Desde la heterodoxia

La tragicomedia de los Presupuestos

Los Presupuestos generales del Estado reúnen en un solo documento lo que se puede esperar del actual ejecutivo, nada. Por un lado, no es restrictivo ya que el gasto vuelve a subir derivado de la propia política económica de austeridad fiscal y salarial impulsada por Rajoy. Por otro, pretende continuar disminuyendo las rentas de las familias imponiendo nuevos impuestos y prorrogando las subidas de otros. Finalmente, para escarnio de una ciudadanía pauperizada como nunca en nuestra historia reciente, comienza una fase de empobrecimiento de los pensionistas, cuyas rentas, de por sí míseras para el 60% de los mismos, perderán poder adquisitivo a marchas aceleradas.

Es curioso pero desde que se están recortando los servicios básicos a la ciudadanía, se promueven políticas de reducción salarial, se incrementan los impuestos, a lo que se añade ahora la pretensión de disminuir las pensiones, la deuda pública se ha incrementado como nunca en nuestra historia moderna. Desde mayo de 2010, la fatídica fecha donde España es intervenida de facto, la deuda pública ha crecido alrededor de un 50% en términos nominales y más de 30 puntos porcentuales sobre PIB. Y todo para proteger a aquellos acreedores foráneos que tomaron riesgos excesivos y a una élite financiera y política que llevó nuestro sistema bancario a la insolvencia.

El gasto repunta, los lobbies ganan

El gasto público no para de crecer. Por un lado, se incrementan las aportaciones del Estado a la Seguridad Social y al Servicio Público de Empleo Estatal. La razón es obvia, derivado de políticas restrictivas, fiscales y salariales, el crecimiento económico se ha hundido. Como consecuencia, la población activa cae, el número de ocupados retrocede a cifras del 2001, y la masa salarial, alentada por una reforma laboral indigna de un país civilizado, se hunde. El coctel no puede ser más explosivo: menos empleo, salarios más bajos, y envejecimiento poblacional. Nuestro crecimiento potencial se desploma a ritmos desconocidos.

Por cierto, le recomendaría a la inefable Fátima Báñez que se leyera en el último boletín económico del Banco de España, el del mes de septiembre, el primer análisis serio sobre su reforma laboral, “La Reforma Laboral de 2012: un Primer análisis de algunos de sus efectos”. Échele una ojeada antes de decir incongruencias señora ministra.

En este contexto no se le ocurre al gobierno que continuar disminuyendo, por un lado, todas aquellas partidas de gastos que tienen que ver con los servicios públicos básicos (sanidad, dependencia, justicia, seguridad ciudadana, cultura...), y, por otro, la inversión pública del Estado.

Mientras, a la vez, se incrementan los gastos de las partidas que giran alrededor del mantenimiento de los lobbies oligopolísticos, que campan a sus anchas por los pasillos de los distintos ministerios sin apenas generar valor añadido en nuestro país. Se trata de los mismos que promovieron la creación de un “superregulador” para no estar sometidos a las leyes de la competencia, y de paso continuar con el funcionamiento de las puertas giratorias que tango gustan a aquellos políticos que han regido nuestros destinos en las últimas décadas.

Valga un botón de muestra, Industria y Energía elevan un 26% su presupuesto para dedicar 4.153 millones de euros al sistema eléctrico, ese mismo que produce 60.000 megavatios más de los necesarios y que tenemos que financiar la ciudadanía haciendo de nuestra factura eléctrica la más cara de Europa.

En definitiva, la política fiscal desde el lado de gastos implica menos crecimiento económico, más desigualdades, más pobreza, ¡más deuda pública!

Los ingresos, nuevos impuestos a la ciudadanía

A pesar de utilizar un cuadro macroeconómico muy optimista, el crecimiento económico solo aportaría un 0,2% adicional de incremento en los ingresos impositivos. Entonces ¿cómo se llega a la cifra final de aumento esperado próximo al 1%? Obviamente aumentando impuestos.

Se contemplan subidas de las bases de cotización más altas, dicen que para apuntalar las pensiones, cuando los expertos que realmente saben de la materia estiman que si se financian las pensiones como hasta ahora, solo vía cotizaciones, deberían caer más de un 50% en el medio y largo plazo. De nuevo, enésima mentira a la ciudadanía.

Pero la cosa no queda ahí. Se produce un repunte en la fiscalidad verde, suben los impuestos de ciertos productos –tabaco e IVA sanitario entre otros-, y se mantienen todas las alzas impositivas realizadas por el actual ejecutivo desde que llegó al poder, especialmente del IRPF y del IBI, y que tanta renta disponible está drenando a las familias españolas.

Debo reconocer mi hartazgo sobre la situación de nuestro sistema impositivo. La actual crisis económica era el momento ideal para plantear, paralelo a una nueva propuesta de financiación de las pensiones públicas, una reforma en profundidad de nuestro sistema impositivo, injusto e ineficaz. La mayoría de la recaudación recae sobre el factor trabajo y castiga vía impuestos indirectos a los más vulnerables. Y es tremendamente ineficaz, viendo el hundimiento en casi 10 puntos porcentuales de los ingresos fiscales en plena crisis económica, que a duras penas roza el 35% del PIB. Contrasta, por ejemplo, con la evolución de los ingresos fiscales en el país galo, por encima del 50%, y bastante inmune al ciclo económico. Pero no se preocupen, este tipo de debates están vetados a la ciudadanía. Menudos son.

Cuadro macroeconómico optimista

Pero sin duda la mayor vulnerabilidad de los presupuestos actuales es el cuadro macroeconómico. Para elaborarlo el actual ejecutivo se ha basado en el consenso promedio del panel de FUNCAS, la Fundación de las Cajas de Ahorro, y que prevé un repunte del PIB del 0,7% para 2014. Se trata del mismo consenso que no anticipó la crisis sistémica que se nos venía encima en 2008, que no previó la doble recesión en la que entró nuestra economía en la segunda mitad de 2011, y que, desde mis previsiones, no entenderá la segunda fase de la Gran Recesión en la que entraremos en 2014 y que nos llevará a una triple recesión.

Si de nuevo el consenso vuelve a errar, las consecuencias serán graves. Por un lado, los gastos se dispararán, especialmente los financieros, y los ingresos serán menores de lo estimado, a pesar de las subidas impositivas. Bajo mi escenario el déficit público alcanzaría el 7,5% del PIB. En definitiva, y tal como detallé desde estas líneas, el escenario actual de nuestra querida España no puede ser más desolador: insostenibilidad de la deuda, deflación por endeudamiento, destrucción de empleo, pérdida de competitividad, y empobrecimiento de la ciudadanía. Y los Presupuestos mirando a otro lado.


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