Desde la heterodoxia

Lo siento amigos: la solución no está en el BCE

Escuchando las opiniones de distintos analistas económicos, y leyendo las editoriales recientes de alguno de nuestros periódicos insignia, controlados en última instancia por una banca insolvente, se confirma hasta que punto no han entendido nada sobre la actual crisis sistémica.

Diversas voces del establishment económico, político y mediático, reclaman que el BCE compre masivamente deuda pública y garantice liquidez perpetua a un sistema bancario zombi. En realidad es lo que ha estado haciendo el BCE desde agosto de 2011, cuando desembarcó Mario Draghi, y no ha valido para nada. Aunque pensándolo bien sí que ha tenido su utilidad. Se han mantenido los privilegios de una élite financiera quebrada, y protegido a unos acreedores que asumieron unos riesgos excesivos. Y todo a costa de los ciudadanos, que hemos sufrido sus “reformas estructurales”, es decir, ¡recortes salariales, aumentos impositivos, empeoramiento de nuestras condiciones de trabajo…! En definitiva, miseria.

La banca europea es un sumidero de dinero público. Entre garantías, ayudas, recapitalizaciones, y préstamos del BCE al 1%, ha succionado recursos que representan más de cuatro veces el PIB de nuestro país. Se trata de un dinero tirado a la basura.

La política monetaria ya ha fracasado, no vale para nada. La única solución para remontar el vuelo pasa, como condición necesaria aunque no suficiente, por una reestructuración coordinada de la deuda privada de occidente, que no se va a poder pagar.

Las propuestas de la ortodoxia ya han fracasado

En su momento avisamos que lo más urgente para una reactivación económica en el largo plazo pasaba por una reordenación y reducción del tamaño del sistema bancario mundial, que además conllevara una disminución de la deuda privada existente, donde los acreedores sufrieran la correspondiente quita.

Sin embargo, y tristemente, aún no se ha hecho nada en este sentido. La misma “ortodoxia económica” dominante que fue incapaz de prever la actual crisis económica y financiera, básicamente porque invalidaría los principios esenciales bajo los cuales se educaron, forzó su receta para salir de la crisis. Para ello propuso una combinación de política fiscal restrictiva, política monetaria expansiva (expansión cuantitativa de la FED y del BCE), y deflación de salarios. Y de nuevo se equivocaron.

Desde el lado de la política monetaria, la expansión cuantitativa generó un aumento de la propensión al riesgo, inflando los mercados financieros, sin que ello se tradujera en un aumento de la renta del país. En el actual contexto de sobreendeudamiento, la política monetaria es mucho menos eficaz a la hora de afectar a la actividad económica de lo que los inversores piensan. Así, por ejemplo, el principal efecto de un cambio en la base monetaria, como consecuencia de la expansión cuantitativa de la FED o el BCE, es cambiar la velocidad monetaria y los tipos de interés a corto plazo. Sin embargo, una vez que los tipos de interés a corto plazo caen a cero, las expansiones adicionales en la base monetaria simplemente inducen un colapso proporcional en la velocidad de circulación del dinero, y la economía entra en la trampa de la liquidez.

Si la riqueza vuelve a caer con fuerza, como está pasando, y estamos en la trampa de liquidez, la combinación de políticas de deflación de precios y salarios junto con políticas de restricción fiscal, acaban provocando una fuerte contracción económica global. Mi previsión es que en la segunda mitad de 2012 la economía global entrará de nuevo en recesión, lo que conllevará la desaparición de un porcentaje elevado de la banca occidental.

La política monetaria al servicio de la élite

Como consecuencia de las distintas expansiones cuantitativas, que tanto reclaman ahora nuestras élites financieras, económicas, y mediáticas, el balance de laReserva Federal de los Estados Unidos se encuentraapalancado52a 1,con activosque tienenuna duración media demás de 5años,lo que sugiere quesi éstosseajustaran a precios demercado,un aumento delos tipos de interésde menos de un 0,50%,acabaría con labase decapitalde la Reserva Federal. Con un rendimiento o TIR del T-bonda 10 añosdel 1,7%, intereses sobre las reservasde un 0,25%, y una basemonetariaahora alrededor de 18centavos por cada dólardel PIB nominal, más compras devalores a largo plazodel Tesoropor la Reserva Federalpodrían producirpérdidas netas parael banco centralen cualquier escenariodonde los tipos de interésse elevaran más de un 0,20% al año. Elloequivaldría ya a una expansión fiscal y no monetaria. Además losbeneficios y efectividad de las intervencionesde los bancos centralesse están volviendocada vez más pequeñosy de corta duración.

A pesar de ello, la FED y el BCE, alentados por Wall Street, la City, y la élite política y financiera, no dejan de embarcarse ennuevas intervenciones. Ello simplemente pone de manifiesto hasta qué punto la Fed o el BCE, absolutamente cegados,ya han entrado en un punto de no retorno.

Reestructuración de la deuda: Club de Pekín

Hoy más que nunca es necesario un “Club de Pekín”, similar al Club de Paris instaurado en 1956 para llegar a acuerdos de quita y demora en la deuda que los entonces países subdesarrollados tenían con los otrora desarrollados. El nombre de “Club de Pekín” se asocia al hecho de que China es el principal acreedor del mundo.

La enorme deuda privada, en gran medida del propio sistema financiero, en la mayor parte de los países desarrollados es lo que lastra su capacidad de recuperación económica, de generación de empleo y de garantía de su estado del bienestar.

Por eso la solución menos costosa en términos sociales para los países desarrollados altamente endeudados, y con el fin de evitar que el conflicto social dinamite sus perspectivas de recuperación futura, es la constitución de dicho “Club de Pekín”. Éste debería acordar una reducción global de la deuda, que es fundamentalmente privada, ya que es impagable a escala global, y consecuentemente una reducción del sector financiero privado mundial. Además, debería promover el desarrollo de eficaces instituciones financieras públicas y democráticas de ámbito global y una nueva política monetaria con una nueva moneda reserva diferente al dólar.

Sin embargo, la élite política y las instituciones económicas internacionales a lo suyo. Siguen proponiendo recetas que ya nos han llevado a la ruina. Sus verdades indiscutibles no dejan de ser un panfleto de la peor ideología: la miseria, la desigualdad, y el subsiguiente caos.


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