Desde la heterodoxia

Los trabajadores, mera mercancía de las elites extractivas

El intento de reestructuración de Iberia es un ejemplo paradigmático de lo que sucede en nuestra querida España. Las elites extractivas, como vulgares mercenarios, saquean la empresa, despiden a miles de trabajadores, y la diluyen en una compañía extranjera. No hay ningún criterio económico que justifique semejante regulación de empleo, y mucho menos su dilución en una compañía foránea. Y, qué hace el gobierno de turno. Nada. Menudos patriotas de hojalata. ¡Cuánto nos queda por aprender de nuestros queridos vecinos galos! ¿Se imaginan que les ocurriría a quienes propusieran semejante felonía en el país vecino? Sin comentarios.

El intento de reestructuración de Iberia pone de manifiesto, por un lado, el fracaso más estrepitoso de la reforma laboral. No dejan de ser sonrojantes las plegarias de nuestra ínclita ministra de trabajo y Seguridad Social Fátima Báñez pidiendo sensibilidad a la hora de aplicar la reforma laboral en Iberia. ¿Pero qué sensibilidad tuvo usted y su ejecutivo cuando aprobaron semejante destrozo a los derechos de los trabajadores? ¿Realmente se creían que abaratando los costes relativos al despido se iba a mejorar la competitividad y crear empleo?

Efecto renta versus efecto sustitución

No, señora Bañez, en economía el efecto renta siempre domina al efecto sustitución. Las empresas en un contexto de fuerte descenso de la demanda efectiva, al encontrarse con un abaratamiento del despido, lo que han hecho es obvio, acelerar los despidos. Usted, y sus asesores económicos y académicos, deben reciclarse. Nos están infligiendo a los españoles demasiado sufrimiento.

A la hora de analizar la evolución del crecimiento económico es mucho más importante el efecto renta, según el cual la evolución de la actividad económica se explica mejor por las fluctuaciones de los ingresos y los cambios técnicos, que el efecto sustitución, que considera que el crecimiento económico se determina por la evolución de los precios y costes relativos de una economía.

En la actual crisis económica, la flexibilidad de precios y salarios es desestabilizadora ya que en vez de ayudar a enderezar la economía hacia el pleno empleo, en realidad reduce la demanda efectiva. La economía es dirigida por la demanda y no por las restricciones que dependen de la oferta. Sin embargo Rajoy, al igual que antes Zapatero, guiados por sus asesores económicos, aún no se han enterado, y para cuando se enteren ya será demasiado tarde. Entonces sus economistas le explicarán y le alertarán de una crisis que se aceleró con sus reformas, la del factor trabajo.

Ausencia de política industrial

Pero además, el ejemplo de Iberia pone de manifiesto la ausencia de una política industrial estratégica por parte de los distintos gobiernos de turno. En este caso, además, la situación es especialmente sangrante, al tratarse de nuestro sector estratégico por excelencia, el turismo. Cuando la burbuja inmobiliaria estaba en pleno apogeo nadie en nuestra querida España se preocupó por ningún plan estratégico industrial, por el desarrollo y reconversión hacia aquellos sectores tecnológicos asociados a la incipiente tercera revolución industrial.

Todo lo contrario. Cuántas empresas dejaron de hacer aquello que sabían, donde tenían una ventaja competitiva, para transformarse o desplazarse hacia el sector inmobiliario, donde los pelotazos estaban a la orden del día. Y como eran sectores muy intensivos en mano de obra, los políticos miraban a otra parte. Sólo en la Comunidad de Madrid un 40% de las empresas cambiaron su razón social en favor del ladrillo y sus derivados.

Lo que ha demostrado el pinchazo de la burbuja inmobiliaria global es que los países que optaron por la tercera revolución industrial, aquella donde en sus fábricas ya no se distingue entre mano de obra y tecnología, se encuentran ahora en una situación privilegiada. Ocurre exactamente lo mismo dentro de nuestra querida España. La situación del País Vasco, por ejemplo, nada tiene que ver con la de la Comunidad Valenciana o Murcia

Reducir los costes de reproducción del factor trabajo

La solución, por lo tanto, no es reducir salarios ni empeorar las condiciones laborales de los trabajadores. Todo lo contrario. Resulta paradójico que aquellos países que tratan de unirse a la tercera revolución industrial toman medidas para proteger mejor a sus trabajadores. Promueven que los asalariados temporales dispongan de las mismas condiciones mínimas y términos de protección que los empleados de la empresa a la que han sido incorporados. Se incluyen además medidas de mayor protección sanitaria y de seguridad con el objetivo de ayudar a los empleados a quedarse el mayor tiempo posible como población activa. Pero además se preocupan por sus parados. Las prestaciones por desempleo tratan de compensar la pérdida del poder adquisitivo.

Pero además dichos países buscan gastar en consumo social, es decir, aquellos proyectos que permiten reducir los costes de reproducción de la fuerza de trabajo, tales como ayudas en vivienda, o guardería. Existen importantes ayudas a la renta y al subsidio de vivienda.

El objetivo último de todas estas medidas es aumentar el excedente y la tasa de beneficio de las empresas, y con ello incrementar la acumulación de capital. Los pocos gobiernos occidentales que han actuado así son aquellos que realmente han optado por la innovación, el talento, el emprendimiento. La propuesta de Rajoy para nuestra querida España, más de lo mismo, los jóvenes españoles bien formados al exilio, y el resto de camareros y crupieres de los millones de turistas que vengan a España a tomar sol y playa. ¡Porca miseria!


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