Desde la heterodoxia

La realidad que oculta Moody’s

La agencia de calificación crediticia Moody's ha mejorado la nota de la de deuda soberana de España. Los bonos españoles soberanos son Baa2, un escalón mejor que el que ocupaban hasta ahora, lo que aleja a España del bono basura. Mi posición respecto a las agencias de rating no puede ser más negativa. Se trata de indicadores muy retardados, tanto para lo malo como para lo bueno, en muchos casos guiados por los intereses espurios de quienes son sus accionistas y del país al que pertenecen.

La agencia crediticia explicó la decisión de mejorar la nota de nuestra deuda soberana patria por el "reequilibrio" de la economía española, "gracias a un modelo de crecimiento más sostenible" apuntalado en las mejoras estructurales en la competitividad exterior, y no en el sector inmobiliario. Además señaló que "las exportaciones también están significativamente más diversificadas que antes de la crisis, lo que limita la vulnerabilidad a una desaceleración del crecimiento”. Como puntos débiles recalcó la elevada deuda pública y la tasa de paro.

Errores en el análisis

Moody’s emplea la ortodoxia neoclásica como soporte teórico para justificar las variables y los modelos que usan en las calificaciones. En su análisis achacan los males de la economía española a un problema de ineficiencia del sector público, que dispara el volumen de deuda pública, y de competitividad. Ambos deben solucionarse con reformas, eufemismo con el que aluden a recortes salariales y a la necesidad de reducir los gastos sociales.

En primer lugar, la deuda pública patria se ha disparado entre otras cosas, para tapar los desastres del sector privado en distintos ámbitos –inmobiliario, bancario,…-. Se trata de deuda ilegítima emitida por las Administraciones Públicas, cuyos fondos se destinan no a sufragar gastos operativos corrientes o de capital, sino a ser nuevamente prestados a terceros. Pero además la actual recesión de balances en la que estamos inmersos, y de la que no hemos salido, supone una contracción tal de la demanda interna que se traduce, a través de los multiplicadores automáticos, en un incremento del déficit público. Dicho de otro modo, la inmensa mayoría de nuestro déficit y deuda pública se debe a errores del sector privado que acabaron generando una recesión sin parangón en nuestra historia reciente.

La falacia de la competitividad

Del análisis de Moody’s se deriva que España está mejorando competitividad. Nada más lejos de la realidad. Su hilo argumental siempre ha sido que ante la imposibilidad de recurrir a una devaluación interna solo cabía afianzar la competitividad en precio de los productos españoles, conteniendo el alza de los salarios y aumentando la productividad. Por lo tanto, y este es uno de los argumentos utilizados para mejorar la nota, gracias a las políticas de oferta las empresas españolas son más competitivas, exportan más, y el sector exterior es nuestra tabla de salvación. ¡No!

La probabilidad de exportar o no de las empresas españolas depende de factores idiosincráticos de las propias empresas, pero no de la evolución de variables como la productividad o costes unitarios laborales. Por el contrario, la intensidad a la hora de exportar sí que se ha visto afectada por el hundimiento de la demanda interna y por el crecimiento del comercio mundial.

Nuestro sector exterior se está parando. Las exportaciones se desaceleran a marchas forzadas, especialmente las de bienes intermedios, y respecto a casi todas las áreas geográficas - Zona Euro, Estados Unidos, China y nuevos países industrializados-.

Ni siquiera han analizado una serie histórica de los distintos indicadores de competitividad. España jamás perdió competitividad en las últimas dos décadas. Junto con Alemania nuestro país fue el único que mejoró la cuota de exportaciones. Moody’s, como la inmensa mayoría de los economistas, confunde productividad aparente del trabajo con competitividad. España tenía una baja productividad por que el modelo de crecimiento propuesto por las élites patrias –políticas, financieras, inmobiliarias, y oligopolistas- era intensivo en mano de obra, pero muy lucrativo para ellas.

La realidad que olvida Moody’s

Llevamos más de cinco años de mentiras, de engaños, de falsedades. Los organismos multilaterales y nuestras autoridades económicas están ocultando la realidad de España. La situación de nuestro país bajo la actual dinámica es insostenible. Tenemos un volumen de deuda privada y pública que no se va a poder pagar, salvo que pretendamos arruinar las expectativas de vida de los españoles. Lo que empezó siendo un problema de deuda privada ha acabado contaminando definitivamente a la deuda pública. Las dinámicas de ambas están ya fuera de control. Bajo este escenario, quien financió esta deuda, el sistema bancario, es insolvente. Todo se resume en una idea sencilla, no hay dinero para implementar ninguna política económica. Y esta es nuestra realidad.

España experimentará una tormenta perfecta que se retroalimentará: crisis de deuda, crisis bancaria y deflación por endeudamiento. El detonante y acelerador de esta nueva ruptura de la tendencia de fondo será un empeoramiento significativo en los mercados financieros. Y de nuevo Moody’s llegará tarde.


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