Desde la heterodoxia

Menos reformas y más sentido de lo justo

La brújula que guió desde mayo de 2010 la política económica del presidente del Gobierno en funciones, José Luis Rodríguez Zapatero, y que también marcará el rumbo de las medidas económicas de quien será en breve el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, es una misiva infame que aún no se ha dado a conocer a los españoles. Eso sí, todos se llenan la boca con la palabra reforma, y se olvidan del sentido de lo que es justo.

Corría mayo de 2010. Los mercados financieros de manera implacable atacaban a Grecia, en menor medida a Portugal e Irlanda, y empezaban sus primeras andanadas contra España e Italia. Una sensación de escalofrío recorría las espaldas del establishement político y económico europeo. Mientras despilfarraban alegremente el dinero de los contribuyentes rescatando bancos privados insolventes - hasta la fecha la banca ha succionado en ayudas el 13% del PIB europeo- empezaban a imponer duros ajustes presupuestarios acompañados de un empeoramiento de las condiciones de trabajo y recortes salariales a los países periféricos europeos.

Los mercados financieros atónitos se frotaban las manos: el BCE, Alemania, Francia, y el Eurogrupo, con tal de proteger a los acreedores de bancos quebrados, y a aquellos que financiaban a tipos de usura a los vagos griegos, portugueses e irlandeses, que por cierto eran esos mismos bancos insolventes, estaban dispuestos a hundir el crecimiento económico europeo. Los mercados aplicaron una lógica aplastante: mientras nos dejen, ¡que siga el juego!

10 de mayo de 2010

El fin de semana del 8 al 9 de mayo de 2010 España comienza su particular viacrucis. Con Merkel y Sarkozy a la cabeza, el BCE y los ministros de Finanzas del Eurogrupo piensan que España tiene que llevar a cabo inmediatamente un ajuste más ambicioso y perceptible para tranquilizar a los mercados, salir al paso de las críticas y prevenir contingencias adversas. En una misiva infame, que aún no se ha dado a conocer a los ciudadanos españoles, España se somete a la autoridad del BCE que le exige un duro ajuste fiscal y una reforma del mercado laboral.

El 10 de mayo de 2010 el gobierno Zapatero abandonó su programa electoral y sus principios, aquellos que le llevaron a ser el presidente más votado de la democracia española, e implementó un duro ajuste fiscal, con rebajas salariales incluidas, que posteriormente completó con una reforma laboral que abarató el despido y empeoró las condiciones de vida de los trabajadores.

Tras su intervención el parlamento, el presidente en funciones recibió un sms: “enhorabuena, has sido valiente, verás como los ciudadanos entenderán que con tus medidas acabarán pagando menos impuestos en el futuro y se animarán a consumir”. Estas afirmaciones corresponden a uno de los asesores económicos de Moncloa, que le explicó en dos días como bajar impuestos era de izquierdas.

20 de noviembre de 2011, Rajoy alcanza el poder

Rajoy, que en breve será presidente del gobierno, ha utilizado la misma carta del BCE en las reuniones con los agentes sociales de la semana pasada. Quienes han despachado con Rajoy aseguran que el futuro presidente está trabajando ya sobre los dos puntos de esa carta: déficit público y reforma laboral. Más de lo mismo.

Pero es qué acaso no han visto las consecuencias de la aplicación de la misma: contracción económica, más desempleo, mayor precariedad, menor cobertura social, menos ingresos fiscales, no cumplimiento de los objetivos de déficit público, y, sobretodo un aumento de la prima de riesgo. Si el 7 de mayo de 2010 la prima de riesgo de la deuda española frente a la alemana cerró en los 175 puntos básicos el 22 de noviembre de 2011 superó los 500 puntos básicos- olvidémonos, por cierto, de la mejoría de los últimos días que tiene que ver con el cierre de posiciones de aquí a final de año.

Los mercados financieros lo tienen muy claro. Además de atacar nuestra deuda, han revisado fuertemente a la baja el crecimiento económico para el período 2012-2014, que en promedio registrará recesión. Empezó JP Morgan, y después le siguieron Funcas, Merrill Lynch, Citi, y Goldman Sachs. La razón en todos los casos es la misma, el duro ajuste fiscal, en un período donde el sector privado está reduciendo sus deudas, provocará una fuerte contracción económica.

Pues eso, menos reformas, y más sentido de lo justo.


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