Desde la heterodoxia

¿Y si subimos los salarios y reestructuramos la deuda?

El FMI y la Comisión Europea, los mismos organismos que impusieron su recetario neoclásico de austeridad fiscal y devaluación interna, siguen erre que erre. A pesar de haber hundido con sus propuestas el crecimiento económico de nuestro país y del resto de Europa; a pesar de haber acelerado con sus recomendaciones la destrucción de empleo hasta llevar a cotas históricas las tasas de paro de España y de la zona euro; a pesar de haber aumentado la deuda pública de España como nunca antes en nuestra historia democrática, llevándola a una dinámica explosiva e insostenible, siguen recomendando sus mismas mentiras.

¿Cuándo asumirán las responsabilidades de sus actos? ¿Cuándo se crearan indicadores medibles sobre las consecuencias de sus recomendaciones? ¿Saben estos individuos que los salarios reales en nuestro país, durante el periodo 1997-2011, ya han caído sin que se haya traducido en ningún incremento sostenible de la productividad? ¿Se han enterado de que Islandia, mediante una reestructuración de la deuda, aumentos salariales nominales promedio del 5% anual e incremento del gasto social, ya lleva más de dos años con crecimientos próximos al 3%? ¿Han leído la propuesta de Obama de incrementar un 30% el salario mínimo para dignificar la vida de sus compatriotas, y reducir así la carga de la deuda? Me temo que no.

Recetas del FMI para España: bajar salarios y subir el IVA

El equipo liderado por James Daniel, jefe de la Misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) para España, dibujó un escenario lúgubre para nuestro para nuestro país, cuyo raquítico crecimiento no logrará corregir la lacra del desempleo, que se mantendrá por encima del 25% en los próximos cinco años. Incluso afirmó que si las presiones de desapalancamiento y las dificultades financieras se intensifican, crearían un espiral tóxica entre el contexto macro y financiero que dejaría la deuda tanto pública como privada en niveles elevados en el futuro. Las medidas fiscales adoptadas podrían tener altos multiplicadores y como resultado, el país no volvería a crecer hasta 2017 y el desempleo se mantendría por encima del 27%.

Es ahí donde estamos ya, pero no les ocurre otra cosa que ofrecernos más de lo mismo para apoyar la creación de empleo. Por un lado, un gran acuerdo con los agentes sociales para reducir un 10% los salarios nominales en dos años; por otro lado una subida posterior, dos años más tarde, del IVA efectivo, mediante la generalización del IVA normal. Y ahora se suma a la propuesta el comisario para temas económicos Olli Rehn, un individuo absolutamente mediocre. Qué diferencia con el nombramiento reciente como gobernador del Banco Central de la India del excelente economista Raghuram Rajan, que en su momento tuvo que abandonar el FMI por la osadía de predecir el colapso financiero y económico que iba a tener lugar, lo que molestó sin duda a todos aquellos que se estaban forrando a costa de poner los cimientos de la Gran Recesión en la que estamos inmersos.

El FMI y la Comisión Europea, como parte de la ortodoxia económica dominante, han sido incapaces de hacer un diagnóstico razonable de lo que está pasando; pero además, y esto es mucho más grave, las pruebas que ha aportado para determinar las causas de la actual crisis sistémica, y justificar así sus medidas de política económica, están manipuladas o se basan en modelos cuyas hipótesis de partida son falsas. Son pura ideología.

Bajo la creencia de que los costes relativos mueven la economía defienden a capa y espada una rebaja salarial como salida de la crisis. Se equivocan en el diagnóstico. La economía es dirigida por la demanda, no por las restricciones que dependen de la oferta y de las dotaciones existentes. Acuérdense de la paradoja de costes: si todas las empresas consiguen rebajar los salarios, mientras aumenta su margen de beneficios y conservan los precios a un nivel fijo, las empresas en su conjunto venderán menos productos y sus beneficios caerán. La España de hoy es un buen ejemplo de ello.

¿Por qué no hacemos lo contrario?

En el último Informe Mundial sobre Salarios 2012-2013 publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se afirma que “cuando los salarios aumentan paralelamente a la productividad, ambos se mantienen sostenibles y estimulan el crecimiento de la actividad económica, aumentando el poder adquisitivo de los hogares. Sin embargo, durante un decenio o algo más antes de iniciarse la crisis, muchos países vieron cómo se rompía el eslabón entre salarios y productividad laboral, contribuyendo a crear de desequilibrios económicos. El informe muestra que, desde el decenio de 1980, la mayoría de los países han experimentado una tendencia a la baja de la participación de los ingresos del trabajo, lo que significa que se ha destinado una proporción menor de la renta anual a la remuneración de la mano de obra y una proporción mayor a las rentas procedentes del capital. Esta situación se ha dado sobre todo en los países que han registrado un estancamiento de los salarios, pero también en aquellos en que los salarios reales han sufrido un fuerte aumento. A nivel social y político, esta tendencia está creando la percepción de que los trabajadores y sus familias no están recibiendo la parte justa de la riqueza a la que han contribuido. A nivel económico, podría hacer peligrar el ritmo y la sostenibilidad del futuro crecimiento económico al restringir el consumo de los hogares basado en los salarios. Esto es particularmente cierto allí donde la era del consumo basado en el endeudamiento ha conducido a un largo período en el que los hogares deben saldar deudas contraídas con anterioridad”. ¡Perfecto!

Pero el informe de la OIT da un paso más allá, cuando afirma, abro de nuevo comillas: “A escala mundial, si bien algunos países pueden mantener una balanza comercial favorable o salir de la recesión gracias a las exportaciones, lo hacen a expensas de la generación de déficit en los países importadores y de la reubicación de puestos de trabajo. Para evitar situaciones de competencia que repercutan negativamente en los países vecinos, la vía del crecimiento económico sostenible y equilibrado debe abrirse a través del consumo doméstico en los países con superávit y basarse en un crecimiento de los salarios paralelo a la productividad. La coordinación internacional puede contribuir a lograr resultados equitativos que beneficien a todos los países” De nuevo, perfecto.

Estas reflexiones sirven para ver que existen alternativas a la lúgubre ortodoxia, y sobre todo deben permitir plantear en voz alta, sin miedo, algunas preguntas: ¿Por qué no hacemos como Islandia, reestructuramos la banca y la deuda, subimos salarios e incrementamos el gasto social? ¿Quién controla exactamente el FMI y la Comisión Europea? ¿No serán los mismos individuos que después de sus desaguisados han recurrido al dinero público para mantenerse en sus puestos?


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