Desde la heterodoxia

Las zarandajas monetarias y el caos

Llevamos meses leyendo y escuchando como diversos organismos internacionales, diferentes centros de análisis privados, y obviamente los distintos gobiernos de turno, dan poco menos que por acabada la actual crisis sistémica, proclamando las virtudes y el triunfo de las recetas que ellos mismos han prescrito. Necesitan proclamar a los cuatro vientos el éxito de sus políticas para ocultar sus fracasos. En realidad gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que ciertos ignorantes están completamente seguros de lo que hacen, cuando cualquier persona inteligente mostraría sus dudas.

La realidad es otra, cruel, despiadada, dominada por una acumulación de riqueza en pocas manos, hundimiento de las rentas salariales, empobrecimiento masivo, déficits públicos descontrolados, endeudamientos récord de las principales potencias mundiales. Lo único que se ha producido es una nueva burbuja financiera, la madre de todas las burbujas, generada de nuevo por los Bancos Centrales, los responsables últimos de lo que va a suceder.

Desde este blog ponemos en duda dichas afirmaciones y pretendemos demostrar que estamos ante una salida en falso de la crisis. No solo no habrá una recuperación económica sostenible sino que la dinámica de la actual recesión se agudizará en los siguientes trimestres. Y la razón es obvia, las políticas económicas implementadas son un desastre.

Esas zarandajas monetarias

La economía como ciencia social ha demostrado una absoluta inutilidad. Sus análisis han sido unilaterales, sesgados y dirigidos hacia zarandajas monetarias. Su incapacidad para proponer políticas de crecimiento sólidas es censurable. Es la gente, la ciudadanía, lo que debería importar en última instancia a todo hacedor de política económica, y no los mercados financieros, que deberían ser ignorados en gran medida por los responsables políticos. Los mercados financieros son un epifenómeno respecto al objetivo último, el bienestar de la ciudadanía.

Por eso, basta ya de preocuparse tanto por unos mercados financieros inflados, extremadamente sobrevalorados, como consecuencia de la droga de último diseño elaborada por los Bancos Centrales, esas extravagancias monetarias denominadas expansiones cuantitativas. Los mercados financieros de riesgo están claramente sobrevalorados, y sólo tienen una dirección, bajista, ya veremos cuándo y cómo. Vean la pieza que les adjunto de un excepcional James Montier, estratega en la gestora estadounidense GMO. Quédense con el nombre, les recomiendo sus análisis, excepcionales.

Es hora ya de tirar a la basura toda la Teoría Monetaria de Milton Friedman y sus adláteres. Es hora de enterrar toda la teoría económica surgida a partir de la escuela de Chicago y que tanto ha contaminado a nuestra profesión. Es hora de dejar de vender propuestas ideológicas como tecnócratas. Es hora de poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como ciertas. Sí, la profesión es un desastre. Citando la célebre frase de Bertrand Russell, está claramente “dominada por pigmeos morales y enanos mentales”.

Las burbujas siempre se acaban pinchando

En este contexto resulta tremendamente llamativo como los gobiernos de distinto pelaje aducen a la evolución de los mercados y de las primas de riesgo para justificar el éxito de sus políticas económicas. ¡Pero si esa es la variable que justamente no controlan! Se trata de la enésima burbuja generada por los Bancos Centrales y que, como todas, acabará estallando.

Pues nada erre que erre. Todos alabando a Ben Bernanke o a Mario Draghi, al igual que antes se desvivían en halagos por Allan Greenspan, cuando en realidad han sido auténticas calamidades para la inmensa mayoría de la ciudadanía. Gracias a todos ellos, desde la crisis de distintos países emergentes en el período 1997-1998, la economía global no ha hecho otra cosa que moverse de burbuja en burbuja de activos, con el agravante de que a cada inflación de activos, cuando estallaba, le seguía otra todavía más perniciosa, de manera que cuando ésta nueva explotaba el impacto macroeconómico negativo se acrecentaba.

Se trata de una política monetaria preventiva de estabilización que genera un tremendo problema de riesgo moral, porque al final los inversores terminan incrementando aún más su apetito por el riesgo, aumentando su apalancamiento, haciendo todavía más vulnerable a la economía global. Desde el punto de vista de la valoración, se modifica el perfil temporal de los rendimientos de los activos mobiliarios e inmobiliarios, inflándolos hiperbólicamente. Al final estas exuberancias irracionales acaban pinchándose, pero cuando estallan, pensemos en nuestra burbuja inmobiliaria, terminan provocando recesiones-depresiones.

Además estas políticas monetarias expansivas, como toda droga de último diseño, ofrecen a quienes la consume, en este caso las economías de medio mundo, una falsa sensación de recuperación, donde realidad y ficción se confunden. La verdad es que no se emplean para hacer crecer la economía real, ni mejorar el empleo, ni aumentar las rentas salariales, sino para mantener la riqueza de las gerencias corporativas, y llenar las arcas de los accionistas. Pero han puesto las bases de una nueva crisis financiera mundial. Hay una máxima que muchos economistas olvidan, ¡la riqueza neta en relación al PIB revierte a la media!


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