendo a sus clientes no repercutirles el 3% adicional de IVA que supone la subida (del 18% al 21%), por las reservas de vehículos que efectúen durante el actual mes de septiembre, y Mazda llega incluso a absorber con cargo a sus márgenes de beneficio el llamado Impuesto de Matriculación. Repsol, por su parte, se ha comprometido también a rebajar el precio de gasolinas y gasóleos en sus estaciones de servicio para amortiguar el incremento de la presión fiscal.

¿Qué quiere decir todo esto? Dos cosas: primera, que el IVA, como pieza central de la imposición sobre el consumo, esta mutando, se esta desnaturalizando; y segunda, que debemos andar muy cerca del límite de carga fiscal tolerable correspondiente a esta clase de impuestos (recuérdese que el IVA, como impuesto general sobre el consumo, se aplica sobre unas bases imponibles de las que forman parte las cuotas tributarias correspondientes a los Impuestos Especiales, con excepción del que grava la electricidad), ya que los empresarios, que son meros sujetos pasivos del IVA, no contribuyentes,  están viéndose obligados a no repercutirlo a sus clientes y a soportarlo ellos mismos con cargo a sus beneficios. Como es sabido, el IVA trata de incidir efectivamente sobre el consumo como expresión de la capacidad contributiva de quienes adquieren los bienes o reciben los servicios gravados, no sobre el beneficio de las empresas. Para eso están el Impuesto sobre Sociedades y el propio IRPF, cuando el  empresario es una persona natural. Por eso hablo de desnaturalización del IVA y de que la imposición sobre el consumo parece estar dando con pies en pared como consecuencia de la reciente elevación de sus tipos de gravamen. Hay otros síntomas de fatiga fiscal que apuntan en la misma dirección.

Colofón, coda o no sé cómo llamarlo

Y mira que ya lleva uno unos cuantos años en este publicano mundo de los impuestos. Ante las ocurrencias del señor Monago, ante la política fiscal desplegada tanto por la autoridad central como por las autonómicas, y ante la errática difusión de la carga tributaria que se deriva de tales políticas y de las especiales  circunstancias por que atravesamos, resulta expresiva la comparación de cierto expresidente del Gobierno, de infeliz recordación: “España es como la Feria de Valverde, en la que quien más pone más pierde”. Y todo por no querer asumir que lo que se impone es una drástica tala del gasto público injustificado e ineficiente, y no esta continua escalada de la presión fiscal.  Como decía Michel de Montaigne – el señor de la Montaña, según lo llamaba nuestro Francisco de Quevedo-, “[…] la admiración es fundamento de toda filosofía; la investigación su progreso; y la ignorancia su fin”. Así queda uno al aterrizar de nuevo en esta Villa y Corte de los Milagros, en medio de las diecisiete pedanías autonómicas no menos milagrosas y preocupantes.


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