OPINIÓN

El tocomocho de la recuperación económica de España

El tocomocho de la recuperación económica de España.
El tocomocho de la recuperación económica de España. EFE

España cada día que pasa pierde relevancia, influencia, y, sobretodo, prestigio en la esfera internacional. No pintamos nada. Somos una población endeudada hasta las cejas, envejecida, con empleos precarios, donde la desigualdad aumenta hasta límites insoportables. Si a eso unimos la pésima calidad de nuestra democracia, donde solo medran los adláteres, los oportunistas, ¡apaga y vámonos! La culpa es nuestra. La sociedad ha permitido con su voto que las élites de siempre, reunidas en el Ibex35, rentistas desde las épocas inmemorables de la Mesta, dirijan nuestro destino. Y quienes podían cambiar las cosas, los jóvenes, hace tiempo que tiraron la toalla, de manera que aquellos formados han ido partiendo al exilio exterior.

Hemos consentido que nos desgobiernen unos absolutos mediocres, al servicio de unas élites todavía más pusilánimes y mezquinas

Hemos consentido que nos desgobiernen unos absolutos mediocres, al servicio de unas élites todavía más pusilánimes y mezquinas. Y ahora recogemos nuestros frutos. El crecimiento económico de nuestro país desde 2014 es otro tocomocho, un tongo en toda regla. Los empleos generados son precarios y nuestra demografía, consecuencia del modelo productivo elegido por las élites, es insostenible. Mientras, la ciudadanía observa atónita como la vivienda se encarece, los alquileres se disparan, los precios de productos básicos controlados por oligopolios suben sin justificación alguna. ¿Hasta cuándo?

Un país donde cada día aumenta la preocupación por la pirámide poblacional, el futuro de las pensiones, el estancamiento de los salarios, el crecimiento de la deuda, la temporalidad y precariedad del empleo generado, la vivienda, el precio de la energía, la creciente desigualdad, el aumento de la pobreza, … no ha salido de ninguna crisis, al revés se enfanga en la misma.

El empleo creado es de muy baja calidad

Nuestro modelo productivo no ha cambiado, sigue siendo el mismo, a pesar de la heroicidad de ese fantástico tejido industrial de pequeñas y medianas empresas familiares exportadoras. La mayoría de los empleos generados desde finales de 2013 lo han sido en sectores de muy bajo valor añadido, muy intensivos en mano de obra, temporales, precarios. Quienes ganan pasta en nuestro país no es a base de un esfuerzo emprendedor, creativo, que sin duda mejoraría las condiciones de vida de nuestros conciudadanos. Todo lo contrario, son rentistas y especuladores que hacen que la vida de sus conciudadanos sea cada día más triste y jodida. Y para ello cuentan con el apoyo de los distintos desgobiernos. Una recalificación por aquí, una valoración del suelo por allá, una concesión más, un rescate a cargo de los contribuyentes, unos medios de comunicación aduladores con el poder… ¿Quién da más?

Pero vayamos al último informe conocido sobre la realidad patria, nada sospechoso de ser guiado por peligrosos economistas heterodoxos, populistas y antipatriotas. Nos referimos al informe mensual de diciembre de la CaixaBank.

El 78% de los empleos creados desde finales de 2013 tiene una productividad inferior al promedio

El servicio de estudios de CaixaBank ha realizado un ejercicio muy simple, dividir los sectores de actividad en dos grupos de acuerdo a su nivel de productividad. Por un lado, los que están por encima de la media; por otro, los que están por debajo. Y ¿qué han encontrado? Pues lo que todos sabemos, aquello que hace tiempo es voz pópuli: “la mayor parte del empleo se genera en sectores de baja productividad, que son los que tienen un mayor peso en la economía”. El 78% de los empleos creados desde finales de 2013 tiene una productividad inferior al promedio. O lo que es lo mismo, apenas el 22% de los nuevos empleos se ha registrado en sectores con una productividad superior a la media.

Permítanme una aclaración. Nuestros políticos y la inmensa mayoría de los economistas confunden la baja productividad de la economía española con competitividad. Siempre lo recalco, pero no importa repetirlo. España, frente a la verborrea oficial, jamás ha perdido competitividad en los últimos 25 años. Nuestro país ha mantenido e incrementado su cuota de exportaciones, ya no solo por margen intensivo, sino también por aumentos en el margen extensivo, la exportación de nuevos productos y hacia nuevos destinos. Nuestras élites políticas de tanto hablar con los rentistas patrios, el Ibex 35, siempre confunden productividad aparente del trabajo con competitividad. España tiene una baja productividad por que el modelo de crecimiento propuesto por las élites patrias –políticas, financieras, inmobiliarias, y oligopolistas- era intensivo en mano de obra, b asado en la generación de pelotazos, pero muy lucrativo para ellas. Y ésta es la realidad patria. Otro nuevo tocomocho, donde unos se forran, la mayoría se empobrece. ¡Qué no nos tomen el pelo!

La situación actual de España se complica al observar nuestra enorme fragilidad financiera

La situación actual de España se complica al observar nuestra enorme fragilidad financiera. Nuestra deuda total y externa es simplemente insostenible, por mucho que el acreedor del Tesoro patrio sea nuestro regulador. Y derivada de dicha política monetaria, la situación de nuestra banca, que se financia cada día más vía Target 2, delicada. Las probabilidades de un cisne negro en nuestro país, sin soberanía monetaria, son mayores de lo que prevé el consenso. Y debemos tenerlo en cuenta.

Conclusiones

España, si nada cambia, se dirige al precipicio. Es urgente ir pesando en una combinación de políticas económicas de medio y largo plazo. Pero para ello lo primero es regenerar la vida pública, no solo desde el punto de vista de quienes nos representan, sino también desde una sociedad civil que ha sido pusilánime, acrítica, inmadura, pelota, y rentista. Debemos recuperar el objetivo de pleno empleo, alrededor de una política industrial activa y de la aplicación del concepto de soberanía monetaria, la base de la Teoría Monetaria Moderna. Es necesario, para ello, diseñar un sistema impositivo que bajo el principio de equidad redistribuya la riqueza de los más acaudalados a los más pobres sin castigar la actividad productiva, en definitiva, la creación de riqueza. Ello pasa por un impuesto al suelo y que las grandes empresas abandonen de una puñetera vez la ingeniería fiscal, paraísos fiscales mediante. Si se hiciera bien daría margen amplio para bajar los impuestos al factor trabajo, al factor capital, y, sobre todo, permitiría reducir de manera ostensible ese impuesto tan injusto que se ceba especialmente sobre los más débiles, el IVA. Es necesaria y fundamental, a la vez, una política de rentas encaminada a incrementar los salarios. Es necesaria y vital, a la vez, una política pública de vivienda, totalmente ausente. Basta con analizar el caso de Viena. Es necesario y fundamental reforzar nuestra educación pública, que sirva para garantizar el ascenso social. La dejación de nuestros gobiernos respecto a nuestros jóvenes no tiene parangón en los países de nuestro entorno, e incluso en nuestra historia moderna. Si no hacemos nada, todo nos acabará estallando y convertiremos a nuestro país en un infierno.


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