Desde la Tarima

Barrabás nuevamente amnistiado

La zanahoria y el palo

“Amnestía”, de donde, en español, amnistía, es decir: “olvido”. Eso dice el Corominas. El de la RAE, precisa: “Olvido de los delitos políticos, otorgado por la ley ordinariamente a cuantos reos tengan responsabilidades análogas entre sí”. Pero no se trata de delitos políticos, sino de fraude tributario. Aunque, bien mirado, éste también atenta contra los intereses de la polis. Por eso, sin duda, se habla de “regularización”, que vale tanto como “ajustar o poner en orden una cosa”, según el Diccionario de la Docta Casa. Así, “regularización fiscal”, queda mejor.

Se nos han recordado estos días toda clase de antecedentes nacionales y foráneos de amnistías fiscales reconocidas en relación con materias imponibles situadas allende las propias fronteras o sumergidas económicamente en el propio terruño. Algunos, indagando antecedentes remotos, han hallado el más lejano en la célebre Piedra de Rosetta, pues, al parecer, la misma hace referencia a un decreto dado en Menfis, en 190 a. C., por Tolomeo V Epífane, mediante el cual este monarca dispuso la excarcelación de ciertos evasores del Fisco. Pero no se trata ahora del decreto del Epífane (¿quizá Epifanio?), sino del reciente Decreto-Ley dado por Mariano Rajoy, nuestro flamante presidente del Gobierno. Según esta norma, podrán tributar con arreglo a un “gravamen especial” de sólo el 10% las rentas, bienes y derechos no declarados a efectos del IRPF, del Impuesto sobre Sociedades y del Impuesto sobre la Renta de No Residentes, que afloren antes del próximo 30 de noviembre, siempre que pueda acreditarse que su titularidad es anterior al 31 de diciembre de 2010. Se interpreta que quedan excluidos el oro y el dinero efectivo cuya titularidad no pueda demostrarse, tratando de impedir así el blanqueo de capitales procedentes de la llamada “economía ilegal”. El medio previsto para acogerse a este régimen tributario -especial y excepcional- es la presentación de una declaración “confidencial” (pensábamos hasta ahora que todas lo eran) ante la Hacienda pública. Los que así procedan quedarán exonerados de toda responsabilidad en relación con sus ocultaciones originarias y, por tanto, libres de cualquier sanción, recargo, etc.

Bien, pues tal es la tentadora zanahoria que ofrece el Gobierno a quienes se decidan a emerger espontáneamente de las turbias aguas del fraude fiscal. Y para los remolones, esgrime también el Ejecutivo el palo disuasorio de un posterior endurecimiento de los medios destinados a su represión. Ya señaló Elliott Uchitelle hace más de veinte años que una amnistía fiscal sólo puede tener éxito si la misma se percibe como un acontecimiento único, para lo cual debe ir acompañada de las reformas en el sistema de inspección que hagan entender que la evasión impositiva será en el futuro mucho más difícil o imposible.

Mal de muchos…

Numerosos son, en efecto, los países que han recurrido a alguna fórmula de amnistía o de regularización fiscal extraordinaria como medio para drenar, en lo posible, las bolsas de fraude. En la UE, por ejemplo, Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Noruega, Portugal, Reino Unido, Suecia, y la propia España (ésta, en 1984 y en 1991), lo han hecho. En Oriente distante: Filipinas e India, también. Como Argentina, Colombia, Ecuador, Honduras y Panamá, en la América hispana. Y 48 estados de los EE.UU. han llegado a aprobar hasta 110 medidas de este tipo, al parecer, con resultados nada despreciables. Claro que en casa del Tío Sam el fraude fiscal no es tan fácil y está muy mal visto; por eso, a la primera oportunidad que se ofrece la gente sale del hoyo.

Por lo que a España respecta, sin embargo, la cosecha de liquidez obtenida por este medio ha sido muy modesta. En su estudio acerca de la incidencia de la amnistía fiscal de 1991 en el IRPF, López Laborda y Rodrigo Sauco concluyen que, sobre la base de la serie correspondiente a la recaudación en el periodo 1979-1998, la misma no tuvo ningún efecto ni a corto ni a largo plazo. La recaudación por declaraciones complementarias supuso un 0´8% de la recaudación ordinaria, estimándose un afloramiento de un 0´24% del fraude acumulado del IRPF. Y en cuanto a la regularización de los célebres Pagarés de Tesoro (cuya opacidad fiscal llegó a justificarse por el ministro Borrell en atención a que los recursos obtenidos por su conducto eran destinados a la financiación de gastos públicos, como si el resto de la Deuda del Estado pudiera dedicarse a otro fin), la misma no alcanzó el 63% de los títulos emitidos. La tesis doctoral del propio Rodrigo Sauco sobre las amnistías fiscales de la Hacienda española en la democracia, como también un estudio realizado por Díaz Fuentes, llegan a idéntica conclusión: las escasas consecuencias positivas de las amnistías tributarias entre nosotros. Por eso me parece optimista la pretensión del Gobierno de allegar ahora por este medio 2.500 millones de euros, esto es, el 10% de los 25.000 millones que se estima aflorarán. Más eficaz será, sin duda, el reforzamiento del Plan de Prevención del Fraude, cuyos resultados se estimaron para 2011 en 7.617 millones, obteniéndose finalmente 10.400 millones.

Al margen de los resultados prácticos

La regularización fiscal ofrecida supone un claro agravio comparativo con respecto a quienes por los mismos supuestos de hecho tributaron correctamente en su momento, y también en relación con quienes, por ejemplo, encontrándose actualmente sometidos a un procedimiento de inspección, vayan a tener que pagar por el eventual importe defraudado la diferencia de cuota que proceda, con los correspondientes recargo, sanción e intereses de demora. Los sujetos que se regularicen tributaran proporcionalmente a un tipo fijo del 10%, en tanto que los otros lo harán progresivamente y a tipos de gravamen medios y marginales superiores. Se dirá que ello es una consecuencia inevitable de la regularización, y que la ventaja que como incentivo se ofrece a quienes a ella se acojan es, precisamente, la de tributar a ese bajo tipo y la de quedar exonerados de cualquier responsabilidad tributaria por su original comportamiento defraudatorio, el cual pudo probablemente haber constituido delito fiscal. Pero ello no niega el hecho de que a supuestos objetivamente iguales vaya a conferirse un trato desigual. Por eso, y al margen del mayor o menor volumen de ingresos que la Hacienda anhele obtener de la amnistía, procede plantear la cuestión de su dudosa constitucionalidad.

La Constitución en contra de Barrabás

El artículo 31.1 CE establece que todos debemos contribuir al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con nuestra capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad. Por lo que acabamos de ver, es evidente que la amnistía quiebra el principio de igualdad, principio que el artículo 14.1 CE consagra sin que quepa discriminación alguna por razón de nacimiento, raza…”o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Repárese en que ni siquiera la excepcionalidad de la “circunstancia social” por la que atravesamos, como se ha querido aducir, justifica la vulneración del principio de igualdad ante la ley que la amnistía supone. Pero es que además el artículo 81.1 CE establece que los derechos fundamentales (de los que trata el Título Preliminar CE, y entre los cuales se encuentra el derecho de igualdad ante la ley) han de ser regulados mediante ley orgánica. De modo que, habiéndose optado por el decreto-ley para el establecimiento de la amnistía, fórmula legislativa, por otra parte, vedada expresamente para la regulación de los derechos fundamentales (artículo 86.1 CE), la misma queda afectada de múltiple inconstitucionalidad. Aunque, vaya usted a saber, porque constitucionalistas tiene la Constitución, como doctores la Iglesia.

No quiero cansar más al pacienzudo lector que haya querido y podido llegar hasta aquí. Únicamente deseo añadir que esta clase de medidas en nada favorecen a lo que me gusta denominar una Hacienda pública respetable, y que en esta Pascua de 2012 Barrabás debe andar de copas por ahí, porque nuevamente ha sido amnistiado. Por cierto, felices Pascuas, de todo corazón.


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