Desde la heterodoxia

¡Nos vuelven a engañar, los riesgos son otros!

Debo reconocer mi hastío y cansancio a la hora de leer y escuchar las previsiones, recomendaciones y riesgos de los distintos organismos internacionales sobre nuestro país. Dicen obviedades, en el fondo demuestran una absoluta desconfianza sobre sus propios análisis y previsiones, fruto de un desconocimiento profundo sobre lo que está pasando.

No han entendido la naturaleza endógena de esta crisis, básicamente porque invalidaría lo que han estudiado o aprendido en distintas universidades de postín –aún recuerdo con hilaridad el análisis de Oliver Blanchard en mayo de 2008 sobre el magnífico momento que atravesaba la economía mundial. Sobre nuestro ínclito monclovita, mejor ni hablamos. O no se ha enterado de lo que está pasando, o vive en otro mundo o le da todo igual.

Como economista, en un mundo donde existen miles de previsiones, lo interesante es analizar los riesgos que los distintos análisis - FMI, Comisión Europea o los preavisos del Foro de Davos…- contemplan para nuestra economía. Y aquí hay cierto consenso, aunque ninguno de ellos asume las consecuencias derivadas de las recomendaciones de sus políticas y que ahora, por arte de magia, se transforman en riesgos.

En mis previsiones, lo que ellos denominan riesgos sobre su escenario base son parte de la explicación de mi proyección central, de ahí que, al margen del consenso de mercado, siga previendo una contracción de la actividad económica y una nula generación de empleo.

Los riesgos

Entre los factores de riesgo que señalan los distintos organismos, hay mucho donde escoger: altísimo desempleo, elevada deuda privada, fracaso de los ajustes fiscales y las pobres perspectivas de recuperación, pese a lo que ellos denominan mejoría. Debemos añadir la fragilidad de un sistema bancario donde la calidad de los activos financieros se sigue deteriorando por la subida de la morosidad. El volumen de negocio de los bancos se ha hundido, no hay demanda de crédito y en ocasiones tampoco suficiente oferta, de manera que los márgenes de beneficios del sector se resienten.

Perfecto, todos estos riesgos constituyen una realidad que imposibilita cualquier recuperación en nuestro país. Todo se resume en dos ideas muy sencillas, que venimos defendiendo desde este blog. España tiene una deuda que no se puede pagar y el sistema bancario es insolvente. Por lo tanto, nada nuevo en el horizonte.

Quizás lo más interesante son las segundas derivadas de sus respectivos análisis. Se dice desde la Comisión, por ejemplo, que en España la situación del mercado laboral es deplorable ya que predomina la precariedad vía contratos temporales y parciales, de manera que quien trabaja ya no tiene asegurado salir de la pobreza. Obedece, según estos análisis, a los efectos de la reforma laboral, donde lo único que se pretendía era una rebaja salarial masiva, meramente ideológica. ¡Pero es que estas eran las políticas recomendadas desde la troika! Y ahora nos dicen que quien trabaja no sale de pobre. Venga ya, un poco de seriedad.

La deflación les asusta

El FMI alerta de los riesgos de deflación, de elevada deuda privada y de la fragilidad financiera de nuestro sistema bancario. Para hacer frente a ello, siguen recomendando más de lo mismo: política monetaria expansiva y reformas estructurales –eufemismo del abaratamiento de salarios-. Hay que ser un caradura para plantear este análisis. La combinación de las políticas económicas que ellos recomiendan han generado los riesgos de los que ellos mismos hablan. La política monetaria es ineficiente en recesión de balances, no circula el dinero y ha creado la mayor burbuja financiera de la historia. Sus reformas estructurales han generado el mayor empobrecimiento de la población desde la Gran Depresión.

El informe Tendencias Mundiales del Empleo 2014 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que se publicará esta semana, muestra como la modesta recuperación económica no se ha traducido en una mejoría de los mercados laborales en la mayoría de los países. Las empresas han preferido acumular efectivo o recomprar sus propias acciones, en vez de invertir en capacidad productiva y crear empleo. En parte, este es el resultado de una debilidad prolongada de la demanda agregada, tanto a nivel nacional como mundial. Esto se ve agravado por la incertidumbre sobre dónde se originarán las nuevas fuentes de demanda y la incertidumbre sobre las políticas públicas, por ejemplo sobre la reforma del sector financiero.

Pero el auténtico riesgo es otro

Días antes de que comience la cumbre de Davos, uno de sus participantes, Paul Singer, el gestor de hedge funds de Elliott Management, ha disertado ya en una carta dirigida a sus inversores las líneas básicas de su discurso y debate posterior sobre el tema "¿Son los mercados más seguro ahora?”.

En ella, Paul Singer afirma que "sólo podemos asumir que la razón del sistema financiero mundial sigue siendo el sobreapalancamiento, su opacidad, su dependencia en el apoyo implícito y explícito de los gobiernos para su propia existencia”. Y es que en realidad, como sostiene en su misiva, arreglar el problema sería demasiado doloroso para los poderosos grupos de intereses.

Bajo este inquietante análisis, su auténtica preocupación, como la nuestra, es el estallido de la actual burbuja financiera y que según él afectará especialmente a los derivados no regulados. Contrariamente a lo que muchos políticos nos quieren hacer creer, ninguna regulación ha abordado adecuadamente la cuestión sobre la exposición a dichos derivados, que según el propio Paul Singer es tan grande y tan concentrada que podría acabar con la economía mundial varias veces. Incluso un rescate del Gobierno no podrá hacer frente a la que se avecina.


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