Desde la heterodoxia

Hay vida más allá de la austeridad

Después de más de dos años y medio de austeridad fiscal y salarial, tras la fatídica fecha del 10 de mayo de 2010, donde nuestra querida España fue intervenida de facto, el deterioro económico y social ha alcanzado límites inadmisibles para la ciudadanía.

La política económica diseñada por la ortodoxia ha fracasado. Tras falsear hojas de cálculo y comprobar la “eficacia” de sus recetas, los defensores de la austeridad empiezan a retirarse en desbandada. Sirva como ejemplo el caso del Reino Unido. De los veinte “reputados economistas” que en su momento apoyaron en una carta la austeridad de Cameron, solo uno de ellos estaría dispuesto a firmarla de nuevo. El resto, o exige políticas de estímulo público viendo la debilidad del sector privado, o busca alguna excusa peregrina. Vamos, ni entendieron la naturaleza sistémica de la actual crisis económica, ni la olieron.

La crisis se extiende más allá de la periferia

Las consecuencias de las políticas económicas implementadas, y apoyadas en los juicios de valor de la ortodoxia, se expanden mucho más allá de la periferia. La tasa de paro alcanza máximos históricos no solo en nuestro país sino también en la zona Euro, e incluso empieza a repuntar ya en Alemania. Austria, Holanda, Finlandia ya están en recesión, y Alemania entrará a lo largo de 2013.

En este contexto, la renta disponible de la Zona Euro se hunde. En el cuarto trimestre de 2012, último dato publicado, ésta registró la mayor caída de su historia, básicamente por descensos salariales. Como corolario, la tasa de ahorro de la Eurozona se situó en mínimos históricos, 12,2% de la renta disponible. Hemos entrado en un círculo vicioso, aumenta el paro, caen los salarios, no se genera renta, cae el consumo, no se ahorra, y apenas se reduce el monto de deuda de familias y empresas, mientras aumenta la de los Estados por el hundimiento de los ingresos.

Y esta es la encrucijada a la que nos han abocado las actuales políticas económicas, espoleadas por una ortodoxia académica y económica que empiezan a esconderse, supongo que por vergüenza ajena, tras las falsedades de sus datos y argumentos. Resulta grotesco leer las previsiones a 2019 de nuestro actual ejecutivo, así como las previsiones de lo que hubiese ocurrido sino se hubieran implementado sus políticas económicas. Recuerden, ¡los errores y mentiras de las hojas de cálculo!

La pregunta que nos debemos hacer es si hay vida más allá de la austeridad. La respuesta, rotunda, es ¡sí! Desde este blog ya detallamos en su m omento una serie de propuestas para salir de la crisis. Se trata de una combinación del modelo bancario sueco, acompañado de estímulos fiscales, y de que una vez por todas se ponga fin a la política de tipos de interés cero y a las expansiones cuantitativas de los Bancos Centrales, controlados en realidad por las élites financieras que nos han llevado a la situación actual. Permítanme en este blog que profundice en la primera idea: la necesidad de solucionar la insolvencia bancaria siguiendo el modelo sueco.

Modelo bancario sueco versus modelo japonés-español

Existen dos modelos básicos para hacer frente a los problemas de solvencia bancaria como consecuencia de una crisis de deuda provocada por el estallido de una burbuja financiera o inmobiliaria. El modelo sueco, donde las pérdidas se reconocen hoy, o el japonés, bajo el cual éstas se reconocen conforme los bancos van generando beneficios para absorberlas.

No le quepa ninguna duda que España desde 2008 optó por el modelo japonés: las pérdidas provocadas por los excesos en el sistema financiero solo se reconocen conforme los bancos generan capital para absorberlas. Ello, obvio, es bueno para los bancos y su gerencia, ya que se oculta su verdadera situación, y se persuade además el diseño de políticas para incrementar los beneficios bancarios. Véase, como ejemplo, el “carry” que se llevan los bancos españoles pidiendo financiación al Banco Central Europeo y comprando deuda soberana. Sin embargo, es nefasto para la economía ya que distorsiona los precios de los activos financieros e inmobiliarios y el acceso al crédito. En nuestro país, por ejemplo, los precios de las viviendas no han caído lo que deberían por la actuación de los bancos. Por contra, las variaciones interanuales del crédito a empresas y familias, en el último dato publicado de febrero de 2013, alcanzó mínimos históricos, -5,8%, mientras que el crédito a las administraciones públicas se disparó por encima del 19%.

Las virtudes del modelo bancario sueco

Bajo el modelo sueco los bancos reconocen hoy las pérdidas derivadas de los excesos de endeudamiento en el sistema financiero, como el que ha habido en nuestro país, especialmente desde 2002. La deuda de cada prestatario se reduce a un nivel donde éste pueda permitirse el lujo de hacer frente a los pagos de la misma, pero a su vez el importe de las pérdidas asociadas a dichos préstamos se limita de forma que no suponga la creación de capital para el prestatario. De esta manera, cuando los bancos absorben las pérdidas por los excesos de deuda en el sistema, la carga del servicio de la misma se quita de la economía real. El capital que es necesario para el crecimiento, la reinversión, y el soporte del contrato social ya no se dirige al servicio de la deuda, y la economía real empieza a crecer.

Obviamente el modelo sueco es malo para los bancos, particularmente para su capital en libros, y excelente para la economía, ya que evita la distorsión en los precios de los activos financieros e inmobiliarios, y permite el acceso a la financiación, frente a la ocultación de pérdidas bajo el modelo japonés-español. Lo dicho, ¡hay vida más allá de la austeridad!


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