Desde la Tarima

¡Dios mío, qué fiasco señor Rajoy!

Tal para cual

Fiasco sólo comparable en intensidad al cinismo de la oposición con el señor Rubalcaba a la cabeza. Triste es decirlo: ¡Casi ocho años mirando al cielo y al horizonte, esperando  ver la polvareda del Séptimo de Caballería viniendo en nuestro socorro a galope tendido! Pero resulta que sioux, cheyennes y arapahoes han terminado por aliarse con el coronel Custer, que estaba dispuesto a todo menos a morir con las botas puestas. Al parecer prefiere sobrevivir penosamente en alpargatas ¿O no? ¡Pues sí! Era de esperar tras el giro de la singular congregación mariana celebrada a renglón seguido de las elecciones de 2008, o sea en el  congreso a la búlgara de Valencia: “¡El que quiera formar un partido liberal o conservador, que se vaya!” (Marianodixit). Entonces qué. Lo que hay: “ni chicha ni limoná”.

Rajoy está dispuesto a todo menos a morir con las botas puestas. Prefiere sobrevivir penosamente en alpargatas.

Más todavía: continuismo en lo político (en relación con el terrorismo, la descomposición institucional, la perversión del aberrante sistema autonómico, la inmersión lingüística, la legislación sobre el aborto…) y rotundo fracaso en lo económico. El miedo al famoso rescate no es otra cosa que el pánico a que el fracaso del Gobierno y del Régimen se reconozcan universalmente, y a que les/nos pongan los deberes desde fuera. Aún recordamos muchos, muchísimos, aquella manifestación gigantesca en la Plaza de Colón contra la política zapateril de negociación con ETA. Rajoy, en la tribuna, hecho una uve doble, brazos en alto unidos a los de María San Gil y Ortega Lara. ¡Y un verdadero mar de banderas españolas! Por lo visto, demasiadas. España debe ser el único país del mundo donde hay que esconder la bandera nacional porque, al parecer, produce escándalo y alarma. Estos días, precisamente, se ha revalidado el agradecimiento a Santiago Carrillo por su inmensa generosidad de aceptarla “sin reservas” y por habernos obsequiado con su no menos generoso consentimiento y decidido impulso para la Transición.  

Ya lo saben hasta los chinos

Y lo que es más importante, los alemanes. Tengo delante de mi la traducción de un artículo de Stefanie C. Müller, corresponsal en Madrid de Die Zeit, Wirtschaftswoche, Die Telebörse y Strategies Europe, del que se ha hecho eco el profesor Centeno en su blog de “Cotizalia” y que circula estos días profusamente por la red. Ya digo, lo importante no es que nos enteremos de su contenido los que ya lo sabíamos, ni la exactitud milimétrica de los datos que aporta, sino su difusión por tierras teutonas, que es donde tienen la sartén por el mango para eso del “agua de socorro” que mendigamos.

La razón de la enfermedad de España –escribe Müller-, es un modelo de Estado inviable.

Dice así a sus lectores la periodista y economista germana, refiriéndose a España y a su  encrucijada actual: “Las razones verdaderas de la crisis del país […] nada tienen que ver con salarios demasiado altos – un 60% de la población ocupada gana menos de 1.000 euros/mes-, pensiones demasiado altas –la pensión media es de 785 euros, el 63% de media de la UE -15- o pocas horas de trabajo, como se ha transmitido a veces desde Alemania […] A España tampoco le falta talento, ni capacidad empresarial, ni creatividad. Tiene grandes pensadores, creativos, ingenieros, médicos excelentes y gestores de primer nivel”. ¿Cuál es, pues, la auténtica causa de nuestra postración, la que nos ha traído hasta aquí y nos impide levantarnos? “La razón de la enfermedad de España –escribe Müller-, es un modelo de Estado inviable, fuente de todo nepotismo y de toda corrupción, impuesto por una oligarquía de partidos en connivencia con las oligarquías financiera y económica, y con el poder judicial y los organismos de control a su servicio. En España no existe separación de poderes, ni independencia del poder judicial, ni los diputados representan a los ciudadanos, sólo a los partidos que los ponen en la lista […] Todo esto lleva también a una economía sumergida que llega al 20% del PIB y que frena la competencia, la eficacia y el desarrollo del país”.

Y hablando, no ya de fraude fiscal ni de economía sumergida, añade: “[…] No puede permitirse por más tiempo este nivel de corrupción, y menos aún a 17 regiones funcionando como estados independientes, con todos los organismos multiplicados por 17, desde 17 servicios meteorológicos a 17 defensores del pueblo, con 200 embajadas, 50 canales de TV regionales en pérdida, 30.000 coches oficiales o 4.000 empresas públicas que emplean a 520.000 personas, creadas específicamente para ocultar deuda y colocar a familiares y amigos sin control ni fiscalización alguna”. Las afirmaciones sobre nuestro déficit público, conocido y por conocer, estimado y por estimar (pronostica un 11% del PIB para 2012, nada menos), junto a la recomendación que se hace al Gobierno alemán para que se subordine el famoso rescate a la solución de todos estos problemas, cierran el documento. Nihil novum sub sole, nada nuevo hay bajo el sol, decían los latinos. Pero lo importante es que el artículo de referencia y otros muchos que circulan desde hace tiempo por la prensa internacional acerca de nuestro síndrome político-económico-institucional, no contribuyen precisamente a mejorar eso de la marca España.

Y en estas, el MoltHonorable y compañía se ponen de parto

Tampoco parece que la “rotura de aguas” separatista del señor Mas y sus acólitos vaya a lustrar dicha marca.  Ni la tournée de las máximas jerarquías del Estado por esos mundos de Dios para venderla, como si fuesen representantes comerciales de algún producto desconocido o difícil de colocar (cinco siglos, quinientos años de historia, ¡Oigan!). A la amenaza secesionista no se responde mirando para otro lado o diciendo que lo será con la Constitución y con las leyes en la mano, porque probablemente no haya constitución política más incumplida que la nuestra. Y si ha de hacerse así, no sabemos cuándo ni si lo será aplicando ese artículo ornamental de su texto que es el 155, cuyo tenor, por si no lo recuerdan los señores convergentes, es el siguiente: “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”. Y más contundente es el artículo 102.2, cuando al contemplar la posible responsabilidad criminal del Presidente y de los demás miembros del Gobierno prevé, “[…] si la acusación fuese por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones […]”, que su responsabilidad pueda ser “[…] planteada por iniciativa de la cuarta parte de los miembros del Congreso, y con la aprobación de la mayoría absoluta del mismo”, ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo (artículo 102.1).

España tiene una larga experiencia de las consecuencias de haber dejar a la autoridad y al poder civil en el arroyo

Constitucionalistas tiene las Constitución, como doctores la Iglesia. A su pericia dejo la hermenéutica de los anteriores artículos y la procedencia de su aplicación atendiendo a la gravedad de los hechos que estamos viviendo. Una cosa es cierta cuyo alcance ignoro. Me refiero al reciente comunicado de la Asociación de Militares Españoles (AME, inscrita en el Registro de Asociaciones con el número nacional 80.680) en el sentido de que “[…] Quienes colaboren o permitan la ‘fractura’ de España deberán responder con el máximo rigor ante los tribunales en el ámbito de la jurisdicción castrense por la ‘grave acusación de alta traición”. Como era de esperar, la desfachatez separatista ha llevado hoy mismo a que Solidaritat Catalana per la Independencia (¿es posible que sea legal semejante asociación?) haya denunciado a AME ante la Fiscalía por amenazar al pueblo catalán, por los “presuntos delitos de provocación y conspiración para la rebelión”. O sea, el provocador provocado, el violador violado,… la repanocha.Desgraciadamente, España tiene una larga y amarga experiencia de las consecuencias de haber dejado a la autoridad y al poder civil yacer en el arroyo.

Como en La leyenda de la ciudad sin nombre

¡Qué fiasco señor Rajoy, qué fiasco! Si se le ha caído a usted el poder encima, con una mayoría absoluta difícilmente repetible, y no sabe qué hacer con él, sería de agradecer que  hiciera un discreto mutis por el foro y pidiera su reingreso en el benemérito cuerpo de Registradores de la Propiedad. Ante su indefinición, su oblicuo y desesperante proceder y responder, sus moratorias, sus evasivas y sus simplezas, le viene a uno a la memoria la melodía del western musical de Joshua Logan en La leyenda de la ciudad sin nombre, pues, en efecto,” hay dos clases de gente: los que van a alguna parte y los que no van a ninguna parte”,ycadavezpareceustedmásunex ciudadano de ninguna parte, como dice la célebre canción de la estrella errante.


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