Desde la heterodoxia

La recesión global de 2013

La actual crisis económica sistémica comenzó en 2008 y todavía no se han fijado unas mínimas bases que garanticen una recuperación global sostenible en el tiempo. Por un lado, sigue existiendo un volumen descomunal de deuda, básicamente privada, que no se va a poder pagar. Por otro lado, los sistemas bancarios de la mayoría de países occidentales no tienen garantizada su solvencia, y siguen sin desempeñar el papel para el que fueron creados, dar préstamos y créditos. Para rematar la faena, las políticas económicas dominantes siguen protegiendo a esa élite financiera insolvente a costa del resto de la ciudadanía, que ve reducir a marchas forzadas su renta, riqueza, y bienestar. Gran parte de la clase política se ha convertido en un problema para la ciudadanía, al legislar y administrar en su contra.

Bajo estas premisas, la economía internacional durante 2013 se enfrenta a un año donde los riesgos, de nuevo, están sesgados hacia una fuerte caída de la actividad económica en la mayoría de las áreas geográficas, con una baja inflación, existiendo un riesgo potencial de entrar en deflación por deuda. En este escenario aumentará la aversión al riesgo en los mercados financieros, y se reactivarán nuevas crisis de deuda privada y pública.

La ortodoxia no ha entendido el papel de la deuda privada

Desde nuestro análisis, la actual crisis económica se debe al papel que juega la deuda privada en la economía, mucho más importante del que están dispuestos a concederle la mayoría de los economistas. Por lo tanto, es fundamental analizar el nivel y la tasa de variación del crecimiento de la deuda privada y el efecto desestabilizador de la misma. Después de una fase de acumulación de deuda, siempre retroalimentada por una burbuja financiera, en el momento en el que esas tendencias al crecimiento de la deuda privada terminan, la economía se desploma, y los precios de los activos financieros y de las casas se hunden, produciéndose una recesión de balances. El dinero ficticio genera dinero basura.

El crecimiento del crédito puede expandir la demanda agregada. Entonces, en vez producirse necesariamente una equivalencia entre la demanda agregada y la oferta agregada, la demanda agregada excederá a la oferta agregada, si crece la deuda, y caerá por debajo de la oferta agregada, si cae la deuda.Por lo tanto, el volumen nominal del dinero importa, y las dinámicas bancaria y de deuda han de incluirse en los modelos macroeconómicos, en vez de ignorarlas como hace la teoría económica neoclásica. Y además deben tenerse en cuenta de cara a implementar políticas fiscales.

El papel de la aceleración de la deuda en la conducción de burbujas de activos, retroalimentado en su momento por los bancos centrales, nos lleva a dos conclusiones vitales. Una desde el punto de vista de la política económica: la crisis no terminará hasta que la deuda privada se haya reducido substancialmente. Otra desde el lado de la supervisión bancaria, los beneficios bancarios son impulsados por el volumen de deuda, de manera que no vale con confiar en que los bancos aprenderán de la crisis y se comportarán de manera más responsable. Tienen un deseo innato de extender deuda y tratarán de convencer a sectores no bancarios para asumirla.

La economía global no ha experimentado ningún cisne negro

Bajo este análisis la economía global no ha experimentado ningún “black swan” o cisne negro, sino que simplemente están revirtiendo a la media diversas variables macro. Para 2013, por un lado, especialmente en Estados Unidos, continuará la reversión a la media en la tasa de ahorro. Cuando se intensifique este proceso, con una política fiscal contractiva, el crecimiento del consumo privado será más bajo, habrá una menor inversión privada, y por lo tanto la tasa de ahorro será más alta. Ello implicará recesión y/o depresión.

Por otro lado, se acelerará la reversión a la media en el crecimiento de la riqueza,es decir, disminuirá la riqueza, pero esta vez la concentrada en los más ricos. Hasta ahora ha habido una tremenda destrucción de riqueza concentrada en las clases medias y bajas. Como detallamos en su momento, el profesor de finanzas la Universidad de Chicago Amir Sufi ha recogido para Estados Unidos la distribución del dolor económico de la crisis actual según niveles de renta. Las cifras no dejan lugar a dudas. Para los hogares más pobres y para las clases medias, la actual crisis económica sistémica borra 20 años de acumulación de patrimonio neto. En cambio el descenso para los más ricos es apenas marginal.

Sin embargo, el final de las expansiones cuantitativas por parte de los Bancos Centrales hundirá la riqueza del grupo de los más ricos.Al final la riqueza nacional debe, y empíricamente ocurre, crecer en el largo plazo a la tasa de expansión del PIB.

Finalmente, seguirá sin circular el dinero. La velocidad de circulación ya se ha hundido, revirtiendo a la media histórica (desapalancamiento más efecto retirada de los procesos de innovación financiera), y al no haber demanda efectiva los aumentos de los agregados monetarios llevan implícitos un descenso del multiplicador monetario, y ausencia total de presiones inflacionistas.

Aplicando este análisis prevemos un incremento de la aversión al riesgo en 2013. El mercado, en un contexto de clara sobrevaloración bursátil, especialmente la estadounidense, según nuestros modelos estratégicos, ha tenido un comportamiento positivo para la actual situación del ciclo económico, con un sentimiento alcista, y una dinámica interna que acaba produciendo posteriormente correcciones de mercado.

Reordenación y reducción del sistema bancario

Las medidas de política económica recomendadas por la ortodoxia han hundido aún más la demanda efectiva, y han trasladado la crisis de deuda privada a deuda soberana. Volvemos a hacer hincapié, por enésima vez, en que lo más urgente para una reactivación económica en el largo plazo pasa por una reordenación y reducción del tamaño del sistema bancario patrio y global, que además conlleve una disminución de la deuda privada y pública existente, y donde los acreedores sufran la correspondiente quita.

Con lo fácil que hubiera sido llevar a cabo en nuestra querida España, por ejemplo, una purga de nuestra élite política y financiera, y proteger a la ciudadanía. Hubiese bastado con aplicar una quita a los acreedores de nuestro sistema bancario insolvente, como todo negocio que quiebra. Asumieron un riesgo excesivo y perdieron. Pues de eso nada de nada, socializamos las pérdidas, mantenemos la gerencia en sus puestos, y que los bonistas foráneos continúen recibiendo sus intereses de usura, como si nada hubiera pasado.

El gobierno debería haber promovido medidas encaminadas a reestructurar la deuda hipotecaria de miles de familias, con el fin de evitar ejecuciones de hipotecas. Si nuestros políticos hubiesen sido auténticos patriotas, además, hubieran incrementado fuertemente el gasto social. Frente a ello, nuestro sistema público de salud se hunde irremediablemente. Eso sí, por favor, no se quejen, sigan siendo modélicos y silenciosos. ¡Porca miseria!


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