Desde la heterodoxia

La venganza de Grecia: el camino de Islandia

Grecia ha dicho basta ya. Tras las constantes humillaciones, desprecios y bajezas morales por parte de los políticos europeos, donde por encima de todo destaca la actitud miserable de Alemania, Grecia, cuna de la civilización occidental, va a servir su venganza en un plato bien frio. Al igual que Islandia decidió por referéndum, consecuencia de una iniciativa popular, dejar caer a su sistema bancario y que el coste lo asumieran los acreedores, Grecia se encamina a un referéndum sobre el Plan de Rescate Europeo.

Tras el no prácticamente seguro del referéndum caben dos opciones. Por un lado, sentarse a negociar una quita real de la deuda soberana de Grecia con alargamiento de plazos. Debería contar con el firme apoyo del FMI, de la misma manera que lo hizo en el rescate de Islandia, país que contó con la inestimable e impecable colaboración de un Strauss Kahn, cuyo análisis sobre la situación de la economía global era y es visionario ante la mediocridad generalizada. Los acreedores pagarían los platos rotos y se dejaría de asfixiar a la economía griega con contracciones fiscales, descensos de rentas y salarios, que simplemente suponen un empobrecimiento vergonzoso.

Islandia dejo arruinarse a los bancos y amplió su red de seguridad social. Ahora está creciendo más de un 3%, frente a la parálisis de la Unión Europea, Estados Unidos y Reino Unido.

La otra alternativa es una salida desordenada, nos referimos al corralito argentino de 2001. No se alcanza un acuerdo justo para la ciudadanía griega. Entonces Grecia entraría en un proceso de quiebra desordenada, se saldría del Euro y, tras un corralito, su nueva divisa se depreciaría fuertemente respecto al euro. Poco a poco su economía, vía tipo de cambio, empezaría a recuperar actividad económica, aunque el coste social sería muy elevado.

Pero vayamos por partes. Una vez que el mercado empieza a atacar la deuda griega, desde finales de 2009, especialmente desde mayo de 2010, y con el fin de distraer la situación de otros países altamente endeudados, a finales de 2010 la situación llega a un punto sin retorno. Grecia necesita ser rescatada. Si hubiese habido una auténtica Unión Europea, y se hubiese puesto encima de la mesa la mísera cantidad de 20.000 millones de euros, el problema se habría zanjado. Para ubicar las cifras, pensemos que los bancos europeos ya han succionado dinero público por valor de 2,3 billones de euros, siguen sin prestar y la mayoría siguen sin ser solventes.

Pero no, la señora Merkel tenía elecciones en Renania Westfalia, el Estado más importante desde un punto de vista económico y no podía socorrer a los vagos y derrochadores griegos, frente a los esforzados, disciplinados, y trabajadores alemanes. A partir de ese momento Grecia firmó su sentencia de muerte. Los mercados atónitos prosiguieron con su ataque inmisericorde hasta que finalmente, y por contagio a otros países, más allá de Portugal e Irlanda, es decir, a Italia y España, Alemania y Francia se vieron forzadas a rescatar a Grecia.

Pero realmente no se rescataba a Grecia, sino a los acreedores de Grecia. A los pobres griegos, como contrapartida, a cual holgazanes, les regalaron bajadas de salarios, más horas de trabajo, jubilación más tardía y además les obligaron a vender sus bienes más preciados. La realidad actual es que Grecia empezaba a padecer problemas en las estanterías, sí, para empezar escasez de medicinas, y también de alimentos, porque curiosamente Grecia es un país importador neto de alimentos. Solo cuando la banca alemana ya tenía menos del 10% de la deuda griega, y ésta empezaba a estar en manos del BCE Alemania empieza a hablar de quitas para la deuda griega.

Lo más preocupante es el planteamiento económico. El problema no es el sur de Europa, ni Francia, ni Bélgica. Digámoslo claramente el problema del Euro es Alemania. Para entenderlo recomiendo el lúcido análisis deAlberto Alonso, profesor titular de la Universidad Complutense, en su artículo Dinámica de la Deuda y El Futuro de la Economía Española.

Alemania presenta una insuficiencia crónica de demanda, y su objetivo es colocar fuera sus excedentes de producción para alcanzar el pleno empleo (superávits por cuenta corriente), mediante mejoras de su competitividad a través de una disciplina de la clase trabajadora. Estos superávits se traducen en déficits para el resto de países, que reciben el ahorro alemán, generándose burbujas financieras y procesos de endeudamiento en los países del sur, vía endeudamiento privado.

Al final cuando las burbujas estallan nos encontramos en el típico problema acreedor-deudor, y la solución requiere una extinción de gran parte de la deuda porque ésta inhibe la demanda y lastra el dinamismo de la economía. La pregunta es cómo, y es aquí donde Grecia ha lanzado su órdago. Sólo nos queda esperar, y que el sentido de la justicia impere en el comportamiento de las autoridades económicas y políticas implicadas.


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