OPINIÓN

La superclase, decidida a reactivar la Gran Recesión

En un nuevo ciclo de aversión al riesgo en los mercados financieros, las crisis de deuda soberana y bancaria se activarán y retroalimentarán de nuevo, especialmente en aquellos países que no tienen soberanía monetaria.

La superclase, decidida a reactivar la Gran Recesión.
La superclase, decidida a reactivar la Gran Recesión. Mike Wilson

Ya está, ¡decidido! La superclase parece que por fin se ha animado a pinchar la última burbuja, que ella mismo generó. Quédense con la fecha, segunda mitad de 2018. Objetivo inicial, Donald Trump, cuyo gobierno se comporta y se mueve como un pollo sin cabeza. Se trataría de desactivar definitivamente a esa mosca cojonera que le salió al establishment. Sin embargo, la consecuencia final será otra, el inicio de la Segunda Fase de la Gran Recesión.

Reclamarán nuevas dosis de sangre, sudor y lágrimas. Enésima ronda de devaluación salarial

La fiesta está garantizada, promete dosis de emoción. Los alquimistas de la ortodoxia académica nos deleitarán con nuevas dosis de cicuta. Subirán los tipos de interés, aprovechando que el ciclo de materias primas y las subidas del precio del petróleo llevarán, allá por mediados de 2018, la inflación a niveles alrededor del 3%. Pero estos taumaturgos son muy aficionados al melodrama. Reclamarán nuevas dosis de sangre, sudor y lágrimas. Enésima ronda de devaluación salarial. Y cuando todo se vaya al garete, y los bancos vuelvan a estar en el punto de mira, actuarán como el “joker” de Batman. Se desternillarán de nosotros, y nos infligirán nuevas dosis de dolor, mediante otra ronda de deuda pública destinada a salvar bancos. A cambio, nueva dosis de austeridad. ¡Qué tropa!

De burbuja en burbuja

Una conjetura cada día más evidente es la conexión entre el actual sistema de gobernanza económica, el "neoliberalismo", y aspectos tan diversos como el populismo, el estancamiento secular y las distintas inflaciones de activos surgidas desde 1998. Para la ortodoxia, desde el lado de la demanda, Occidente solo puede hacer frente al estancamiento secular con tipos de interés reales negativos. Se trata del sistema diseñado por las élites económicas y políticas para, en ausencia de subidas salariales, sostener una expansión artificial de la demanda.

La implementación de una política monetaria excesivamente expansiva conlleva procesos de endeudamiento y la activación de distintas burbujas financieras a cual más grande

La implementación de una política monetaria excesivamente expansiva conlleva procesos de endeudamiento y la activación de distintas burbujas financieras a cual más grande. Primero, la tecnológica; después, la inmobiliaria; y, finalmente, la de los balances de los Bancos Centrales. Este sistema permite, a su vez, la financiación de un gigantesco proceso de acumulación y adquisición de riquezas por todo el globo a favor de los más ricos. Pero sabemos que cualquier intento de fuga hacia delante vía burbujas acabará siendo abortado.

Bajo estas premisas, detrás del actual rebote de la actividad económica, que se inicia en 2014, solo hay una nueva burbuja, la tercera desde 1998. Sin embargo, la actual burbuja, fruto de las conexiones de poder entre las élites políticas y económicas de turno, gira alrededor de la deuda pública. Se trata de una utilización torticera y perversa de la política fiscal. Se ha incrementado la deuda pública para sanear los desaguisados de la superclase y financiar la percepción de rentas de determinados colectivos, relevantes electoralmente. El 1% más rico invierte en política, bien comprando voluntades o bien controlando medios de comunicación, y estas inversiones les salen muy rentables. Pero para mantener el sistema hay otro 20%-25% de la población que sostiene políticamente a los gobiernos que con sus políticas favorecen a ese 1%. ¿Por qué? Digámoslo claramente, se les financia sus rentas con deuda pública. La Gran Recesión sirvió de excusa para romper el contrato social, favoreciendo e incentivando aún más un injusto sistema económico basado en la especulación y el control de vastos sectores de la economía por oligopolios, como los bancos, y monopolios como las eléctricas y otros, así como por un sistema fiscal que castiga a los productores de riqueza y premia a los que viven del trabajo ajeno y se apropian de la plusvalía del suelo creada por el progreso social. Desde un punto de vista generacional ello supone castigar a los jóvenes y premiar a los grupos más longevos en la pirámide poblacional.

Desactivar burbujas, oficio peligroso

La Reserva Federal y el Banco Central Europeo saben que nos encontramos en un escenario de sobrevaloración extrema y hay que empezar a desinflarla. Por eso ya han decidido un cambio de tono en la política monetaria. El ciclo de materias primas y del precio del petróleo les permitirá ofrecer el relato necesario para su justificación, aunque solo sea para despistar. El problema es que la inestabilidad financiera es muy elevada, los bancos sistémicos tremendamente vulnerables, y cualquier experimento por desinflar la burbuja puede acabar generando una intensa recesión.

Ya tienen a su patán particular al que echar la culpa de todo, Trump y su equipo

En un nuevo ciclo de aversión al riesgo en los mercados financieros, las crisis de deuda soberana y bancaria se activarán y retroalimentarán de nuevo, especialmente en aquellos países que no tienen soberanía monetaria, arrastrando a la economía global a una nueva recesión. La culpa en realidad de los Bancos Centrales. Los banqueros de la mayoría de países occidentales no quisieron someterse a un proceso de reconversión como cualquier sector que ha cometido excesos. Para ello contaron con la colaboración, además de la élite política, de los Bancos Centrales, controlados en realidad por las élites bancarias globales. Protegieron a los acreedores bancarios; facilitaron la creación de bancos sistémicos, demasiado grandes para quebrar; y activaron nuevas burbujas. Todo ello, claro está, regado con deuda pública. Pero no se preocupen, ya tienen a su patán particular al que echar la culpa de todo, Trump y su equipo, que no se enteran de nada. Demasiado sibilino para ellos.


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