Desde la heterodoxia

A vueltas con la restitución de la ley Glass-Steagall

Llevamos más de cinco años de crisis económica sistémica y aún no se han implementado las medidas y reformas necesarias en el sistema financiero para que lo ocurrido no vuelva a repetirse. Todo lo contrario, el tamaño de muchos bancos es todavía mayor, y son más sistémicos que nunca. Pero a pesar de ello, especialmente en Estados Unidos, se alzan voces en contra, pidiendo las reformas necesarias para evitar un nuevo desastre.

La semana pasada, el jueves 16 de mayo, en el octogésimo aniversario de la introducción de la ley Glass Steagall por el senador Carter Glass en 1933, el senador demócrata por Iowa Tom Harkin introdujo en el Senado el proyecto de ley SB 985 para reinstituir esa misma Ley Bancaria de 1933. Si bien aún no se ha publicado el texto completo del proyecto de Harkin, el hecho de que ahora hay una propuesta en el Senado para restablecer la separación plena entre la banca comercial y la banca de inversión, es un acontecimiento de suma importancia. 

Durante los últimos meses, además, en veinte de los cincuenta Estados se han introducido resoluciones para exhortar a sus respectivas delegaciones en el Congreso a que apoyen el restablecimiento de la Glass-Steagall. A su vez en la Cámara de Representantes, Marcy Kaptur, demócrata por Ohio, y Walter Jones, republicano por Carolina del Norte, introdujeron el proyecto HR 129 para restablecer la Glass Steagall.

A pesar de la enorme presión en contra de parte de la Casa Blanca de Obama y de todos los esfuerzos por impedir estas acciones, diversos senadores y congresistas están tomando la iniciativa.

Por qué es necesario restablecer la Ley Glass-Steagall

Desde este blog siempre hemos defendido una serie de reformas del sistema financiero necesarias para evitar que se produzcan los excesos derivados de la desregulación que se inicia en los años 80, como una parte más del pensamiento único que se deriva del “Consenso de Washington”. La desregulación financiera se desarrolló a la par que se intensificaba el proceso de globalización y se cometían errores de política monetaria, y todo ello acabó produciendo inflaciones de activos y procesos de endeudamiento insostenibles.

Pero desde el lado del comportamiento del sistema financiero, ¿qué permitió esos niveles de apalancamiento? Por encima de todo,la derogación de la ley Glass-Steagall, y el culto a la autorregulación.

En noviembre de 1999, el Congreso derogó la ley Glass-Steagall, la culminación de un esfuerzo de lobby de alrededor de 300 millones de dólares de la banca y las industrias de servicios financieros, encabezado en el Congreso por el senador Phil Gramm. La ley Glass-Steagall, que separó durante mucho tiempo los bancos comerciales (que se prestan dinero) y los bancos de inversión (que organizan la venta de bonos y acciones), había sido promulgada a raíz de la Gran Depresión y estaba destinada a contener los excesos de la época, incluyendo los graves conflictos de intereses.

Quienes promovieron la derogación de la ley Glass-Steagall, propusieron la creación de murallas chinas para asegurarse de que los problemas del pasado no se repetirían. Sin embargo, la crítica de Hyman Mynsky a la autorregulación del sistema financiero volvió a funcionar: prevaleció el poder de los incentivos económicos.

La consecuencia más importante de la derogación de la Glass-Steagall fue indirecta: la derogación cambió toda una cultura. Los bancos comerciales no deben ser empresas de alto riesgo, ya que se supone que deben administrar el dinero de otra gente de manera muy conservadora. Bajo este presupuesto el Gobierno se compromete a hacer frente a los depósitos si el banco falla. Los bancos de inversión, por el contrario, tradicionalmente han manejado dinero de gente de mayor riqueza, gente que puede correr mayores riesgos con el fin de obtener mayores retornos. Cuando se produjo la derogación de la ley Glass-Steagall, la cultura de la banca de inversión estaba en su pleno apogeo y fue la que prevaleció. Había una demanda de altos rendimientos que podrían obtenerse sólo a través de un alto apalancamiento y una toma de riesgo grande.

Hubo otros pasos importantes en esta locura desreguladora. Uno de ellos fue la decisión en abril de 2004 por la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) de permitir que grandes bancos de inversión pudieran aumentar su ratio deuda-capital (de 12:1 a 30:1 o superior) para que pudieran comprar más títulos respaldados por hipotecas, inflando la burbuja de la vivienda en el proceso. Al aceptar esta medida, la SEC defendió las virtudes de la autorregulación: la noción peculiar de que los bancos pueden efectivamente ser la propia policía que vigile los excesos. La realidad fue muy distinta.

Obama no es Roosvelt

La edad del apalancamiento ha terminado, a pesar de todas las protestas en sentido contrario de parte de la plutocracia, y Obama debería lidiar con el final de la misma. Sin embargo, no ha hecho nada.La realidad es que los bancos sistémicos, auténticos monstruos enormes, dominan por completo nuestra economía, y cuando meten la pata, de manera que perjudican a los demás, incluso cuando se viola flagrantemente la ley, el hecho de que nunca se vean seriamente castigados significa que no tienen incentivos para refrenarse. Hasta que los gobiernos no corrijan este problema, el resto de la economía va a seguir sufriendo, y el riesgo de futuras crisis financieras seguirá creciendo.

Franklin Delano Roosevelt, un político excepcional, cuando se enfrentó a una elección similar a la de Obama, tomó la elección acertada, a través de una avalancha de decisiones ejecutivas. Pero lo más importante que hizo no fue lanzar el New Deal, sino cortar las alas a la industria financiera a través de la ley Glass Steagall. Hoy en día, por el contrario, ante la inacción de Obama, sólo iniciativas como el proyecto de ley SB 85, impulsado por el senador Tom Harkin podrían cambiar el devenir de los acontecimientos.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba