Desde la Tarima

El Gobierno, entre la espada y la pared

No es esgrima de salón, por desgracia

Cuando el caballero se encontraba entre la punta de la espada de su adversario y la pared, no cabía otra alternativa: o el perdón o la muerte. Cuando un país como España suscribe válidamente unos tratados o convenios internacionales y los publica oficialmente, éstos pasan de modo inmediato a formar parte de su ordenamiento jurídico interno con su misma  fuerza obligatoria. Esto establece la Constitución. Cuando el Estado de un país como el nuestro se desposee de forma irresponsable y gratuita de las competencias que le son propias y esenciales, queda irremisiblemente a merced de quienes reciben estas competencias. Se da entonces la paradoja de que teniendo que cumplir sus compromisos con otros estados, no puede, sin embargo, hacerlos cumplir dentro de la propia casa, porque se ha desposeído de la potestad (también de la autoridad, por dejación y falta de ejemplaridad) y de los instrumentos necesarios para ello. España tiene que lograr el objetivo de la consolidación fiscal que le impone su pertenencia a la Unión Económica y Monetaria, pero no puede hacerlo porque diecisiete díscolas criaturas autonómicas se lo obstruyen, porque la estructura misma del Estado se lo impide Lo absurdo de la situación llega al extremo cuando buena parte de esas criaturas está gobernada –es un decir- por el mismísimo partido del Gobierno de la Nación -¿es otro decir?-, y se le insolentan lo mismo que si fueran adversarias. La aberración sobrepasa incluso ese límite cuando el partido del Gobierno de lo que parece quedar de la Nación, sostiene en los gobiernos regionales a los partidos que le hacen imposible gobernar en el conjunto del país (léase PP, respecto de los gobiernos del PSOE y de CIU, en el País Vasco y Cataluña, respectivamente). Incomprensible.

De cómo pueden pisarle a uno el título de una columna

Lo hasta aquí escrito lo ha sido antes de leer los titulares de la prensa del día, que ahora llega a mi mesa de trabajo. Compruebo que me han chafado el título de esta columna. No por la intención, sino por la expresión. En efecto, uno de los rotativos titula con grandes caracteres y en primera página: “El Gobierno, atrapado entre la espada del mercado y la pared de la calle”. Sí, también. Es cierto. Pero antes, y a lo largo de un proceso que ha durado casi un tercio de siglo, se ha ido formando la enorme -y deforme- burbuja institucional y de gasto público que nos ha empujado hasta aquí, hasta la encrucijada en que nos encontramos. Era mi intención señalar cómo España se encuentra hoy entre la espada de tener que cumplir con sus compromisos eurocomunitarios y la imposibilidad de hacerlo por la rebeldía del Frankenstein autonómico que ella misma ha engendrado. Es decir, entre los ajustes que nos imponen para el rescate financiero y los que el Gobierno tiene que imponer a los rescatados.  Porque si ahora nos encontramos entre el rechazo de los mercados y la presión de la calle es, entre otras cosas, por la imposibilidad de someter a disciplina al Monstruo de las Diecisiete Cabezas. Algo así como la mítica Gorgona que habitaba en los confines de Occidente –en este finis terrae nuestro-, a la espera de un Perseo que le ajuste las cuentas. Y esto de las cuentas no es una simple metáfora.

No resultará fácil salir del trance

Ni la reforma de la Constitución llevada a cabo el pasado mes de septiembre mediante la nueva redacción de su artículo 135 –nuevo precepto con cuerpo de norma constitucional y alma de orden ministerial, que diría Carnelutti-, ni la Ley Orgánica 2/2012, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera (no podía faltar lo de la “sostenibilidad”), que desarrolla dicha reforma, lograrán embridar al monstruo. Creo que el procedimiento a seguir para ello es complejo, retardatario y, sobre todo, que precisa de una voluntad, unidad y firmeza políticas hasta ahora inéditas en el panorama nacional. Ya la Exposición de Motivos de la Ley citada empieza por reconocer el fracaso de los intentos anteriores: “El fuerte deterioro de las finanzas públicas registrado desde [2008][…] agotó rápidamente  los márgenes de maniobra de la política fiscal […] La crisis económica puso rápidamente de manifiesto la insuficiencia de los mecanismos de disciplina de la anterior Ley de Estabilidad Presupuestaria [la de 2001]. En el marco de esta Ley se alcanzó el mayor déficit de nuestras Administraciones Públicas, con un 11´2 por ciento del Producto Interior Bruto […]”. Y aunque la nueva Ley Orgánica manifiesta la decisión regular la estabilidad presupuestaria en un contexto único para todas las Administraciones citadas (Estado, Comunidades Autónomas, Corporaciones Locales y Seguridad Social), lo hace partiendo de unos nuevos principios, entre los que destaca los de “responsabilidad y lealtad institucional”. Aviados estamos. Esperemos que no sean las mismas  responsabilidad y lealtad de las Comunidades Autónomas que se ponen por montera, entre otras muchas cosas, las sentencias del Tribunal Supremo y del Constitucional.

Bueno, esto creo yo aunque no lo desee. Porque como decía Santa Teresa de Jesús, la santa más castiza de las que andan por ahí Arriba, “siempre en las cosas dificultosas, aunque me parece que lo entiendo y que digo verdad, voy con este lenguaje de que me parece, porque si me engañase estoy muy aparejad[o]”.                    


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba