Desde la heterodoxia

Se vislumbra una crisis de balanza de pagos

El "repentino" e intenso empeoramiento de nuestro sector exterior durante los últimos trimestres ha incrementado la deuda externa neta de nuestra querida España hasta alcanzar un nuevo récord histórico, nada más ni nada menos que 1,021 billones de euros, el 99,8% del PIB. Aún no hemos salido de la crisis y una nueva crisis de balanza de pagos se cierne sobre nuestra economía.

¿Cómo es posible que esto esté sucediendo, se preguntarán aquellos que asesoran a Moncloa? ¿No iba la devaluación interna, eufemismo con el que se refieren al empobrecimiento masivo de la ciudadanía vía recortes salariales, a generar un boom de nuestro sector exterior? ¿No iba España encaminada a un nuevo Eldorado que nos proporcionaría pingües superávits en la balanza por cuenta corriente, al "estilo alemán"?

De nuevo volvemos al punto de partida de esta crisis. El diagnóstico que realizó la ortodoxia económica, entre ella sin duda los asesores del actual ejecutivo, sobre los problemas de nuestra querida España era erróneo, y, por lo tanto, sus recomendaciones de política económica tremendamente dañinas, muy dañinas. Pero vayamos por partes.

Efectos perversos de la reforma laboral

Los gobernantes actuales achacaban los males de la economía española a la ineficiencia del sector público y a una baja productividad del factor trabajo. Como consecuencia era cuestión irrenunciable e innegociable, según ellos, imponer una devaluación interna, un recorte salarial en toda regla. Aún recuerdo algún estudio memorable del servicio de estudios del BBVA donde se había encontrado ese nuevo maná, la evidencia empírica de que en España las bajadas salariales reales iban acompañadas de reducciones en la tasa de paro. Pura correlación espuria, ya que había una tercera variable, que ellos no consideraban, y que era la que en realidad provocaba dicha correlación espuria. Nos referimos a la deuda.

Las reducciones de salarios no son eficaces en la lucha contra el desempleo, mientras que la demanda sí que importa, y mucho

Ya hace tiempo los economistas Engelbert Stockhammer y Özlem Onaran demostraron que para economías tan dispares como las de Estados Unidos, Reino Unido o Francia, y contrariamente a las expectativas neoclásicas, no había ninguna evidencia de que los cambios en los salarios reales, y por lo tanto la distribución de la renta, afectaran al desempleo. Pero no solo eso, la sustitución de trabajo por capital en respuesta a una mayor participación de los salarios no se verificaba empíricamente. La conclusión política más importante es muy simple: las reducciones de los salarios no son eficaces en la lucha contra el desempleo, mientras que la demanda sí que importaba y mucho.

En realidad, la reforma laboral ha convertido España en un país de camareros -empleo precario, a jornada parcial, salarios miserables, con horas extras no remuneradas - y de ensambladores. Déjenme explicarles esto último con un ejemplo.

El sector de la automoción es uno de nuestros principales sectores exportadores. Sin embargo, aquí, aprovechando una mano de obra muy barata y cualificada, solo ensamblamos. Aunque ello está muy bien, ya que se mantiene el empleo, en realidad todos los componentes se importan, incluida la maquinaria necesaria para la producción. El valor añadido se va fuera, básicamente a Alemania. Como resultado la balanza comercial del sector al final  prácticamente acaba siendo nula.

El espejo de la balanza de rentas

Si el motor del crecimiento de nuestra economía fuera el sector exterior, el superávit creciente en la balanza comercial se vería respaldado por un proceso masivo de inversión que mejorara nuestro aparato productivo. Pero ello no está ocurriendo. Ni las inversiones directas de los extranjeros en nuestro país están mejorando; ni las empresas españolas implementan procesos de inversiones en bienes de equipo acordes con sus nada desdeñables retornos sobre capital. Prefieren, incomprensiblemente, reducir deuda e invertir fuera a tasas irrisorias. Y de esto el gobierno ni se entera.

Por lo tanto, ¿a dónde han ido esas millonadas de euros extranjeros que según los distintos voceros mediáticos están o estaban entrando en nuestro país?, ¿han ido a mejorar nuestro aparato productivo? ¿o simplemente aprovechaban las brutales caídas de precios en distintos activos inmobiliarios y financieros para obtener rápidos, efímeros y pingues rentabilidades? Mi tesis es que se trata de dinero caliente cuyo único objetivo es sacar una rápida y elevada rentabilidad por el mero hecho de comprar barato.

Para apoyar este argumento, nos fijamos en el componente de rentas de nuestra balanza de pagos. En los últimos meses está registrando un déficit creciente. Por un lado las inversiones extranjerasobtienen importantes retornos, lo que se traduce en importantes salidas de renta. La principal explicación es que compraron barato, a precio de saldo. Por otro lado, las masivas inversiones directas españolas en el extranjero, en pleno proceso de internacionalización de la gran empresa española, producen un rendimiento bajísimo, lo que se traduce en entradas de renta ridículas. La principal explicación es que compraron muy caro.

Frente a la verborrea del gobierno,  por lo tanto, no hay ningún nuevo modelo de crecimiento basado en las exportaciones, pedimos prestado fuera para financiar una creciente deuda pública, parte de la cual ya ni siquiera va a financiar gasto corriente, sino a terceros.  A ello debemos unir que aún no se ha reducido y reestructurado el sistema bancario patrio  acorde con el tamaño de la economía real,  y a costa de gerencia y acreedores. Tampoco se ha hecho nada para disminuir mediante condonaciones el volumen de nuestra deuda total -privada más pública- que es impagable. En definitiva, si nadie lo remedia nos veremos abocados a una crisis de deuda soberana y de balanza de pagos.


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